La seguridad de Suiza y el papel de los medios de comunicación
Suiza se ha convertido en blanco de campañas de manipulación informativa. Unos medios de comunicación sólidos y un alto nivel de alfabetización mediática contribuyen de forma decisiva a la resiliencia de la población frente a la desinformación, afirma el consejero federal y ministro de Defensa, Martin Pfister. En este artículo analiza el papel de los medios dentro del entramado de seguridad del país.
Cuando hablamos de seguridad, no nos referimos en primer lugar a la vida o la muerte, al control de territorios o al desplazamiento de fronteras, al poder y a la dominación. Así argumentan los instigadores de guerras; así se justifican los representantes de regímenes autoritarios.
Por supuesto, con nuestros esfuerzos también protegemos la soberanía de nuestro país y la integridad de su población. Pero cuando en un Estado democrático hablamos de seguridad y defensa, nos referimos ante todo a la protección de nuestros derechos y libertades democráticos, de la autodeterminación, de la integridad personal y de nuestra prosperidad, que es la base de muchas libertades.
Desde esta perspectiva, los medios de comunicación son probablemente el mejor indicador del grado de seguridad democrática de un país. Dicho de forma tajante: si a los medios les va bien en un país, también les va bien a la democracia y a la seguridad.
Vivimos una época de transformación profunda de la situación geopolítica. El entorno de seguridad en Europa y alrededor de Suiza se ha vuelto más inestable, confuso e imprevisible.
Como demuestra, por ejemplo, la acción militar de mando de Estados Unidos en Venezuela, también el orden jurídico internacional se está resquebrajando, un ámbito por el que Suiza se siente especialmente responsable. Eso supone un problema tanto para Suiza como para Europa, que se beneficiaron ampliamente de ese orden durante el largo periodo de posguerra. El cambio geopolítico parece estar transformando el mundo de manera fundamental, sin que sepamos aún con claridad hacia dónde se dirige.
Con la agresión militar de Rusia contra Ucrania, la guerra ha regresado a Europa. Este conflicto, que pronto cumplirá cuatro años, ha sacudido de forma duradera el orden de seguridad del continente. La OTAN seguirá siendo indispensable en Europa, pero Estados Unidos lleva tiempo dejando claro que en el futuro la política europea de seguridad y defensa deberá ser asumida por los propios países europeos. Europa no solo arrastra un gran retraso militar, con recursos financieros limitados, sino que además muchas de sus sociedades están fuertemente polarizadas, lo que debilita la determinación política. Una Europa débil y dividida puede convertirse por sí sola en un objetivo bélico.
La forma en que se libran los conflictos también está cambiando. El fusil de asalto y la trinchera de la Primera Guerra Mundial siguen tan presentes como los tanques y la artillería de la Segunda, como puede verse en la guerra contra Ucrania. A ello se suman ahora tecnologías del siglo XXI, como los drones y los robots.
Pero una guerra moderna no se libra únicamente con los medios clásicos de confrontación militar. La guerra híbrida —ciberataques, operaciones de influencia, desinformación, espionaje o presión económica— acompaña eficazmente a la guerra convencional o prepara el terreno para acciones militares de mayor alcance.
En estas formas híbridas de conflicto, el espacio informativo desempeña un papel clave. Quien desestabiliza el espacio informativo de un país debilita su seguridad.
Esta guerra ya está en marcha hoy. Y con el aumento de las tensiones geopolíticas, es previsible que la influencia y la desinformación sigan creciendo. Como país situado en el centro de Europa y parte de la comunidad occidental de valores, Suiza también es un objetivo indirecto.
Los autores de estas operaciones buscan manipular la percepción, el pensamiento y la actuación de personas y sociedades. Entre sus instrumentos figuran la información falsa, la propaganda y la represión transnacional. Su objetivo es presentar a las instituciones suizas como disfuncionales, debilitar la confianza en la democracia y en el Estado o intimidar a la población.
Los métodos abarcan un amplio espectro: desde la manipulación de contenidos audiovisuales hasta la descontextualización de informaciones o la creación de nuevas narrativas.
Desde 2022, Rusia en particular ha intensificado sus ataques contra Suiza en el espacio informativo. Las dos plataformas rusas más conocidas, Russia Today y Pravda, difunden entre 800 y 900 artículos al mes en Suiza, muchos de los cuales deben calificarse de desinformación.
