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En Suiza preocupa Oriente Medio

Imagen elocuente del conflicto israelo-palestino

(Keystone)

La violencia no cesa. Las comunidades árabe y judía en Suiza siguen con bastante consternación el baño de sangre en la región.

El Consejo de Seguridad de la ONU ha reconocido por primera vez el derecho de los palestinos a un Estado, junto al de Israel; George Bush y la diplomacia internacional hacen intentos por reactivar el desfalleciente proceso de paz, mientras el mundo contempla atónito la explosiva carga que oculta el violento conflicto israelo-palestino.

El principio 'Paz por territorio', nacido en Oslo, en 1993, parece caduco y las resoluciones de la ONU relegadas al olvido. Argumentando razones de seguridad, Israel se niega a desocupar completamente los territorios ocupados desde la Guerra de los Seis Días, en 1967.

Los esfuerzos emprendidos en Naciones Unidas y en otros foros con la finalidad de buscar una salida al conflicto tropiezan con oídos sordos, dejando paso al único lenguaje, el de la confrontación desigual.

"En cierto modo no vivimos en Suiza, sino allí" (en los territorios ocupados), afirma consternado Naji Awad, palestino cristiano radicado en Marly, Friburgo, y presidente de la organización solidaria con el pueblo palestino de Bit Shahour en una entrevista con swissinfo.

Similar sentimiento de frustración e impotencia es el que expresa Atif Abdullah, un palestino de la Franja de Gaza, radicado en la ciudad suiza de La Chaux-de-Fonds. Ambos reniegan de lo que califican de "sumisión árabe".

Aunque insisten en que "los palestinos son la víctima", repudian el inútil derramamiento de sangre, sin distinción de si es palestina o israelí.

Percepción semejante

Con matices de apreciación, el presidente honorario de la comunidad judía de Zúrich, Sigi Feigel, considera que las dos partes enfrentadas deben aceptar que la escalada de violencia no conduce a la paz.

El conocido dirigente israelí en Suiza propone que el actual primer ministro de Israel, Ariel Sharon, deje el gobierno en manos de líderes jóvenes, capaces de negociar y ver que la posibilidad de un futuro amplio implica vivir en paz con los palestinos, aunque éstos "no sean ángeles".

"Ariel Sharon es un general, y los generales nunca son buenos políticos", precisa Feigel.

Sin dejar de reprochar a Yasser Arafat de hacer poco por el proceso de paz, al no reprimir el terrorismo, Feigel señala que "los líderes palestinos y sus asociados árabes están usando al pueblo árabe como munición política para sus propios programas, sin tomar en consideración el sufrimiento implicado".

Papel de Suiza

Tanto Naji Awad como Atif Abdullah captan distintas percepciones del conflicto en sus comunidades de acogida. Según el primero, su entorno en la localidad de Marly, Friburgo, "comprende el alcance del problema y lo señala con muestras de solidaridad, por ejemplo al término de una ceremonia religiosa".

Abdullah, en cambio, considera que si la gente de su entorno "apenas sigue de cerca su propia política, no se puede esperar que se ocupe del acontecer internacional". En opinión su opinión, "sólo los intelectuales suizos se dan cuenta de quién es el ocupante y cuál la víctima" en el conflicto de Oriente Medio.

Con todo, ambos están convencidos de que Berna puede desempeñar un papel en el conflicto.

"Suiza es particular, señala Abdullah, por su renombrada historia en el ámbito de los derechos humanos y de las convenciones humanitarias. Es igualmente conocida por ser un país neutral, respetado por mi pueblo y por quienes están en contra de él. Por eso puede desempeñar un papel muy importante".

Sigi Feigel cree, a su vez, que Suiza puede contribuir respaldando proyectos en los territorios de la Autoridad Palestina.

Las opiniones del presidente honorario de la comunidad judía de Zúrich, Sigi Feigel, así como las de los palestinos Naji Awad y Atif Abdullah no se limitan a ser miradas distantes, sino que denotan una preocupación y una esperanza común.

Juan Espinoza y Elham Manea

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