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Descubrir la libertad Túnez, un largo camino hacia la democracia

Con el apoyo de Suiza, la ONG fungió como observadora en las elecciones de octubre pasado.

(swissinfo.ch)

Casi 18 meses después de su ‘Primavera Arabe’, Túnez sigue lidiando con el reto de construir una nación. Suiza es uno de los países que desde el principio respalda esa transición a la democracia.

Pierre Combernous -embajador de Suiza en Túnez desde septiembre de 2010; o sea, poco antes de surgir el levantamiento-, refiere a swissinfo.ch cómo valoró el Gobierno suizo aquel “momento histórico” y decidió “entrar en la acción de apoyo a la transición” en cuanto terminara el régimen del depuesto Zine el-Abidine Ali. La entrevista tiene lugar en la embajada helvética, cerca del lago de Túnez.

Una parte del respaldo suizo llega en forma de cooperación financiera a las diferentes organizaciones no gubernamentales de Túnez e internacionales.

Ben Ali ha dejado una pesada herencia que los tunecinos deben resolver, pero a pesar de los más de 20 años de dictadura impuesta por el poder y la riqueza acumulada en manos del presidente y sus amigotes, hay muchas razones para el optimismo.

“La revolución tunecina fue inusual. Si la compara con otros países árabes, hemos salido con un  daño bastante menor”, explica Moez Bouraoui, responsable de Atide, una ONG que con apoyo suizo observó las elecciones de octubre. “Es una de las revoluciones más pacíficas de la historia de la humanidad”.

El país está listo para muchas otras cosas

“Túnez no está empezando de cero”, sostiene Haykel Ben Mahfoudh, jefe asesor de DCaf Tunis, organización empeñada en promover el buen gobierno mediante reformas en el sector de la seguridad. “Es un país de instituciones con tradición legal y una costumbre política de larga data”.

Tanto los expertos tunecinos como los extranjeros tienen una idea de lo que hace falta hacer y de cómo deben hacerlo.

“Aquí en Túnez, estamos descubriendo las dimensiones y los riesgos de la democracia y la libertad ”, añade Ben Mahfoudh. “Creo que si no tenemos suficiente tiempo  para explicar el proceso y la transición democrática en Túnez, corremos el riesgo de nutrir las frustraciones populares”.

Constitución nueva

En octubre de 2011, los tunecinos han elegido una Asamblea Constituyente encargada de una tarea nada sencilla: redactar una nueva Constitución.

Cuando se ve el trabajo de quienes tratan de  asegurar una transición pacífica, surge el verdadero apuro: hace falta tiempo para poner los cimientos de una democracia estable, pero muchos ciudadanos de a pie se quejan ahora de que nada ha cambiado desde la partida de Ali.

“Por primera vez se ha elegido a políticos en una votación limpia, con una gran participación. Ellos están descubriendo la democracia. Es hermoso, pero también complicado, porque está lleno de juegos políticos”, señala Combernous.

“No estamos en un mundo ideal donde se toma un molde, se lo pone en la mesa y se dice: ‘Así es como se hace’. Estamos en un mundo real donde los políticos y las ideas políticas que nunca pudieron expresarse libremente asumen ahora un papel. Claro que frustra a la gente, porque les gustaría ver resultados”.

Democracy Reporting International, una ONG internacional que sigue desde febrero el curso de las elecciones en Túnez, es otra de las organizaciones con apoyo suizo.

“Creo que Túnez se las ha arreglado para hacer cosas sorprendentes desde la revolución”, dice su director, Geoffrey Weichselbaum, a swissinfo.ch. Cita el éxito del gobierno interino que en poco tiempo pudo organizar las elecciones, y la manera de conseguir el consenso político logrado en torno a algunos asuntos importantes, entre ellos el texto de referencia para la redacción de una Constitución permanente.

“No estoy diciendo que todo es halagüeño. Claro que siempre se puede mejorar. Soy una persona muy optimista”.

Pobreza

La pobreza persistente y el alza de precios influyen en la percepción que los tunecinos tienen de una revolución algo apagada por los problemas económicos.

“Si la vida cotidiana no mejora económicamente, aumenta la impresión de que las cosas no van por la dirección debida”, dice Weichselbaum.

