Más peso, más penas ...

Corina, Deborah, Salomé, Yanice y Andrea. Keystone

Los trastornos asociados al exceso ponderal cubren un amplio espectro de infortunios en materia de salud corporal, mental y social.

Este contenido fue publicado el 23 junio 2003 - 15:41

Cinco chicas, pacientes de la AKD hablan a swissinfo de sus experiencias.

Largos y lacios, sus rubios cabellos enmarcan un rostro aún infantil. En el curso de sus escasos 14 años, Yanice ha tenido que hacer maletas un sinnúmero de veces, tantas como la familia ha mudado de residencia.

Ese peregrinaje incesante habría repercutido en su sobreabundancia de peso: 103 kilos tras la pérdida de otros cinco desde su ingreso a la Clínica Pediátrica de Davos (AKD por sus siglas en alemán)

“Yo quisiera perder 34 más”, confía la chiquilla.

Los padres de Yanice la motivaron a iniciar la lucha contra su exceso ponderal, pero en su decisión pesaron fuerte las críticas de que era objeto.

“Los demás decían que yo no era bonita y yo sabía que (el sobrepeso) no era bueno”.

En términos generales, Yanice se siente bien; sin embargo, la demasía de sus kilos incide en su aparato respiratorio y sus rodillas dan muestra de los primeros síntomas de hipertonía.

Deborah, cansada de las burlas

Con la firme intención de lograr un peso por debajo de los 100 kilos, Deborah se encuentra desde hace un mes en la AKD.

De su esfuerzo en estas cuatro semanas, la báscula da cuenta: seis kilos menos que la llevan a la cuenta actual de 114.

Su decisión de emprender el tratamiento obedeció básicamente a una situación de hastío: “Estaba cansada de ser el guiñol de mis compañeros”.

El exceso ponderal de la adolescente ha derivado en deficiencias respiratorias. “Una vez me faltó el aire y me desmayé”.

Su gran desafío: “¡Me gusta comer!”.

Sin embargo, Deborah advierte que es más fácil resistir a la tentación rodeada de chicas en igualdad de circunstancias y hermanadas por el mismo afán: derrotar a la obesidad.

En ese contexto ad hoc, “no me siento tan mal como en la escuela”.

Andrea, marginalización precoz

Los recuerdos de Andrea hablan de una marginalización temprana: “Desde que tenía 5 años, cuando iba a la escuela maternal, estaba siempre de lado ...”

Sin embargo, en las seis semanas que la chica ha invertido en la AKD su peso ha ido a la baja y en dirección opuesta, su autoestima.

Con la pérdida de más de 10 kilos, Andrea se dice preparada para continuar sola la batalla que empezó en las trincheras de la clínica, con el apoyo de un escuadrón de expertos y en el seno de una milicia empecinada en la misma empresa.

La semana próxima, cuando franquee la puerta de la AKD, la chica pesará 118 kilos y en su bagaje incluirá el conocimiento y la confianza necesarios para continuar la pérdida de peso.

A sus 16 años, esta adolescente de carácter impulsivo que ama el deporte pero que debe retenerse “porque a veces pienso que podría ir más lejos pero otras, que he rebasado mis límites”, tiene ante sí la posibilidad de una nueva vida.

Salomé y la nostalgia de la familia

Para Salomé, esta jovencita de 14 años con expresión melancólica, lo más difícil a su llegada a la clínica, hace cerca de tres semanas, fue la separación de los suyos.

“Aquí es divertido con las compañeras, pero al principio fue duro porque extrañaba a la familia”.

De constitución fuerte y amante de la comida, Salomé comenzó a superar los niveles pertinentes de su peso hace cuatro años, cuando sus padres decidieron divorciarse.

El desencanto de la chiquilla dio rienda suelta a su deseo de comer y la aguja de la báscula llegó a marcar 82 kilos. Hoy Salomé pesa 79 y quisiera perder 25, “para ponerme ropa de moda, bikinis ...”

En la ruta adecuada, Salomé asegura que logra controlar su forma de comer. “He aprendido muchas cosas en este tiempo, especialmente sobre la importancia de la calidad de los alimentos”.

La vuelta de Corina

En los cuatro meses y medio que Corina pasó en la AKD perdió la friolera de 15 kilos, una victoria indudable para esta chica de 15 años a cuyo ingreso, el año pasado, pesaba 92.

Hoy, de nueva cuenta Corina se encuentra en la clínica, pero esta vez con una intención diferente: definir si permanecerá en ella para realizar su formación profesional.

“Había previsto hacer un aprendizaje en el área de cuidados médicos y en la AKD hice muy buenos amigos, estaba muy ligada”.

De ahí que, al término de su tratamiento, a Corina le fuera difícil reintegrarse a su vida habitual.

Entre la añoranza y el cambio de alimentación, la chica recuperó dos kilos de vuelta a casa “pero lo importante es que ya no gané más y me mantengo en mi peso”, explica radiante.

Marcela Águila Rubín, Davos

Contexto

El contexto de vida de los niños ha cambiado profundamente en los últimos años:

Con frecuencia, ambos padres trabajan y los niños se quedan solos en casa.
La falta de tiempo favorece el reemplazo de alimentos sanos por comidas rápidas y pobres desde el punto de vista nutricional.
Las formas de entretenimiento de los chicos también se han modificado.
En detrimento del deporte, los niños pasan mucho tiempo frente a la TV o la computadora.
La situación social de muchas familias contribuye a desestabilizar a los chicos: divorcios, hogares monoparentales.

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