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Unos miembros de las fuerzas iraquíes, en un vehículo militar, toman posición en un barrio del oeste de Mosul el 17 de mayo de 2017

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En las calles destrozadas del oeste de Mosul, un vehículo militar negro de las tropas de élite iraquíes zigzaguea entre los cráteres de obuses y los restos de coches, parándose para dejar pasar a un grupo de habitantes que huye de los combates con los yihadistas.

Las fuerzas del servicio del contraterrorismo (CTS) llegan a la línea del frente en Al Rifai, uno de los últimos barrios antes de la ciudad vieja, donde los combatientes del grupo yihadista Estado Islámico (EI) han sido acorralados y donde se librará la batalla final.

Un terraplén bloquea casi todo el ancho de la calle. "¡Cuidado, está minado! ¡Pasen por el lado!", grita un soldado, desde lo alto de su torreta, a los civiles con sus bolsas a rebosar, con niños en brazos o empujando a duras penas entre los escombros a una persona mayor en silla de ruedas.

Al pasar por delante del vehículo blindado, el agotamiento deja lugar a una sonrisa: saludan y dan las gracias a los soldados, haciéndoles la señal de la victoria.

Del lado de los militares, se siente entre compasión y desconfianza. Algunos yihadistas huyen ocultos entre los civiles y las fuerzas iraquíes temen un atentado suicida.

"Ayer, una mujer dejó una bolsa de plástico en la calle al pasar. Cuando la registramos, encontramos ropas de Dáesh, una pistola y un cuchillo. Quizás no era una mujer...", cuenta un soldado, utilizando el acrónimo en árabe del grupo EI.

Unos 500.000 habitantes han abandonado sus casas desde el inicio en febrero del asalto para recuperar el oeste de Mosul, último gran bastión del grupo EI en Irak.

Recuperar esta parte permitirá al poder reconquistar la totalidad de la segunda ciudad del país, en manos de los yihadistas desde junio de 2014.

- "Te llamo más tarde" -

A unas pocas manzanas, se prepara la ofensiva del día. Fuertemente equipados, los 'hombres de negro' del CTS sacan cajas de municiones, pesadas ametralladoras y lanzacohetes, para después alinearse a lo largo de una pared.

No saben con cuántos yihadistas se encontrarán. Solo los obuses que caen sobre las casas de alrededor anuncian una presencia enemiga.

Un primer grupo entra en el recinto de una casa por un agujero en la pared, una técnica utilizada por los combatientes de ambos bandos para poder moverse a cubierto.

Los militares en primera línea no entran en las casas, donde los yihadistas suelen poner explosivos. Se conforman con tomar posición. Una vez que aseguran el recinto, un grupo se une a ellos. El avance se hace a pie, casa por casa, calle por calle. Cada grupo espera el "go" del que les precede.

Ya no hay ningún agujero entre las casas y hay que atravesar una calle, posiblemente bajo el fuego de los francotiradores. A la espera de la señal de los camaradas del otro lado de la calle, algunos bromean en voz baja. Un teléfono suena. Un soldado responde: "Te llamo más tarde".

A lo largo del avance, los civiles que han quedado encerrados en sus casas -por propia voluntad o forzados por el grupo EI- son evacuados.

Van donde pueden, normalmente con su familia o a casa de allegados, a través de las calles de Mosul en las que los cuerpos de los yihadistas muertos en los combates se pudren aún bajo el sol.

- "Para ganarme la vida" -

Por el camino, los habitantes que huyen se cruzan con un joven.

Éste viene "cada dos días" empujando su carretilla entre los escombros y la llena de cartuchos de todos los tamaños.

"Los recojo y los vendo a los chatarreros por 100 dinares el kilo (7 céntimos de euro)", explica. "Vivo a cinco kilómetros de aquí. Vengo al frente para ganarme un poco la vida", cuenta.

Una niña acude, vierte el contenido de una bolsa de plástico en la carretilla y después se va escrutando el suelo. La tarea es fácil, solo hay que inclinarse para encontrar los cartuchos.

A su lado, una mujer mayor, que parece ser su madre, participa también, con la cabeza agachada, en la colecta. "Me da tanta vergüenza hacer esto...", suspira.

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AFP