El futuro digital de Suiza pasa por independizarse de las grandes tecnológicas
Con miras a la soberanía digital, Suiza debe hacer una nueva evaluación de su propia infraestructura digital y adaptar la contratación pública de forma consecuente para alcanzar ese objetivo. Junto con sus socios de la Unión Europea, debe deshacerse de la dependencia digital de las grandes empresas tecnológicas internacionales, reivindica la asociación Société numérique.
¿Se ha mudado ya alguna vez? ¿Sí? Entonces estará de acuerdo con que es más difícil cambiar la infraestructura informática que mudarse de casa. El caso es que las grandes tecnológicas internacionales, mayoritariamente extraeuropeas, como Microsoft, Amazon Web Services (AWS) o Google, no sólo son dueñas de nuestras “viviendas”, también poseen gran parte de nuestro “mobiliario”. Pero a diferencia de los muebles, no es tan fácil cambiar el hardware o el soporte lógico. No existen empresas comerciales capaces de ofrecer alternativas sencillas, y las instalaciones técnicas no se pueden separar de las “habitaciones”.
Esta dependencia de las grandes tecnológicas globales evidencia la escasa soberanía digital de Suiza y del resto de Europa. Tanto los Estados como las empresas pueden encontrarse repentinamente en una situación muy apurada si esas compañías deciden aumentar el precio de sus prestaciones a niveles insoportables o acaban suprimiendo un servicio.
La búsqueda de alternativas resulta difícil. Son muy pocos los proveedores europeos o incluso suizos que ofrecen soluciones similares. Además, con frecuencia sus productos no son compatibles con las infraestructuras existentes de las grandes tecnológicas. Sin embargo, estas alternativas son clave para reducir la dependencia y evitar ser chantajeado. También se trata de garantizar la soberanía de los datos y la protección de las informaciones sensibles de la injerencia y el acceso de terceros. Esa seguridad no está garantizada en el caso de los proveedores norteamericanos porque las autoridades de EE.UU. siempre dispondrán de todos los datos de la nube gracias a la Ley de la Nube (Cloud Act, en inglés) que les confiere legalmente ese derecho de acceso, incluso si los centros de procesamiento de datos se encuentran físicamente en Europa o incluso en Suiza.
Estas dependencias son un riesgo, no sólo para Suiza, sino para toda Europa. Actualmente, las economías europeas no serían capaces de cambiar de infraestructura de manera autónoma, ni siquiera si las grandes tecnológicas internacionales las obligaran a ello. Su soberanía digital no es suficiente.
«Política digital es política de poder»
Soberanía digital significa que las sociedades tienen la competencia y la capacidad de gestionar y adaptar sus infraestructuras digitales de forma autónoma, también en tiempos de crisis geopolítica. Es imprescindible para poder actuar de manera independiente políticamente.
Con miras a su soberanía digital, Suiza debe hacer una nueva evaluación de su infraestructura digital y adaptar la contratación pública de forma consecuente para alcanzar ese objetivo. En tiempos de convulsiones geopolíticas se impone la ley del más fuerte. No es casualidad que el acuerdo de coalición del Gobierno federal de Alemania recoja la frase: «Política digital es política de poder».
Un ejemplo para esa dependencia digital es la concesión de no cobrar ningún impuesto sobre los servicios digitales que hizo el Consejo Federal (Gobierno) en sus negociaciones arancelarias con los Estados Unidos. De manera calculada, la Administración estadounidense utilizó la dependencia de Microsoft, Google, Amazon y otras compañías para influir en el proceso de toma de decisiones en Suiza.
Otra señal de alarma fue la adquisición sin licitación por parte del Gobierno federal suizo de los derechos de licencia de Microsoft por un valor de 150 millones de francos a finales de 2024. Debido a la dependencia digital de un único proveedor de servicios, en este caso Microsoft, se renunció a la convocatoria de un concurso público. Y en otro caso, Apple aprovechó su posición de monopolio para obstaculizar los pagos digitales a través de aplicaciones de sus competidores, como la compañía suiza TwintEnlace externo.
Las causas para esta dependencia son múltiples. Por un lado, las grandes tecnológicas ofrecen productos con funciones de confort excelentes que se adaptan sin dificultad a las complejas infraestructuras. Por otro lado, ofrecen soluciones más económicas que los productos de desarrollo propio o que la gestión por empresas propias, además de la amplia asistencia técnica y los servicios completos que suministran.
