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Nostalgia cubana

La obra fue creada por una suiza de origen español. (Théâtre Le Galpon) swissinfo.ch

"Dolores... en La mayor", un espectáculo fuera de lo común que recrea las peripecias de un cabaret-teatro de la década de los años 40.

Este contenido fue publicado el 31 mayo 2002 - 16:56

Una original y bien lograda recreación de los cabaret-teatros, surgidos en la primera mitad del siglo pasado en Europa y en América Latina, constituye la obra "Dolores... en La Mayor", presentada por la compañía Apsara, de Ginebra.

Inscrita dentro del teatro alternativo "off" y escrita por Silvia Barreiros, una autora teatral de origen español nacida en Suiza, la pieza se ha presentado con éxito en el 'Théâtre Le Galpon', dentro del complejo Artamis, uno de los bastiones ginebrinos de la cultura alternativa.

Diplomada por la Escuela de Teatro Serge Martin, de Ginebra, Silva Barreiros se dio a la tarea de montar esta pieza, en compañía de un grupo de artistas que la ayudaron en esta aventura quijotesca.

La música, hilo conductor

"Dolores... en La Mayor" narra la historia de Dolores Rondón y se remonta al 14 de mayo de 1943, cuando la aspirante a actriz inició su carrera vendiendo flores de ciudad en ciudad, con el fin de encontrar un día un puesto en el teatro y alcanzar la fama.

Al inicio de la obra, los actores anuncian la llegada de una gran estrella: Conchita Suipervía, afamada cantante quien por un problema de cuerdas vocales no puede subir a la escena y su lugar es ocupado por la inexperta Dolores, 'Lola', quien es casi obligada por su jefe, Agustín (interpretado por Gabriel Álvarez).

La nueva actriz cuenta al público (quien permanece sentado en mesas redondas con tres sillas que representan el ambiente del cabaret) sus orígenes en la vida artística e interpreta algunas canciones alusivas.

En las ciudades de La Habana y Madrid, Dolores reconoce que su vida profesional estuvo ligada al apoyo de los hombres.

Un cementerio como inspiración

La inspiración de la obra no es ordinaria. "Desde hace muchos años, el deseo de montar un espectáculo de cabaret-teatro estaba presente en mí. El encuentro profesional con una mujer cubana, Ondina Duany, me motivó a ir a Cuba para conocer mejor la cultural del país y su música", explica la dramaturga a swissinfo.

"Fue el año pasado que la aventura comenzó realmente. Durante la visita al cementerio de Camagüey, al descubrir el epitafio en la tumba de Dolores Rondón, una bailarina de esos tiempos, las cosas se concretaron para mí", prosigue.

El epitafio en cuestión, retomado por completo en la obra ginebrina, dice lo siguiente:

"Aquí Dolores Rondón
finalizó su carrera
Ven, mortal, y considera
las grandezas cuales son,
el orgullo y presunción,
la grandeza y el poder
Todo llega a fenecer
Y solo se inmortaliza
el mal que se economiza
Y el bien que se puede hacer".

Este poema, así como en las películas 'La Bella del Alhambra' (Cuba), 'Ay Carmela' (España) y las presentaciones de Sara Montiel en 'La Reina de Chantecler', poco a poco comenzaron a perfilar en Silvia Barreiros el personaje de Dolores Rondón.

"Esas películas nos cuentan la atmósfera de los cabarets entre 1920 y 1940. Sus historias reafirmaron mi fascinación por esos 'años locos', que constituyeron una época revolucionaria para las mujeres. Desde un punto de vista puramente artístico y estético, las costumbres, las coreografías y los ambientes de la época, hoy en día calificados como ingenuos, me impresionaron y alimentaron mi imaginario", sostiene.

Cuerpos en movimiento

La música es un elemento esencial en el espectáculo de Barreiros. No sólo porque ambienta la pieza sino, sobre todo, porque conduce al personaje de Dolores a sus experiencias.

"Era muy importante que, tanto en la artista cubana, Ondina Duany, y en mi misma, una española nacida en Suiza, se diera el reencuentro con nuestros orígenes. Es por eso que el repertorio se concentró en canciones cubanas: 'Fantasma gris' (Guancanco), que es una danza afrocubana, 'Manicero', 'El pescado'.

Además, se escuchan las piezas españolas 'Los nardos', 'Nostalgia' y 'Fumar es un placer'. Evidentemente, todas estas canciones y melodías fueron adaptadas para el piano, el contrabajo y las percusiones", explica.

La danza ha sido el tercer ingrediente de 'Dolores... en La Mayor' y, de acuerdo a su directora, no es el de menor importancia.

"Los bailes me permitieron familiarizarme con las particularidades artísticas de Cuba. En un primer momento, en el verano pasado, tomé clases de danza con un bailarín cubano establecido en Ginebra. Con él, aprendí los rudimentos de las danzas tradicionales cubanas. Y este año, en La Habana, trabajé con una bailarina de cabaret, Olga Espinoza, que creó las coreografías", señala.

Los viajes también fueron una fuente de inspiración para la escritora. Para ella, Cuba, pueblo de inmigrados gallegos; y Galicia, su región de origen y tierra madre de miles de inmigrantes que se fueron hacia esa isla precisamente, constituye un mundo aparte en sí, que produce sus propios códigos de interpretación. "Por ejemplo, en Cuba, al español, simplemente se le llama gallego", dice, admirada.

La obra 'Dolores... en La Mayor' es, en síntesis, algo más que la recreación de una historia artística. Es un espectáculo de calidad, en lo que se refiere a la forma y el fondo, que bien ha valido la pena conocer.

Enrique Dietiker, Ginebra

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