Ciencia

En el espacio, la pequeña Suiza juega en la liga de los grandes

El Premio Nobel de Mayor y Queloz ha recordado a los suizos que sus astrofísicos están a la vanguardia de la caza de exoplanetas. Al igual que lo están en muchas áreas de la investigación y la exploración espacial.

Este contenido fue publicado el 07 febrero 2020 - 07:03
Skizzomat (ilustración)

En 1995, el descubrimiento hizo poco ruido fuera de los círculos científicos. Con el paso de los años, el público comenzó a entender que lo que la ciencia ficción les había acostumbrado era ahora una realidad contrastada: la galaxia está repleta no solo de estrellas, sino también de planetas. Y los primeros en haber identificado uno de estos mundos que orbitan alrededor de una estrella que no es nuestro Sol fueron Michel Mayor y Didier Queloz. Y son suizos. 

24 años después, su descubrimiento les valió el Premio Nobel de Física. 

Este Premio Nobel está totalmente justificado. El descubrimiento es uno de los más importantes del siglo XX en astronomía. Ha abierto nuevos campos de investigación para comprender nuestro lugar en el universo, y multiplica por millones las posibilidades de encontrar vida extraterrestre. 

En el vigésimo aniversario de este primer exoplaneta, dediqué a esta cuestión un artículo de fondo. 

Pero la búsqueda de vida no es una cuestión sencilla cuando la buscas en mundos a cientos de miles de millones de kilómetros. Aquí es donde el ingenio humano entra en juego. Y los suizos también están presentes aquí. 

En esta búsqueda desde el principio el ingenio ha sido necesario. Por cierto, ¿cómo podemos estar seguros de la existencia de estos planetas, ya que aparte de una o dos fotos borrosas de vagos puntos de luz, nadie los ha visto nunca? Explicación en el vídeo. 

Hoy se trata de ir más allá. Comprender de qué están hechos los exoplanetas. Esta es la misión del telescopio espacial CHEOPS, el primer satélite europeo Made in Switzerland, lanzado el pasado mes de diciembre. 

Pero la reputación de los suizos en el espacio no ha esperado a CHEOPS ni a Mayor y Queloz. Ni siquiera a Claude Nicollier, el astronauta nacional y primer especialista de misión no americano en la NASA. 

En 1969, Armstrong y Aldrin aterrizaron en la luna con un reloj suizo en su muñeca. Y lo primero que hicieron allí, incluso antes de desplegar la bandera estrellada, fue montar la vela solar de la Universidad de Berna: el único experimento científico no americano a bordo del Apolo XI. 

Desde los inicios de la exploración espacial, apenas ha habido una misión americana o europea que no haya llevado algo de tecnología suiza a bordo. Esto se debe a que este país sabe cómo fabricar instrumentos a la vez muy precisos y fiables, condiciones indispensables para soportar las limitaciones de un viaje espacial.  

Ya se trate de propulsar un vehículo espacial a Marte, de “inhalar” los gases que escapan de un cometa o tomar imágenes de alta definición de un planeta del sistema solar, los ingenieros suizos tienen la solución. 

STIX es el último ejemplo hasta el momento. Este telescopio de rayos X estudiará las erupciones solares desde una sonda europea que se acercará al astro del día más que todo lo que se ha intentado hasta ahora.  

Suiza, el país de la relojería y la mecánica de precisión, también cuenta con un sistema muy eficiente de educación y de apoyo a la investigación. En parte esto explica cómo un pequeño país en las montañas se ha convertido en un gran país en el espacio. 

Este artículo ha sido importado automáticamente del antiguo sito web al nuevo. Si observa algún problema de visualización, le pedimos disculpas y le rogamos que nos lo indique a esta dirección: community-feedback@swissinfo.ch

Compartir este artículo