Destinos «suizos» de exreos de Guantánamo
Encerrados ilegalmente durante 8 años, tres ex reos de Guantánamo encontraron refugio en Suiza, mientras que otros tres se toparon con el veto de la administración federal helvética al solicitar asilo. swissinfo.ch les siguió el rastro.
Han pasado más de tres años desde que un uzbeco y dos hermanos uigur –una etnia del noroeste chino – salieron de Guantánamo. A solicitud de EE.UU., Suiza les ofreció un lugar para reiniciar sus vidas.
Hoy, la transferencia de ex detenidos de la base militar estadounidense en la isla de Cuba ha retomado actualidad, tras las renovadas promesas de Barack Obama de cerrar ese símbolo del ‘No derecho’. La atención se centra actualmente en 166 reos aún internos en ese campo-prisión. Pero, entre tanto, ¿qué ha pasado con estos seis exconvictos que consideraron a Suiza como posible destino para refugiarse?
La historia inicia en 2008. Con apoyo del Center for Constitutional Rights de Nueva York y Amnistía Internacional (AI), tres detenidos en espera de ser liberados, presentan una solicitud de asilo a Suiza. Berna rechaza sus expedientes y entonces solo queda el camino del recurso ante el Tribunal Administrativo Federal (TAF).
En 2009, los jueces federales aceptan el reclamo del argelino Abdul Aziz Naji, detenido número 744 en Guantánamo y piden a la Oficina Federal de Migración (OFM) que reexamine su caso. Un año más tarde el TAF pronuncia también su veredicto, positivo, sobre el caso del libio Ra’ouf Abu al-Qassim, detenido número 709. La tercera solicitud, del uigur Adel Noori (detenido número 584), es definitivamente rechazada.
En esencia, el TAF reprocha a la OFM no haber respetado el derecho de estos tres solicitantes de asilo a ser escuchados.
Y cuatro años después, los expedientes de Abdul Aziz Naji y de Ra’ouf Abu al-Qassim aún están sin resolver.
“Esos casos son particularmente complejos”, afirma Michael Glauser, portavoz de la OFM.
Glauser, al invocar el derecho de protección de datos, evita explicar razones sobre la primera decisión negativa y tampoco menciona las medidas adoptadas para responder a la sentencia del TAF.
Entre tanto, esos tres solicitantes de asilo fuera de los típicos parámetros de asilo helvético ya no están en Guantánamo.
Tras ocho años de prisión, sin haber sido jamás formalmente acusados ni procesados, fueron liberados entre finales del 2009 y el 2010.
El uigur, de 44 años, fue recibido por la República de Palaus (una isla en el Océano Pacífico) y, según Denise Graf, de AI, ha obtenido un empleo y formado una familia.
El libio, hoy de 48 años, fue trasferido a Albania, pero, según la ONG, su integración resultó más bien difícil. Tras la caída del régimen de Gadafi, inició los trámites para volver a su país, pero Amnistía Internacional le ha perdido el rastro.
Para Abdul Aziz Naji, de 38 años, las cosas han ido de mal en peor. Repatriado contra su voluntad a Argelia, se encuentra de nuevo tras las rejas. Purga una condena de tres años por terrorismo, con base en las mismas acusaciones sin fundamento tangible que sostuvo EE.UU.
“Su estado de salud mental y físico continua deteriorándose”, comenta su abogado argelino, Hassiba Boumerdassi.
“Se trata de una persona muy introvertida y desconfiada. Evita hablar de Guantánamo, una experiencia que lo traumatizó profundamente. Además, no recibe los cuidados adecuados. Está aislado y, como todos los presumidos terroristas, es tratado muy duramente por los guardias”.
Expediente indeleble
La odisea de Abdul Aziz Naji inicia en 2001 en Pakistán, según el decir de varias ONG, entre ellas, AI y Human Rights Watch (HRW).
Entonces, el joven es voluntario de una organización humanitaria local que ayuda a las comunidades cristinas y musulmanas pobres de Cachemira. Una noche, al llevar víveres a los poblados aislados, es víctima de una mina antipersona. Desde entonces tiene una prótesis en una pierna.
Tras varios meses de rehabilitación luego del accidente, en 2002 se dirige a Peshawar (norte paquistaní) para visitar a un compatriota, pero es detenido por la policía local y entregado a las tropas estadounidenses allí destacadas.
