Los hogares suizos desperdician más comida de lo que creen
A pesar de años de campañas de concienciación y de un proyecto nacional para reducir los residuos, en los hogares suizos grandes cantidades de comida en buen estado van directamente a la basura.
Estamos cerca de Friburgo. Es una brumosa mañana de martes y los coches se detienen en la planta de residuos local. Se abren los maleteros. Las bolsas caen con fuerza sobre el cemento. Quienes llegan clasifican los residuos rápidamente: cartón, metal y vidrio. Es la parte visible del sistema de reciclaje.
Lo que falta es la basura doméstica, que se tira más cerca de casa. Y desde fuera no se ve lo que hay dentro de las bolsas. Pero los investigadores federales tienen una idea.
Las autoridades federales, cada diez años, encargan un estudio en el que se abren miles de bolsas de basura desechadas en todo el país. Quienes lo llevan a cabo clasifican, pesan y catalogan hasta el último alimento. Los datos constituyen la base del informe que mide el desperdicio de alimentos en SuizaEnlace externo.
A pesar de que la última encuesta de 2025 muestra que los residuos domésticos han disminuido, las cifras siguen siendo elevadas y Suiza está todavía muy lejos de alcanzar sus objetivos de reducir la cantidad de comida en buen estado que se tira a la basura.
«Si la comida apenas afecta al bolsillo, la gente tiende a desperdiciar más»
Claudio Beretta, científico medioambiental, ZHAW
«No vamos mal encaminados», señala Claudio Beretta, científico medioambiental que lleva más de una década estudiando el desperdicio de alimentos en Suiza y que ha sido el autor principal del último informe sobre el desperdicio alimentario. «La dinámica va en la dirección correcta, pero aún es demasiado reducida».
Durante años, muchos esfuerzos de reducir el desperdicio se centraron en áreas más fáciles de regular y medir, como el comercio minorista y la producción de alimentos. Las investigaciones, sin embargo, demuestran cada vez más que el mayor impacto medioambiental y el mayor potencial de reducción restante está en las cocinas particulares.
Costes económicos y medioambientales
El desperdicio se produce en todas las partes del sistema alimentario: en las granjas, el procesamiento, el transporte, las tiendas y los hogares. En 2017 el Gobierno suizo se comprometió a reducir a la mitad —para 2030— los desechos evitables. Desde entonces, en todo el sistema alimentario, el país solo ha reducido los residuos en un 5 %.
Según el último informe de seguimiento, en la última década, la cantidad de alimentos que se encuentran en las bolsas de basura domésticas ha disminuido en torno a un 12 %. Los hogares, sin embargo, siguen representando la mayor parte del impacto medioambiental del desperdicio de comida, ya que los alimentos arrastran las emisiones de las etapas anteriores.
La cantidad de residuos en los hogares suizos, asimismo, sigue siendo significativa. En Suiza cada persona desecha al año una media de 600 francos (755 dólares) en alimentos comestibles. Un informe de 2024 del Programa de las Naciones Unidas para el Medioambiente (PNUMA) reveló que los hogares suizos generan por persona una media de 119 kilos de residuos alimentarios, mientras que la media de Europa occidental es de unos 80 kilos.
Un país que desperdicia porque puede
La riqueza es parte de la explicación a este exceso de residuos. Los hogares suizos solo gastan en alimentos entre el 7 y el 9 % de sus ingresos. En los países donde la gente gasta más dinero en comida el desperdicio es mucho menor. «Si la comida apenas afecta al bolsillo, la gente tiende a desperdiciar más», afirma Beretta.
Un modo de evitar el desperdicio es limitar las compras. Una encuestaEnlace externo de la empresa de reducción de desperdicio alimentario Too Good To Go, antes de Navidad, indicó que el 41 % de la población suiza compra más alimentos de los que necesita durante las fiestas.
Otra forma de reducir el desperdicio es ser más consciente del deterioro. Estudios de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Zúrich (ZHAW) revelaron que alrededor del 20 % del desperdicio de alimentos en los hogares se debe a una mala interpretación de las fechas de caducidad que figuran en los envases. Estas etiquetas no son advertencias de seguridad, sino garantías de calidad del fabricante. En vez de asumir inmediatamente que los alimentos se han estropeado, después de esas fechas, la gente debe comprobar si están en buen estado.
«La fecha de caducidad es la fecha de seguridad. Todo lo demás tiene que ver con la calidad. Usted puede confiar en sus sentidos», asegura Beretta. Las expectativas de la gente en cuanto al aspecto de los productos también generan desperdicio. En Suiza, mucha gente se ha acostumbrado a productos con un aspecto casi impecable. Los alimentos que ya no tienen un aspecto «adecuado» son más propensos a quedarse en las estanterías y acabar en la basura.
Para limitar sus residuos, algunos minoristas han tomado medidas. Para ello, flexibilizan los estándares estéticos, congelan la carne antes de su fecha de caducidad y mejoran la logística. Así, según la Oficina Federal de Medio Ambiente (FOEN, por sus siglas en inglés), los residuos en el comercio minorista se han reducido en torno a un 20 %. El comercio minorista, no obstante, representa una pequeña parte del impacto medioambiental total de los residuos alimentarios, mientras que los hogares son responsables de casi la mitad de esos residuos. Como resultado, los avances en las tiendas no compensan la magnitud de los residuos de los hogares.