En mayo de 2025, actores prorrusos difundieron de forma coordinada en siete plataformas de redes sociales un vídeo sacado de contexto grabado en Ginebra. En él se sugería que Suiza estaba sumida en el caos y que ya no era neutral. En poco tiempo, estas publicaciones superaron los dos millones de visualizaciones.
Sin embargo, también existen formas más sutiles, como redes de cuentas en plataformas como Telegram o X, que no muestran vínculos evidentes con Rusia.
Cuando la desinformación, la propaganda y los relatos conspirativos actúan sin freno, una sociedad se vuelve vulnerable. Su propósito es dividir a la población. Cuando se extienden el miedo y la desconfianza, se erosiona la cohesión interna y se dificulta la cooperación internacional.
El vertiginoso desarrollo tecnológico actúa además como acelerador de tendencias ya existentes. La inteligencia artificial permite a un abanico cada vez más amplio de actores crear y difundir desinformación sofisticada con poco esfuerzo. En el futuro, estos contenidos estarán aún mejor adaptados al público objetivo y resultarán más creíbles, con un impacto mayor.
Es fundamental que los intentos de injerencia y desinformación sean detectados y expuestos con transparencia. Por ello, la ciberseguridad se ha convertido en una tarea del sector público.
A nivel federal, con la creación de la Oficina Federal de Ciberseguridad se ha dotado al país de una institución clave para abordar los riesgos de forma específica junto con numerosos socios del mundo empresarial, científico y administrativo.
La Estrategia de Política de Seguridad, que el Consejo Federal (Gobierno) sometió a consulta en diciembre, también incluye medidas contra las operaciones de influencia y la desinformación. Esta estrategia concibe explícitamente la seguridad de Suiza no solo en términos militares, sino de forma integral.
Además, el Gobierno ha creado un grupo de trabajo para coordinar las actividades de la administración federal en este ámbito.
Sin embargo, el Estado no puede hacerlo todo, ni es deseable desde el punto de vista democrático que asuma en solitario toda la responsabilidad. La seguridad no surge únicamente de la acción del ejército, la policía o las autoridades. En una democracia, la seguridad nace cuando la población se informa por sí misma y actúa de manera crítica y vigilante. Un alto nivel de competencia mediática y una gran diversidad de medios son factores esenciales de la resiliencia suiza.
Los medios de calidad, con elevados estándares periodísticos, contribuyen a contener los efectos de las operaciones de influencia. Aportan hechos, ofrecen orientación y controlan al poder. Por eso, los medios no son solo el cuarto poder de una democracia: los medios libres forman parte también de nuestra arquitectura de seguridad. Informan y, al mismo tiempo, protegen el espacio informativo mediante la investigación, el análisis y la transparencia.
Estas funciones se ven reforzadas cuando existe competencia entre los grupos mediáticos. La diversidad del sistema de medios es, por tanto, sinónimo de resiliencia para el país.
Esa diversidad la encarnan los medios privados, pero también requiere de manera explícita una radiotelevisión pública fuerte, la SRG. Con su mandato de servicio público, proporciona información fiable en todas las regiones lingüísticas del país, incluso allí donde los medios privados difícilmente pueden mantenerse de forma sostenible.
Al subrayar aquí la importancia de los medios para nuestra seguridad, soy plenamente consciente de que hoy atraviesan una gran presión: económica, por la caída de los ingresos publicitarios, y tecnológica, por el impacto de las plataformas de redes sociales y de la inteligencia artificial.
Precisamente en esta época de transformación tecnológica e incertidumbre geopolítica necesitamos más que nunca unos medios que asuman su responsabilidad. Porque, si a los medios de nuestro país les va bien, también les irá bien a la democracia y a la seguridad de Suiza.
El artículo es una versión resumida del discurso que el consejero federal y ministro de Defensa Martin Pfister pronunció en alemán a principios de enero de 2026 en la conferencia de Reyes Magos de la Asociación Suiza de Editores de Medios de Comunicación.
Las opiniones expresadas por el autor no reflejan necesariamente las opiniones de Swissinfo.
Texto adaptado del alemán por Carla Wolff.
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