Se le acusa de mantener relaciones con el movimiento radical islamista. Su tarea de voluntario es solo para encubrir sus reales ocupaciones, argumenta EE.UU. Abdul Aziz Naji es trasferido a Guantánamo y torturado, denunciarán después sus abogados.
Tras seis años en el campo-prisión, hace un llamado a la tradición humanitaria suiza, pues las autoridades estadounidenses lo declaran “Cleared for release“ (“limpio de cargos para liberación”).
“Se trata de un modo políticamente correcto de decir que ciertos detenidos ya no eran considerados como ‘enemigos’ de EE.UU., sin admitir oficialmente su inocencia”, explica la jurista Andrea J. Prasow, del programa antiterrorista de HRW.
Naji puede abandonar Guantánamo, pero lleva consigo un expediente indeleble: Con base en las informaciones transmitidas por Washington que lo califican de combatiente peligroso, Suiza rechaza su solicitud de asilo. Una decisión que no convence ni a las organizaciones de defensa de derechos humanos ni al Tribunal Administrativo Federal.
La administración Bush abrió la prisión de Guantánamo (Cuba) para recibir a los primeros detenidos provenientes de Afganistán, en enero de 2002.
De acuerdo con las autoridades estadounidenses, 779 personas fueron recluidas en el marco de la “guerra contra el terrorismo”. Solo siete han sido condenados por “comisiones militares”. La gran mayoría jamás fue acusada formalmente o juzgada por un tribunal.
En enero de 2009, dos días después de su investidura, el presidente Barack Obama firmó undecreto para cerrar ese centro de detención para finales de ese mismo año. Una promesa de campaña que hasta ahora no ha cumplido.
Once años más tarde, 166 personas aún continúan detenidas allí. La mayoría, de origen yemení.
La administración Obama considera que 86 son “liberables”. Esto no quiere decir que se trate de ciudadanos libres. ¿La causa? Algunos países rechazan recibir a exdetenidos de Guantánamo.
En otros, corren el riesgo de tortura. Para otros, el retorno a sus lugares de origen es descartado, pues se trata de regiones consideradas como demasiado inestables.
Como señal de protesta, un centenar de detenidos realizaron una huelga de hambre hace unos meses.
Los militares ordenaron la alimentación forzada de una treintena de ellos. Una decisión deplorada por el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).
En 2010, Suiza recibió a tres exreos, después de criticar varias veces la incompatibilidad de la prisión con el derecho internacional.
La elección fue hecha en función de los expedientes transmitidos por los estadounidenses y de una visita a Guantánamo de representantes del gobierno federal y de varios cantones suizos.
Y sobre los 2 casos que el Tribunal Administrativo Federal solicitó a la Oficina Federal de Migración que reexaminara, los expedientes aún siguen pendientes.
“El miedo a la libertad”
Naji sigue en Guantánamo el 10 de diciembre de 2009, cuando los jueces suizos aceptan su recurso. Pero en julio de 2010, desde Guantánamo es reenviado a Argelia.
“Naji hubiera preferido permanecer en Guantánamo, en lugar de ser devuelto a su país, donde temía volver tras las rejas y ser, de nuevo, torturado”, comenta Rachid Mesli, director de la Fundación Alkarama, una ONG con sede en Ginebra que lucha por el respeto de los derechos humanos en los países árabes.
El caso Abdul Aziz Naji encontró un eco particular en EE.UU. e inspiró un editorial del diario New York Times, intitulado “El miedo a la libertad”. Sus temores se confirman : apenas al aterrizar en Argel, los servicios militares de información lo detienen y conducen a un sitio secreto para interrogarlo. Y esto pese a las garantías que Washington aseguró haber recibido del gobierno argelino.
Gracias a la intervención de sus abogados y de organizaciones de defensa de derechos humanos, Naji fue liberado 20 días después. Fue transferido a su hogar en Batna. “Pero permaneció bajo vigilancia constante de los servicios secretos. Debía acudir regularmente a la caserna militar para ser interrogado”, explica Rachid Mesli.
