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Nueva tentativa de imponer una dieta drástica al Ejército

Otra vez en el punto de mira de quienes pretenden recortar los gastos militares Keystone

La izquierda y los círculos pacifistas vuelven a la carga contra la estructura militar en Suiza. Una iniciativa del Partido Socialista propone reducir a la mitad los gastos militares. La derecha rechaza rotundamente la iniciativa.

Este contenido fue publicado el 13 noviembre 2000 - 12:33

La izquierda y los círculos pacifistas vuelven a la carga contra la estructura militar en Suiza. Una iniciativa del Partido Socialista propone reducir a la mitad los gastos militares. La derecha rechaza rotundamente la iniciativa.

La iniciativa denominada "economizar en el Ejército para favorecer la paz y los empleos con futuro", más conocida con el rótulo de "redistribución de los gastos militares", fue presentada en 1997 con el respaldo de 108.000 firmas y plantea disminuir el presupuesto del Ejército de 5.000 millones a 3.300 millones de francos, en diez años.

El pueblo volverá a dirimir, el próximo 26 de noviembre, sobre un tema llevado con relativa frecuencia a las urnas. Desde la Segunda Guerra Mundial a la fecha, más de una decena de iniciativas han intentado restar los medios militares e incluso suprimir el Ejército.

El sistema de Defensa de la Confederación Helvética

La política de seguridad de Suiza, proclamada en el artículo 2 de la Constitución federal, descansa sobre todo en el papel encomendado al Ejército de milicias, cuya filosofía asigna igual importancia a los servicios militar y cívico.

Desde la reforma introducida en 1995, el soldado ciudadano presta 300 días de servicio militar, subdivididos en 15 semanas de instrucción ininterrumpida y 10 cursos de repetición de 19 días cada dos años. Es decir que el servicio militar activo del recluta suizo se extiende entre los 18 y 42 años de edad y es cumplido alternando con la actividad profesional que ejerce en la vida civil.

400.000 efectivos, 35.000 de ellos oficiales, forman filas en los seis cuerpos de Ejército de campaña, uno de montaña y otro de la fuerza aérea.

La nueva reforma en marcha "Ejército XXI" prevé reducir, hasta el año 2003, a 120.000 el número de efectivos y modernizar sus estructuras en función de los nuevos retos modernos.

La vocación del Ejército suizo corresponde en gran medida a la de la neutralidad permanente que practica el país en su política exterior. Por lo tanto, su papel es disuasivo y sólo pasará al acto militar si la integridad territorial y de la población es atacada.

De hecho, Suiza no conoce una guerra desde 1848, año en que se promulgó la Constitución del Estado moderno.

Argumentos de la iniciativa

Los promotores de la iniciativa sostienen que la naturaleza de las amenazas ha cambiado completamente desde el fin de la Guerra Fría y que existe una gigantesca desproporción entre los gastos militares y la promoción de la paz.

Consiguientemente, proponen ahorrar 1.800 millones de francos en este rubro, recortando el presupuesto anual de 5.000 millones a 3.300 millones de francos en una década.

Un tercio de los 1.800 millones economizados, es decir 600 millones de francos, sería empleado específicamente en la promoción y el fortalecimiento de la política internacional de paz.

El Parlamento decidiría cada cuatro años el destino de los otros 1.200 millones. La cooperación al desarrollo, la diplomacia preventiva de los conflictos, el desarme y la seguridad colectiva podrían ser los destinatarios.

La pérdida de empleos que la iniciativa ocasione al sector sería compensada mediante la creación de un fondo especial de solidaridad, alimentado por el Gobierno con 1.000 millones de francos para fomentar una política regional orientada a la creación de nuevos puestos de trabajo con futuro.

El comité impulsor de la iniciativa afirma que ningún país europeo se permite un ejército con costos per cápita tan elevados como Suiza.

Réplica de los opositores a la iniciativa

Tanto el Gobierno como el Parlamento y una comisión, integrada sobre todo por los partidos conservadores, replican señalado que si bien la seguridad ha mejorado ostensiblemente desde la desaparición del denominado Bloque del Este y de la ex URSS, no se puede descartar que en un momento dado pueda resurgir la amenaza militar. Por esta razón defienden la necesidad de mantener la capacidad de defensa del país.

Afirman que sería insensato definir los costos de la defensa nacional sin conocer los costos y la estructura del nuevo "Ejército XXI", cuya reforma está en curso.

Inscribir en la Constitución la obligación de reducir los gastos militares en diez años es demasiado imperativo, e impediría tanto la planificación racional como la reacción apropiada ante una eventual amenaza imprevista. La iniciativa podría comprometer la credibilidad de Suiza en el exterior.

"Es la iniciativa del lobo disfrazado de cordero", señaló el ministro de Defensa y actual presidente de la Confederación, Adolf Ogi, para subrayar que reducir a la mitad el presupuesto militar equivaldría a dar "un medio paso hacia la supresión del Ejército".

La defensa nacional no podría garantizar el mismo número de prestaciones a medio precio, añadió al precisar que "nadie puede predecir cómo evolucionará la situación estratégica en los próximos 20 años.

Los partidarios del "no" afirman que los gastos militares ya han sido reducidos drásticamente en la década de los años 90. El presupuesto para el año 2002 muestra una disminución real de 28 por ciento con respecto a 1987, año que los promotores de la iniciativa toman como referencia.

El monto destinado a las inversiones militares en el mismo período ha bajado en casi 44 por ciento, lo que equivale a 9.000 millones de ahorro. La participación en el Producto Interno Bruto descendió de 1,9 por ciento en 1987 a 1,2 por ciento en el año 2002.

"Pese a los recortes, no ha disminuido la capacidad defensiva del Ejército", señaló a su turno Kaspar Villiger, ex ministro de Defensa y actual titular de Finanzas.

En cuanto al fondo de solidaridad de 1.000 millones que propone la iniciativa para compensar la pérdida de empleos, el ministro Villiger considera que "las subvenciones no son un buen método para salvar puestos de trabajo, especialmente en las regiones periféricas".

El Parlamento también rechaza la iniciativa socialista. 122 votos contra 62 en el Consejo Nacional (diputados) y 36 frente a 6 en el Consejo de los Estados (senadores) ilustra la posición de las dos cámaras.

Por lo demás, cabe reiterar que el electorado helvético ha decidido en las urnas sobre más de una decena de iniciativas similares. El 26 de noviembre volverá a hacerlo después de siete años. En 1993 rechazó la propuesta que se oponía a la compra de 34 aviones de combate F/A-18.

Juan Espinoza

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