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El candidato presidencial Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores, durante un encuentro con maestros en Sao Paulo, el 15 de octubre de 2018

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¿Fernando Haddad todavía puede ganar las elecciones presidenciales de Brasil? Para eso sería necesario que el candidato de izquierda salve la amplia desventaja que lo separa del ultraderechista Jair Bolsonaro, un escenario considerado improbable a una semana de la segunda vuelta.

Algunos todavía lo creen posible, pero la mayoría de los analistas piensa que, a menos de un giro espectacular, Bolsonaro será elegido presidente el 28 de octubre. Tan poderosa es la ola que ha estado surfeando durante más de un mes.

Las últimas encuestas de Ibope y Datafolha dan al excapitán del Ejército un 59% de intenciones de voto, contra 41% para el candidato del Partido de los Trabajadores (PT), de 55 años, delfín del encarcelado expresidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Bolsonaro "encabeza las encuestas, pero perderá", aseguró Haddad en una entrevista reciente con AFP.

"Esto es muy poco probable", señaló Paulo Sotero, presidente del Instituto Wilson Center de Brasil en Washington. "Las encuestas apuntan a una victoria de Bolsonaro y con un margen cómodo".

Los consultores del Eurasia Group son menos categóricos: "Las posibilidades de que eso ocurra son bajas. Solo le damos a Haddad un 25% de posibilidades de ganar".

El candidato del PT "debe atraer a un número significativo de votantes de los candidatos eliminados en la primera vuelta y reducir la base de apoyo de Bolsonaro, una tarea hercúlea dado el alto nivel de convicción entre estos votantes", agregan.

Hasta ahora, Haddad no ha logrado formar el "frente democrático" que necesita para frenar el avance de un candidato conocido por su admiración de la dictadura militar (1964-85) y sus declaraciones agresivas contra mujeres, negros y homosexuales.

A diferencia del "frente republicano, que bloqueó el avance de la extrema derecha en Francia, en Brasil "no hay una tradición de frente antifascista", dice Maud Chirio, de la Universidad Paris-Est-Marne-la-Vallée.

Los partidos "no tienen experiencia de elecciones con un candidato de extrema derecha, esta es la primera vez", agrega.

Otro obstáculo del candidato de izquierda es "la rabia acumulada contra el PT", que "impide que los demás partidos cambien de bando y se alíen con Haddad", dice la historiadora.

Ciro Gomes, el candidato del PDT (centro izquierda), quien quedó tercero en la primera vuelta con 12,5% ​​de los votos, se limitó a proporcionar "apoyo crítico" al PT, antes de irse a Europa.

Haddad pudo contar aún menos con la ecologista Marina Silva, que fue ministra de Lula, ni con centristas influyentes como el exjefe de estado Fernando Henrique Cardoso o el expresidente de la corte suprema Joaquim Barbosa.

- "Tuitear es fácil" -

El hermano de Ciro, el senador Cid Gomes, echó sal sobre las heridas, al asegurar a principios de esta semana que el PT "perderá la elección", porque en sus trece años en el poder (2003-2016) ha "hecho muchas tonterías".

En declaraciones al diario Folha de S.Paulo, suavizó el comentario: "Creo que Haddad es el mejor. Pero para tener una mínima posibilidad de ganar", el PT "debe hacer su autocrítica".

Debora Diniz, antropóloga y profesora de derecho en la Universidad de Brasilia, no cree sin embargo que el candidato de ultraderecha ya tenga la victoria en el bolsillo. "La resistencia de Bolosonaro a ir a un debate público dice mucho sobre su debilidad", afirma.

Haddad, un profesor universitario de tono mesurado, no ha logrado meter en un debate televisado a un Bolsonaro, cuyas fórmulas contundentes y a menudo violentas tienen mayor impacto en las redes sociales, que se han convertido en su máquina de guerra.

"Tuitear es fácil, señor diputado. Debatamos cara a cara, cortésmente", le lanzó Haddad.

Entre las dos vueltas del 7 y el 28 de octubre, se preveían seis debates. Pero Bolsonaro los esquivará todos "por razones médicas". Y "estratégicas", admitió.

En el tramo final, Haddad tuvo que reorientar su campaña. Detuvo sus visitas semanales a Lula en prisión, sacó la foto de su mentor de sus anuncios de televisión, reemplazó el rojo del PT por el amarillo y verde de la bandera brasileña. Igual que Bolsonaro.

Y "la orden del alto mando del PT fue invertir en los electorados más pobres y en los grupos evangélicos", escribió el miércoles Folha S.Paulo. Haddad se orientará hacia los líderes de esos sectores para "defender los valores de la familia".

El apoyo de las iglesias evangélicas a Bolsonaro antes de la primera vuelta fue crucial, especialmente el de la poderosa Iglesia Universal del Reino de Dios.

"No veo qué milagro podría hacer que Haddad invierta el curso de esta elección", dice Sotero, "Bolsonaro tendrá suficientes votos para tener un mandato claro", agregó.

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AFP