Durante años, la reducción del desperdicio alimentario se centró en sectores que eran más fáciles de regular y medir. Quienes defienden esta causa dicen que para evitar el desperdicio de comida en los hogares es fundamental dejar claro no solo cómo se produce el desperdicio, sino también dónde.
«Uno de los mayores retos es que la gente tiende a subestimar la cantidad de comida que desperdicia en su propio hogar», afirma Ladina Schröter, directora de proyectos de foodwaste.ch, una organización cuyo objetivo es reducir el desperdicio de alimentos en Suiza. «A menudo es más fácil reconocer el problema en otros lugares que reconocer la contribución propia».
En lugar de repetir mensajes generales de concienciación, foodwaste.ch se centra en intervenciones prácticas, como ayudar a los hogares a planificar las comidas, almacenar los alimentos correctamente e interpretar adecuadamente las fechas de las etiquetas. La organización tiene como objetivo traducir los hallazgos científicos en medidas prácticas. Las investigaciones muestran sistemáticamente que, en lo que al desperdicio de alimentos se refiere, existe una brecha entre las intenciones de la gente y su comportamiento real.
Schröter, de foodwaste.ch, dice: «No hay una solución única. El desperdicio de alimentos se produce en muchos puntos, lo que significa que necesitamos muchos pequeños cambios, repetidos y reforzados».
Mostrar más
Vivir bien consumiendo menos: la apuesta energética de un barrio de Zúrich
Las experiencias de otros países sugieren que esta estrategia puede funcionar a largo plazo. En los lugares donde se ha reducido el desperdicio de alimentos en los hogares, los esfuerzos tienden a mantenerse a lo largo del tiempo, en lugar de lanzarse como campañas puntuales.
En los Países Bajos se lleva a cabo una semana de acción nacional que alinea a municipios, minoristas, escuelas y chefs en torno a los mismos mensajes para luchar contra el desperdicio alimentario. En el Reino Unido, la campaña «Love Food, Hate Waste» [Ama la comida, odia el desperdicio], que lleva mucho tiempo en marcha, combina la financiación pública con auditorías domésticas y mediciones periódicas. Esta campaña muestra no solo que se producen residuos, sino también cómo se producen.
Japón ha incorporado la reducción del desperdicio de comida a su legislación, que exige mediciones municipales y la participación pública. Con el apoyo de redes de intercambio de alimentos y empresas como Too Good To Go, Dinamarca ha convertido el ahorro de alimentos en una norma social.
Lo que estas estrategias tienen en común no es una política o idea concreta, sino la coherencia. La inversión es constante, los mensajes se repiten y los esfuerzos se amplían. Suiza, por el contrario, a menudo ha puesto en marcha iniciativas sólidas sin luego comprometerse con ellas a nivel nacional.
Lo que sigue sin resolverse
De vuelta a la planta de residuos cerca de Friburgo, a la pregunta de qué le ayudaría a desperdiciar menos comida, una mujer que descarga sus bolsas responde: «Creo que tendría que ir a comprar más a menudo, pero comprar menos cantidad cada vez».
Es una respuesta sencilla que, en gran medida, refleja lo que muestran los datos: las decisiones de los hogares —incluyendo cuánto compran, almacenan y planifican— determinan los residuos en todo el sistema alimentario.
Suiza todavía está a tiempo de cumplir su objetivo para 2030. Que lo consiga dependerá menos de la sensibilización que de abordar el desperdicio de comida en los hogares de forma sistemática, mediante políticas sostenidas, financiación y un compromiso a largo plazo, en lugar de campañas puntuales.
El desperdicio de alimentos evitable en Suiza —en todo el sistema alimentario— asciende a entre 310 y 330 kg por persona y año. El 35 % de este desperdicio se produce en los hogares.
El desperdicio evitable de comida en Suiza en todo el sistema alimentario genera al año entre 500.000 y 700.000 toneladas de emisiones equivalentes de CO₂. Según la FOEN, el desperdicio de alimentos representa alrededor del 14 % de la carga medioambiental del sistema alimentario suizo.
El desperdicio de comida a nivel doméstico tiene un impacto en el clima especialmente intenso, ya que todas las emisiones derivadas de la agricultura, la transformación, el transporte y la refrigeración ya se han producido.
Desperdiciar un kilo de carne genera entre 20 y 30 veces más emisiones de gases de efecto invernadero que desperdiciar un kilo de verduras.
Fuentes: FOEN (Oficina Federal de Medio Ambiente); evaluaciones del ciclo de vida de la ETH de Zúrich; PNUMA.
Mostrar más
Texto original editado por Gabe Bullard. Adaptado del inglés por Lupe Calvo. Versión en español revisada por Carla Wolff.
En cumplimiento de los estándares JTI
Mostrar más: SWI swissinfo.ch, certificado por la JTI
Puede encontrar todos nuestros debates aquí y participar en las discusiones.
Si quiere iniciar una conversación sobre un tema planteado en este artículo o quiere informar de errores factuales, envíenos un correo electrónico a spanish@swissinfo.ch.