Sin embargo, esta situación ha conducido a una dependencia unilateral. Una sociedad que funciona necesita un Estado soberano y una economía fuerte. Son increíblemente elevadas las cantidades de dinero que países como Suiza desembolsan cada año a empresas estadounidenses para las licencias (de Microsoft, por ejemplo) o el almacenamiento de datos en la nube (de Amazon, por ejemplo). Algunos cálculos sitúan la cifra en torno a un importe de dos dígitos de miles de millones. Es dinero que no se invierte en el mercado nacional. Además, los monopolios de las grandes tecnológicas impiden que se establezca una competencia real y favorecen la paralización de las inversiones.
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El desafío de Suiza para alcanzar la soberanía en IA
Según el Informe DraghiEnlace externo, Europa importa actualmente el 80% de sus productos y servicios digitales. La competitividad del continente en el ámbito de las tecnologías de la información es insuficiente. La Unión Europea (UE) es cada vez más consciente de esta problemática. Alemania y Francia ya están invirtiendo en soluciones alternativas, mientras Suiza sigue observando la situación.
Adaptemos nuestras infraestructuras a nuestras necesidades
La consecuencia de estas reflexiones debe ser el fomento de una infraestructura informática flexible y localmente adaptable. Sin embargo, no es realista desarrollar toda la infraestructura exclusivamente en Suiza. Por eso son necesarias cooperaciones con socios como la UE, para poder abarcar la totalidad de las infraestructuras tecnológicas con sus servicios adheridos. Códigos fuente de software libremente accesibles favorecen la innovación y la seguridad. Esta manera de proceder permite establecer un contramodelo dinámico frente a los sistemas cerrados de los proveedores que actualmente dominan el mercado. Esto permitiría a las empresas suizas adaptar los softwares de código abierto a sus necesidades locales y gestionarlos de manera independiente, con lo que se fomentaría la capacidad de innovación y la contratación de personal cualificado local.
Dado que las empresas privadas tienen pocos incentivos en estos momentos para invertir en el desarrollo de soluciones informáticas soberanas, es necesario que el Estado se comprometa. Durante mucho tiempo se denostaban en Suiza las políticas industriales enfocadas, pero ahora tenemos que estar dispuestos a invertir en ellas: Suiza sólo será capaz de asegurar su soberanía digital junto con Europa y a estabilizar su economía a largo plazo si está dispuesta a realizar inversiones específicas en soluciones independientes y flexibles y a crear un sistema de incentivos adecuado.
Además, Suiza necesita personal cualificado bien formado para desarrollar y gestionar estas soluciones informáticas. La formación y la integración en el mercado de ese personal es una tarea conjunta del Estado y la economía.
Las prioridades son evidentes: se necesita una infraestructura de almacenamiento en la nube propia para datos especialmente sensibles y, en estrecha colaboración con los socios europeos, hay que desarrollar una alternativa que sustituya los programas de Microsoft365 para la organización de la oficina (correos electrónicos, calendarios, videoconferencias, etc.).
Ha llegado la hora de actuar
En el fondo sabemos lo que hay que hacer para encontrar soluciones y establecer las reglas adecuadas que nos permitan más autonomía. Por eso, Société numériqueEnlace externo exige lo siguiente:
- determinar y analizar los riesgos: necesitamos una respuesta suiza para determinar las infraestructuras informáticas vitales para Suiza y una política digital que nos permita una gestión soberana e independiente o, por lo menos, la recuperación del control legal sobre esa gestión;
- fomentar de forma específica las tecnologías, los productos y las empresas para desarrollar soluciones soberanas y formar el personal cualificado para ello;
- reorientar de manera estratégica la contratación pública en el ámbito de las tecnologías de la información: dar prioridad a componentes de equipo lógico abiertos e intercambiables, como por ejemplo los softwares de código abierto, también en el ámbito municipal y cantonal.
Suiza debe actuar antes de que se perpetúen aún más las dependencias existentes. Sólo si es capaz de gestionar y desarrollar de forma independiente su infraestructura digital podrá ser competitiva y proteger su seguridad y su autodeterminación en el mundo digital.
Texto original editado por Benjamin von Wyl. Adaptado del alemán por Antonio Suárez Varela. Versión en español revisada por Carla Wolff.
Las opiniones expresadas por el autor no reflejan necesariamente las opiniones de Swissinfo.
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