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El sueño de "hacerse la América"

Jakob Reutemann y familia. Los Suizos en la Argentina, Manrique Zago

La comunidad suiza en Argentina, la de más arraigo y la más importante de América del Sur, tiene mucho que narrar sobre la aventura de sus antecesores.

Este contenido fue publicado el 12 agosto 2002 - 20:53

Un descendiente del suizo Jakob Reutemann podría ocupar la silla presidencial de la Casa Rosada.

Alrededor de 15 mil suizos y más de 100 mil descendientes de ciudadanos helvéticos viven en el país que atraviesa la peor crisis económica, política y social de la región.

La historia de su gente, las ganas quebradas de quedarse "haciendo patria" y la esperanza de que uno de sus descendientes se convierta en presidente, son algunos de los pasajes particulares de los miembros de la Quinta Suiza en Argentina.

Haciendo historia: El desembarco

Fue alrededor de la segunda mitad del siglo XIX cuando llegaron los grandes contingentes de inmigrantes suizos. Entonces, la Argentina era la "tierra prometida" y hasta existían agencias que se dedicaban a la actividad colonizadora.

"La mayoría de los suizos y descendientes en la Argentina están concentrados principalmente en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Misiones", explica Maria Theresia Heldner, Cónsul General de la Embajada de Suiza.

"Según un informe del año 1872, del inspector de colonias Guillermo Wilcken, en las provincias de Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos, de un total de 16.678 inmigrantes repartidos en 16 nacionalidades, 5.957 eran de origen suizo, y en segundo término, 4.157 italianos", relata Susana Andereggen, una santafesina abocada a revivir y comentar la historia y las actividades de la colectividad suiza en la Argentina.

La crisis: el éxodo y el arraigo

Hoy las cosas han cambiado y muchos descendientes de aquellos inmigrantes se acercan a averiguar las posibilidades que tienen de desandar el camino que bisabuelos, abuelos y padres hicieron.

Para la Cónsul General, a pesar de la situación que hoy vive la Argentina y en relación con lo que pasa con otras comunidades, no son tantos los que piensan en ir a vivir a Suiza: "Han aumentado las averiguaciones sobre trabajo y radicación en Suiza, pero no es comparable con lo que pasa en las embajadas de España, Italia, Australia o Estados Unidos".

Heldner repite con insistencia que hay que tener fe y valorar lo que ofrece la Argentina e indica: "Sin las condiciones correctas, también se puede vivir muy mal en Suiza".

Por su parte, Isabelle Petersen, asistente cultural de la Embajada y primera generación de suizos en la Argentina, expone así parte de los motivos: "Desde Suiza no hay un aliento para la inmigración, fundamentalmente por razones de infraestructura. Allí, aproximadamente un 20% de la población es extranjera, pero en su mayoría se trata de refugiados políticos, kurdos y albaneses".

Hugo Müller, un argentino de 32 años, se define así: "Soy médico, escritor y padre de una niña de 6 años que me mantiene vivo". Nieto de suizos, confiesa que nunca ha participado en las actividades de la comunidad, pero reconoce que sus padres siempre tuvieron estrechas relaciones con otros miembros de la colectividad y que parte de su familia está en la ciudad entrerriana de Concepción de Uruguay.

"Nunca había pensado en irme del país hasta este año, cuando dejaron de pagarme en el hospital y cuando me di cuenta que corría peligro el futuro de mi hija. Yo siempre fui de la idea de que había que quedarse haciendo patria", comenta.

Decepcionado por la situación actual, dice que tal vez se iría, pero su destino no sería Suiza: "Creo que por el idioma y por mi profesión sería más fácil encontrar trabajo en España o en Estados Unidos. Suiza es un destino difícil. Tomar la decisión es muy difícil".

Para los que deciden quedarse, la mirada es diferente: "Cuando en momentos de crisis, como el que actualmente afronta nuestro país, se habla a veces de falta de nacionalismo por ser un país formado por inmigrantes, un ejemplo de este amor por la tierra Argentina lo constituye la colectividad suiza, que ha cimentado con su trabajo y tesón la industria láctea, por ejemplo, la agricultura intensiva, el cooperativismo, la educación y el deporte, entre otras tantas actividades... Hoy el trabajo de nuestros abuelos "gringos" debería ser un ejemplo para las nuevas generaciones", comenta, por su parte, Susana Andereggen.

¿Un descendiente de suizos para presidente?

Carlos Reutemann, actual gobernador de la provincia de Santa Fe y ex piloto de Fórmula 1, es actualmente el dirigente del Partido Justicialista (peronismo) con mejor imagen y, para muchos, el hombre que hoy podría ganar la elección presidencial en la Argentina.

Con un porte que no puede negar su descendencia suizo-alemana, el bisnieto de Jacob Reutemann, patriarca de la Colonia de San Carlos, se convirtió desde el inicio de la crisis en el favorito de Eduardo Duhalde y de los gurúes internacionales.

Además de ganar simpatías en varios frentes, fue el único gobernador que se reunió a solas con el representante del Fondo Monetario Internacional (FMI), el indio Anoop Singh, en momentos en que el país bregaba por ayuda internacional.

Aún cuando por ahora haya desistido de presentarse en las internas del justicialismo, todavía perduran las esperanzas de muchos argentinos de que se embarque en la carrera presidencial.

Jakob Reutemann llegó a la localidad de San Carlos, Provincia de Santa Fe, el 11 de mayo de 1859, a las 11 de la noche. Había partido desde Guntalingen, en el Cantón Zúrich, con su esposa Ana Kienast y sus cuatro hijos pequeños a bordo de El Havre, un velero de carga que no estaba preparado para emigrantes, y durante todo el viaje soportaron los avatares del clima refugiados en la bodega de la embarcación.

Según rezan documentos, al tiempo de llegar escribió: "El administrador nos informa que seremos propietarios de nuestros lotes dentro de 5 años y durante este tiempo debemos dar una tercera parte de la cosecha a la administración. Quizás deben echar de menos muchas cosas y costumbres de la vieja patria. Pero allí, las familias con poca tierra casi nunca salen de sus deudas y sus hijos deben emplearse como peones. Aquí tienen buen clima, a 15 metros de profundidad hay agua. El primer trabajo es cavar un pozo y después construir un rancho con el material que les da la administración".

Bajo una mirada actual, resulta paradójico pensar que en esos años la Argentina era un país próspero y que Suiza, hoy una de las principales economías del mundo, era un país donde "las familias con poca tierra casi nunca salen de sus deudas".

Pero la visión de Jakob estaba cargada de esperanza, la misma que hoy guardan los suizos y descendientes de suizos que hoy habitan el suelo argentino. Poco antes de su muerte, ocurrida en 1909, escribió: "No he encontrado todo la riqueza que todos anhelamos. Pero sé que mis descendientes pueden gozar el fruto de su trabajo". Y tal vez entonces, con la sabiduría de sus 87 años, ya soñaba con que en alguno de los Reutemann corriera la sangre de un presidente.

Norma Domínguez

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