En enero de 2012, Naji es encarcelado. Ninguna prueba fue aportada para la acusación, asegura el abogado Hassiba Boumerdassi. “Esperamos el veredicto tras presentar recurso. Si la pena de tres años de prisión se confirma, intentaremos pedir su liberación por razones de salud, pues requiere de una nueva prótesis. La ley prevé esta posibilidad si se ha cumplido la mitad de la pena”.
Este caso de Naji no es aislado. Todos los exreclusos de Guantánamo reenviados a Argelia fueron detenidos por los servicios secretos de ese país africano: algunos fueron liberados tras una serie de interrogatorios y otros esperan ser juzgados, explica Katie Taylor, de la ONG británica Reprieve, especializada en el seguimiento de los detenidos de Guantánamo.
La Embajada de Argelia en Suiza no respondió a las preguntas de swissinfo.ch sobre el caso Naji, ni sobre la política de reinserción de exdetenidos de Guantánamo.
La cuestión de la responsabilidad
Aunque el cierre de la controvertida prisión de Guantánamo es una prioridad declarada por la administración Obama, los exdetenidos no están al abrigo de represalias en el país al que EE.UU. los transfiere.
Solicitamos a la Embajada de EE.UU. que nos dijera qué responsabilidades asume Washington al respecto, y qué medidas toma para evitar nuevas violaciones a los derechos humanos y a los Convenios de Ginebra. La respuesta: “No comment”.
Andrea J. Prasow, de HRW, advierte que los acuerdos bilaterales sobre la transferencia de estos exreos son confidenciales. “La práctica estadounidense prevé, sin embargo, un seguimiento de la situación. Washington quiere saber dónde se encuentran estos exprisioneros, lo que hacen, si abandonaron ya el primer país que los acogió y, sobre todo, si han cometido, entre tanto, actividades ilegales”.
Con base en un acuerdo político con Washington, en 2010, Suiza acogió a título humanitario a tres de estos exconvictos, los dos hermanos uigur y el uzbeco, mencionados al inicio de este artículo. Recibieron un trato totalmente distinto al de los otros tres ex reos, cuyos expedientes rechazó Suiza.
Heridas permanentes
Actualmente, los detenidos número 103 y 277 en Guantánamo, es decir los dos hermanos uigur – Arkin y Bathiyar Mahmut– viven en Suiza, en el cantón del Jura, en el noroeste helvético, en un sitio de lengua francófona. Intentamos, en vano, contactarles. Tras su primera aparición ante la prensa, rechazan sistemáticamente las decenas de solicitudes de entrevista que reciben cada mes, en particular, de la prensa internacional.
En la vida diaria, los dos se desenvuelven bien, nos explica Endili Memetkerim, presidente de la Asociación Uigur en Suiza. El más joven, de 37 años, encontró primero un empleo como jardinero, y después, en una empresa relojera. El mayor aún no encuentra trabajo. Toma clases de francés, no sin dificultades para aprender esa lengua local.
Las heridas de Guantánamo no se borran, especialmente para él, indica Denis Graf, de AI. “En Guantánamo vivió experiencias indescriptibles. Osó denunciar los métodos de detención y, como represalia, fue aislado por mucho tiempo”. Además, sufre por estar separado de su mujer y sus hijos. Las autoridades suizas autorizaron que vengan a vivir con él, pero los chinos no les autorizan salir del país”.
Un retorno de estos hermanos a Turkestán oriental está fuera de discusión. “Las autoridades chinas consideran a nuestros exiliados uigur como terroristas”, subraya Endili Memetkerim. « Bajo el actual régimen, corren el riesgo de pena de muerte o una prolongada detención ».
Sobre el uzbeco recibido en Suiza, se sabe poco o nada. De oficio panadero, fue el primero en llegar de Guantánamo a suelo helvético. Las autoridades del cantón de Ginebra lo recibieron y decidieron mantener silencio absoluto sobre su identidad y situación en este país. “Se trata de respetar el derecho al olvido”, explica Carline Widmer, portavoz de la Oficina de Justicia de Ginebra.
Traducción : Patricia Islas
En cumplimiento de los estándares JTI
Mostrar más: SWI swissinfo.ch, certificado por la JTI
Puede encontrar todos nuestros debates aquí y participar en las discusiones.
Si quiere iniciar una conversación sobre un tema planteado en este artículo o quiere informar de errores factuales, envíenos un correo electrónico a spanish@swissinfo.ch.