“Los países están condenados a cooperar”

“Cuanto mejor les vaya a nuestros vecinos y al mundo, mejor le irá a Suiza”, asegura el embajador Valentin Zellweger. © Keystone / Laurent Gillieron

El embajador Valentin Zellweger, jefe de la misión suiza ante la ONU en Ginebra, dejará su cargo a finales de julio para dirigir la embajada suiza en Kenia. ¿Cómo ve este diplomático el futuro de un multilateralismo sacudido por todas partes y de la plataforma internacional de Ginebra? Entrevista.

Este contenido fue publicado el 13 julio 2020 - 11:00

Las reuniones con la prensa que durante estos últimos cuatro años organizaba el embajador antes de las sesiones del Consejo de los Derechos Humanos (CDH) atrajeron cada vez a más corresponsales acreditados ante el Palacio de las Naciones, desbordando el interés de los medios suizos. Zellberger supo crear el ambiente necesario y transmitir la tensión de las relaciones internacionales para exponer y situar la agenda del principal organismo de Naciones Unidas responsable de los derechos humanos.

Valentin Zellweger

Fue en 1993, a la edad de 35 años, cuando este doctor en derecho internacional público, nacido en Basilea, se unió al servicio diplomático haciendo unas prácticas en cooperación para el desarrollo en la representación suiza en Nairobi.

Valentin Zellweger ha encadenado diversos cargos en Berna y luego en Nueva York, sin contar un mandato de jefe de gabinete del primer presidente del Tribunal Penal Internacional en La Haya, entre 2003 y 2007.

El 1 de agosto de 2016, este padre de dos hijos empezó su mandato como representante permanente de Suiza ante la sede de Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales en Ginebra.

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swissinfo.ch: Durante estos cuatro años que usted ha pasado en Ginebra -un período bastante agitado internacionalmente- ¿cómo ha vivido su papel de diplomático suizo?

Valentin Zellweger: El interés de Suiza es que el mundo continúe resolviendo los problemas conjuntamente. Y el medio para ese diálogo es el multilateralismo. Los valores contenidos en la Carta de las Naciones Unidas se reflejan plenamente en nuestra Constitución Federal y en los objetivos de la política exterior suiza.

Para un país como Suiza, que basa su prosperidad en el respeto de las normas comunes y que tiene una economía sólidamente centrada en la exportación, cuanto mejor les vaya a nuestros vecinos y al mundo, mejor le irá a Suiza.

Los principales desafíos a los que se enfrenta hoy el mundo no se detienen en las fronteras. Es trivial decirlo, pero los países están condenados a cooperar.

Por lo tanto, a Suiza le interesa particularmente promover esta cooperación multilateral que se lleva a cabo especialmente en Ginebra.

swissinfo.ch: ¿Cómo son las relaciones entre todos los actores de la Ginebra internacional, incluyendo las relaciones a nivel personal?

V.Z.: Es un conjunto de actores cada vez más integrados. Todos trabajan para los mismos objetivos. Están, por supuesto, los diplomáticos y los funcionarios de las organizaciones internacionales, pero también hay académicos de nivel mundial (Escuela Politécnica Federal de Lausana EPFL, Universidad de Ginebra, Instituto de Estudios y Desarrollo Internacional Avanzado) y representantes del sector privado.

Lo que distingue a la Ginebra internacional es esta voluntad de cooperación entre esos diferentes sectores, ese hábito, cada vez mayor, de hablar entre ellos más allá de los círculos inmediatos. En Nueva York, donde también he estado destinado, encontramos la misma diversidad de actores, pero no hay tanta interrelación como en Ginebra.

Este es uno de los factores que determinará el futuro de la Ginebra internacional, ya que es el conjunto de esos actores el que podrá resolver los problemas a que nos enfrentamos.

swissinfo.ch: Algunos critican el alto grado de sociabilidad que rodea esta vida diplomática en Ginebra. Pero, ¿es esencial para fomentar esa integración entre los diferentes actores de la Ginebra internacional?

V.Z.: Durante la crisis del coronavirus hemos trabajado sin tener la posibilidad de tener contacto físico. Solo teníamos contacto por teléfono o videoconferencia. Ya no era posible mantener intercambios informales y confidenciales, lo que suponía un serio obstáculo para el buen funcionamiento de nuestro trabajo diplomático.

Cuando se nos invita a recepciones, a reuniones informales, siempre es con un propósito profesional. Participo en ellas con una lista de preguntas y contactos, con objetivos precisos. Estas reuniones son muy valiosas para mi actividad, como he podido volver a darme cuenta durante estos tres meses de confinamiento.

swissinfo.ch: Deja Ginebra para ir a Nairobi como embajador de Suiza en Kenia. ¿Qué sensaciones le produce volver a esa capital donde comenzó su carrera diplomática?

V.Z.: Se han producido muchos cambios durante los últimos 25 años desde que estuve por primera vez en Nairobi. Y también ha habido muchos cambios en nuestra percepción de África. Hoy vemos a este continente como un socio fuerte, importante y lleno de potencial. La edad media en la mayoría de los países del África subsahariana está en torno a los 20 años, el promedio más bajo de cualquiera de los continentes.

