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La prostitución exige en La Haya poder retomar su actividad en la pandemia

Este contenido fue publicado el 02 marzo 2021 - 18:24

Imane Rachidi

La Haya, 2 mar (EFE).- Las trabajadoras sexuales, como piden ser calificadas, se movilizaron este martes en Países Bajos para exigir que se les permita volver a ejercer al igual que el resto de profesiones de contacto, como las peluqueras o masajistas. Recordaron "saber protegerse" contra los virus y denunciaron las dificultades financieras que afrontan por la pandemia.

La convocatoria amenazaba al Gobierno en funciones con un “peep show”, un espectáculo erótico en directo que se sigue a través de un escaparate, en el centro de La Haya, la capital política de Países Bajos. El surrealismo de que algo así pudiera celebrarse delante del Parlamento neerlandés, en plenas restricciones por la pandemia, condujo a muchos curiosos a comprobar si realmente iba a tener lugar: lo tuvo y con vigilancia policial.

El espectáculo acabó por acaparar toda la atención, haciendo que muchos se olvidaran del distanciamiento social, aunque los agentes optaron por no intervenir. Algunos entraron en el habitáculo móvil que estas mujeres habían construido para el “peep show”: pagaron por un momento de intimidad, o para hacerse una foto con alguna de ellas, con música "reggaetón" de fondo.

Decenas de mujeres y hombres acudieron a una plaza junto al Congreso neerlandés, con paraguas rojos y carteles variopintos, para hacer un llamamiento a las autoridades de que la prostitución es como la mayoría de las profesiones de contacto que pueden reabrir a partir de mañana: peluqueras, masajistas o instructores de conducción.

CARÁCTER ESPECIAL DE LA PROFESIÓN

En respuesta a qué diferencia estas profesiones del “trabajo sexual”, el primer ministro, Mark Rutte, tuvo una respuesta clara: “Con las trabajadoras sexuales hay que lidiar con el carácter especial de esa profesión, que están muy cerca uno del otro, con todos los riesgos de transmisión del virus”, subrayó. Pero ellas no están de acuerdo con esa visión.

“No soy muy de hacer videoconferencia. A mí me gusta hacerlo de verdad, me gusta mi trabajo, pero ahora no se me permite. He trabajado la mayor parte de la crisis y no me he contagiado, así que me siento segura. Tengo mucho cuidado, usamos desinfectante, tomamos mucha precaución con todos los fluidos corporales, así que, sí, en mi opinión se nos debería permitir trabajar al menos para poder comer y pagar el alquiler”, explicó a Efe Lorena, una trabajadora sexual de 27 años.

Vestida de rojo y acompañada de su perro, reivindicó “saber cómo manejar un virus”. No ha podido acceder a las ayudas del gobierno porque no cumple los requisitos, lamenta. “No todo el mundo tiene derecho a recibir algo de dinero del gobierno como compensación. Yo no he estado registrada el tiempo suficiente, así que tengo un pequeño problema con eso”, aseguró.

No faltaron alusiones directas al Gobierno. Imprimieron rostros sonrientes de Rutte y su ministro de Sanidad, Hugo de Jonge, en unos genitales masculinos, con el lema “Confinamiento en tus pantalones”. Otras levantaron pancartas en las que resumían su reivindicación: “El trabajo sexual es una profesión de contacto, queremos trabajar”.

Al no cumplir las condiciones para recibir ayudas estatales, muchas mujeres se vieron obligadas a seguir ejerciendo en la clandestinidad. “Normalmente, si tienes problemas, vas a la policía, pero ahora no puedes, tienes miedo porque no estás autorizada a trabajar, pero debes porque tienes que pagar tu alquiler. Es un problema. Si no obtienes ningún ingreso, estás atrapada en una situación extraña”, añadió Lorena.

NO HAY MEDIDAS SEGURAS

Pero De Jonge insistió este martes en que los clubes eróticos o los barrios rojos no pueden reabrir. “Es muy triste, pero no es posible de momento”, aseguró, señalando que uno de los problemas es el seguimiento de fuentes cuando hay un caso positivo porque tres cuartas partes de los clientes darían un nombre falso, lamentó.

Una de las manifestantes, Yvette Luhrs, alertó de que son ellas las que registran a sus clientes y consideró las palabras de De Jonge una “muestra de la enorme ignorancia por parte del Gobierno en lo que respecta al trabajo sexual” y recordó que hay muchas personas que tampoco dan su nombre real en los restaurantes, por ejemplo.

El ministro de Asuntos Sociales y Empleo, Wouter Koolmees, tampoco consideró viable darles un apoyo adicional y recordó que las medidas vigentes ya están destinadas a los autónomos, pero no todas las trabajadoras sexuales lo son oficialmente. “Podemos hacer muy poco por ellas. Tienen una posición muy difícil”, reconoció, sugiriéndoles que acudan a los ayuntamientos a pedir ayudas para personas sin ingresos.

Durante el último año, la prostitución ha tenido que abrir y cerrar en diferentes periodos, dependiendo de los contagios diarios, y el propio Gobierno neerlandés encargó una investigación de posibles posturas “seguras” para permitir que reabran los clubes eróticos, pero concluyó que “no había ninguna” contra el coronavirus.

Ellas temen que no habrá un cambio de opinión oficial y por eso han encargado a un equipo de abogados que estudie la posibilidad de iniciar un procedimiento sumario contra el Ejecutivo por este asunto. “Es muy complicado, tienes miedo a perder algunos clientes, y hay chicas que han tenido que buscarse otro trabajo”, concluyó Lorena. EFE

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