Los miembros de la organización Atide vieron personalmente otra consecuencia de la pobreza al averiguar los alcances del dinero dado a cambio de votos.

“La democracia en un estado de pobreza extrema no tiene significado para la gente. Si alguien aparece y le ofrece 30 dinares (8 francos) por un voto, ni se le ocurre pensar que eso es antidemocrático”, dice el presidente Bouraoui.

En todo caso, precisa que la democracia no puede ser reducida a la emisión de votos.

“Democracia significa también que si usted está en desacuerdo puede discutir al respecto y estar de acuerdo con el desacuerdo. Y aún le considero un ciudadano tunecino merecedor de respeto. El que no comparta mis ideas no es una razón para excluirle”.

En su opinión, Túnez tiene ante sí un largo camino para lograr esa meta. Atide trata de elevar la conciencia organizando reuniones públicas con parlamentarios, de manera que el pueblo pueda explicar sus problemas, formular preguntas e intercambiar ideas en un lugar neutral.

“A menudo hay discusiones acaloradas, porque los tunecinos no tienen aún la costumbre del debate democrático. Gritan y se equivocan al nombrarlos, pero los diputados lo aceptan. Yo creo que si repetimos el experimento algunas veces, las cosas irán por la dirección correcta”.

A Bouraoui le molesta tremendamente una de las herencias dejadas por el régimen de Ali, y que con frecuencia no se menciona: la gente no tiene sentido de pertenencia a Túnez. “Las personas piensan solo en sí mismas y no en el país. El antiguo régimen vació el país de sus intelectuales que pudieron haber contribuido a impulsar la vida pública, a llevar el país hacia adelante”.

Con todo, Combernous es optimista al ver el esfuerzo que hacen los tunecinos para superar los problemas y forjar un nuevo modelo para su país.

“Yo creo que Túnez tiene muchas bazas en sus cartas y es muy difícil que no triunfe”.

Túnez y cooperación suiza

La cooperación suiza cubre áreas relacionadas: transición a la democracia y derechos humanos, desarrollo económico y empleo y migración y protección.

Participan varias reparticiones de Suiza: Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE), Secretaría de Estado para le Economía (Seco), Oficina Federal de Migración (OFM) y la División de Seguridad Humana en el Ministerio de Asuntos Exteriores (DFAE).

 

Cada una tiene proyectos específicos, pero todas actúan sobre el principio de trabajo conjunto. La COSUDE pone acento en la asistencia técnica, mientras que la Seco lo hace en proyectos económicos y comerciales.

Suiza tiene dos oficinas de campo en el sur, una en Medenine, cerca de la costa, y una en Kasserine, cerca de la frontera con Argelia.

La cooperación suiza en Kasserine ayuda a mejorar el abastecimiento de agua en las áreas rurales y a construir plantas de tratamiento de aguas residuales en las zonas urbanas. Suiza respalda asimismo un proyecto de la Fundación Hirondelle para el entrenamiento de periodistas en la Radio local Gafsa.

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Atide

La Atide, Asociación Tunecina para la Integridad y la Democracia de las Elecciones (Association tunisienne pour l’intégrité et la démocratie des élections) fue creada en marzo de 2011 para promover los valores democráticos, especialmente el derecho a voto.

 El DRI empezó sus labores en Túnez a finales de febrero del 2011 apoyando a las organizaciones de la sociedad civil para que éstas se conviertan en “guardianes” del proceso democrático.

También colabora con “capacity building”  (estableciendo capacidades); es decir, mejorando los conocimientos de los miembros de esas organizaciones.

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DCaf

DCaf es una fundación internacional establecida en el año 2002 como Geneva Centre for the Democratic Control of Armed Forces (Centro de Ginebra para el Control Democrático de las Fuerzas Armadas).

Basado en el principio de que la seguridad y el imperio de la ley son esenciales para una paz duradera, su labor consiste en hacer que los servicios de seguridad rindan cuentas al Estado y a sus ciudadanos.

Su sede está en Ginebra y tiene oficinas en Beirut, Bruselas, Liubliana y Ramallah, así como en Túnez.

Túnez ha pasado en julio de 2011 a ser el 60º miembro de le Fundación DCaf.

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Traducción, Juan Espinoza, swissinfo.ch

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