En Nairobi, hay una evolución muy interesante en el terreno digital. Kenia es una de las principales naciones en tecnología financiera. Voy con este espíritu de descubrimiento de una África con la que queremos estrechar vínculos, crear partenariados y resolver problemas conjuntamente, como la gestión de la COVID-19 que, hasta ahora, afecta menos al África subsahariana que a otras regiones del mundo.

swissinfo.ch: Usted es un observador privilegiado del progreso del mundo. En los últimos años, los jóvenes se han movilizado en casi todas partes para protestar contra la violencia machista, las agresiones al medio ambiente y el racismo. ¿La aparición de estas reivindicaciones es una oportunidad inesperada para la ONU?

V.Z.: No creo que nada de eso constituya una novedad para la ONU, lo que demuestra que la ONU se centra en los temas más importantes para el ser humano, es decir, seguridad, bienestar económico y derechos humanos. Es una tríada de valores que Naciones Unidas ha defendido desde su creación. Todos los movimientos a los que usted se refiere, a los que yo añadiría la cuestión de la justicia social, muestran que Naciones Unidas plantea las preguntas correctas y defiende los valores correctos. En realidad, estos movimientos fortalecen el trabajo de Naciones Unidas.

“Es aquí, en Ginebra, donde se encuentra el foro en el que todos los Estados del mundo y la sociedad civil pueden discutir y desarrollar los medios que hacen posible proteger a los seres humanos”.

Valentin Zellweger, diplomático suizo

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swissinfo.ch: ¿Ha observado usted que estas demandas, estas expectativas expresadas en la calle, tengan algún impacto entre los diplomáticos, en los debates de la ONU en Ginebra y, en particular, en el Consejo de Derechos Humanos (CDH)?

V.Z.: Pongamos la lucha contra el racismo. El Consejo de Derechos Humanos mantuvo inmediatamente un debate urgente sobre el tema y aprobó una resolución ad hoc. Los organismos de la ONU no solo siguen el pulso de la actualidad, sino que también saben cómo reaccionar ante ellos, especialmente en estos tiempos de pandemia global, cuando lo que está en juego es aún más importante.

Todos los temas a los que usted ha hecho referencia están en el centro de los debates del Consejo de Derechos Humanos. Es aquí, en Ginebra, donde se encuentra el foro en el que todos los Estados del mundo y la sociedad civil pueden discutir y desarrollar los medios que hacen posible proteger a los seres humanos.

Cuando abordamos, por ejemplo, la cuestión del clima y del medioambiente desde el punto de vista de los derechos humanos, colocamos a las personas en el centro del debate. Se trata de evaluar cuáles son las implicaciones para los individuos y cómo se les puede proteger de los efectos del cambio climático y medioambiental, ya sea en términos de seguridad alimentaria, de salud, de bienestar económico, etc. El debate se centra por tanto en cómo los ciudadanos pueden reaccionar y superar esos peligros.

swissinfo.ch: No hay que olvidar que la actuación de un organismo como el CDH coincide con el retorno de una confrontación, también ideológica, entre China y Estados Unidos. Esto reactiva la vieja oposición entre los derechos individuales (cívicos y políticos) y colectivos (económicos, sociales y culturales). ¿No existe de nuevo el riesgo de que esto mine el trabajo del CDH?

V.Z.: El CDH es precisamente el foro para el debate mundial sobre estos temas. Suiza cree que todos los Estados deben participar en este debate. No se puede excluir a este o a aquel Estado sobre la base de su historia, sus actos, sus violaciones de los derechos humanos. De lo contrario, los debates y las decisiones tomadas perderían gran parte de su valor.

Lo que discutimos aquí es importante para todo el mundo, porque todo el mundo puede participar. Partiendo de esta afirmación, es lógico que los países tengan enfoques muy diferentes.

Usted ha hecho alusión a enfoques teñidos de valores culturales. ¿El centro de atención es el individuo o el colectivo? La humanidad es rica en enfoques diferentes. Lo más importante es que estos enfoques puedan estar representados en esos debates, sin excepción alguna.

La confrontación entre Estados Unidos y China es parte de la transición a un nuevo orden internacional que se encuentra todavía en sus albores. Esa tensión produce sus efectos en el CDH, como en todos los organismos mundiales. Pero es precisamente en estos espacios donde estos dos Estados pueden hablar, oírse y forjar compromisos.

swissinfo.ch: La resolución de la Organización Mundial de la Salud sobre la COVID-19 fue aprobada por unanimidad gracias, sobre todo, a la activa diplomacia de la UE. ¿Es esta una buena perspectiva para la ONU, según Suiza?

V.Z.: Totalmente. Creo que la Unión Europea (UE) ha jugado un papel muy importante. En esta fase de tensión ha logrado conciliar dos posiciones opuestas, lo que hizo posible que todos los Estados miembros aprobaran la resolución. Esto demuestra que con la fuerza de la convicción y el peso político se puede fortalecer de verdad el sistema de la ONU.

Esperamos que la UE pueda seguir desempeñando este papel porque comparte unos valores muy cercanos a los nuestros. Desarrollar e impulsar esta dinámica podría dar resultados realmente muy interesantes, incluso para la defensa de los intereses de Suiza.

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