La crisis en el sector de las telecomunicaciones
Despidos, desplomes bursátiles, saldos rojos, la serie negra para el mundo de las telecomunicaciones parece no tener fin. En menos de un año, el sector pasó de la euforia a la desilusión y luego a la catástrofe. ¿Cómo fue que se llegó hasta ahí y cómo salir ahora?
En Estados Unidos, como en Europa, todo el ramo de las telecomunicaciones, de los equipos a los operadores, presenta un panorama oscuro. El más reciente ejemplo: la firma bernesa Ascom acaba de anunciar una pérdida de 26 millones durante el primer semestre del año, mientras que en el mismo lapso de 2000, registraba un beneficio neto de 60 millones.
Intentemos analizar este descenso a los infiernos. Llevados por el frenesí tecnológico, los operadores invirtieron sumas colosales en la construcción de redes de fibra óptica, para adquirir licencias para la telefonía móvil de la tercera generación UMTS o para las concesiones WLL, el circuito local radio inalámbrico.
Pero la máquina se aceleró demasiado. Por una parte, los gastos alcanzaron las cumbres y, por otra, los ingresos comenzaron a limitarse. Fue necesario hacer frente a la guerra de precios lanzada por los recién llegados y luego, a la desaceleración del mercado de la telefonía celular que tomó de sorpresa a los operadores.
Los clientes, menos dispendiosos, hicieron caer la cifra media de negocios por abonado. En el caso de la firma helvética Swisscom Mobile, ese monto era de 72 francos por mes el año pasado, lo que significó un retroceso de 12% con relación a 1999.
Unica salida viable
Para compensar, los operadores intentan aumentar el tráfico móvil de datos. En unos cinco años la cifra de negocios generada por ese tipo de comunicación deberá cubrir las dos terceras partes del ingreso medio por abonado. Pero, para ello, habrá que poner en marcha las redes GPRS y UMTS, que aparecen como la única salida viable del estancamiento actual.
Esas tecnologías, que ofrecen un acceso permanente a Internet, son consideradas como bases para el crecimiento. El problema es que la comercialización del GPRS y de la UMTS ha sido pospuesta en diversas ocasiones y nada garantiza que los clientes adoptarán en masa esos productos.
En Suiza, la política más bien conservadora de Swisscom se ha relevado finalmente como adecuada. Es cierto que el gigante helvético también ha sido afectado por la crisis y que unos 6.000 puestos de trabajo van a desaparecer, pero Swisscom efectuó una jugada maestra con la adquisición de la empresa alemana debitel.
Esta sociedad, que no cuenta con una red propia, sino que emplea las instalaciones de sus proveedores, se convirtió en el más importante operador virtual europeo con 9,3 millones de clientes.
Una medida adecuada
La venta de 25% del capital de Swisscom Mobile a la firma británica Vodafone por 4.500 millones de francos también se habría realizado en el buen momento, antes del desplome bursátil del sector. Actualmente Swisscom se encuentra con más de 6.000 millones de francos en líquido.
Al final, las grandes sociedades del mundo de las telecomunicaciones se encuentran en un círculo vicioso. Cuentan con GPRS y UMTS para reanimar a la máquina pero carecen de recursos financieros para seguir los procesos de desarrollo.
La exigencia de servicios de telecomunicaciones existe, tarde o temprano las redes serán operacionales. Sin embargo, ahora lo importante es sobrevivir. Más tarde se tendrán que definir los contenidos que los utilizadores desean realmente y los precios que están dispuestos a pagar.
Luigino Canal
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