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Los vuelos frecuentes anulan los avances climáticos de Zúrich

Ilustración de un avión con una cruz suiza emitiendo CO₂ sobre una persona de pie sobre paneles solares, simbolizando el impacto climático de los viajes aéreos y la tensión entre la aviación y la energía limpia.
El transporte aéreo se mantiene como unas de las actividades que generan más emisiones de CO2. Este hecho evidencia la creciente contradicción entre los vuelos frecuentes y los objetivos climáticos de Suiza. Illustration: Kai Reusser / SWI swissinfo.ch

Con una media de más de 10.000 kilómetros de vuelo anuales, la población de Zúrich genera más contaminación climática por persona que todos los sistemas de calefacción, coches, autobuses y energía de la ciudad en su conjunto. 

Las autoridades de Zúrich han promocionado durante años el progreso climático de la ciudad, afirmando que va camino de alcanzar las cero emisiones territoriales netas para el año 2040. Sin embargo, fuera de las fronteras municipales, la ciudadanía de Zúrich contradice esos logros.

Según el último informe climático provisional de la ciudad (Netto-Null-Zwischenbericht, en alemán), alrededor del 16% de la huella climática de la ciudadanía se produce dentro de Zúrich, mientras que el 84% restante proviene de emisiones indirectas basadas en el consumo y generadas en el extranjero.

En conjunto, estas emisiones suman cerca de 11,9 toneladas de CO2 por persona y año, lo que supone un aumento de casi el 20% desde 1990. Este incremento se debe fundamentalmente a las emisiones exteriores, es decir, incorporadas en los bienes y servicios importados. De todos ellos, el transporte aéreo es el que más contribuye, con un 50% más de emisiones de CO2 de media que todas las demás actividades de la población de la ciudad.

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Esta situación plantea un auténtico desafío para las autoridades locales, ya que el gobierno no puede regular libremente fuera de sus fronteras. Por lo tanto, la acción individual constituye la principal forma de luchar contra la contaminación.

«El objetivo climático de Zúrich se puede alcanzar», afirma Sascha Nick, físico y economista que trabaja en transiciones sociales y de consumo en la EPFL, la Escuela Politécnica de Lausana. «Ahora bien, no se va a alcanzar si siguen haciendo lo mismo que hasta ahora».

Análisis de la huella ecológica de Zúrich

Si nos ceñimos al ámbito territorial, la historia de emisiones de Zúrich parece todo un éxito.

En la ciudad, las emisiones directas han caído ininterrumpidamente en los últimos años y alcanzan actualmente las 2,2 toneladas de CO2 por persona. Eso sitúa a Zúrich en el intervalo medio-alto de las ciudades europeas con inventarios climáticos publicados. En comparación, Copenhague, ciudad citada con frecuencia por su combativa acción climática, registró aproximadamente una tonelada de CO2 por persona, mientras que Berlín presentó un promedio de 3,6 toneladas de CO2 por persona en el mismo año.

«Eso confirma que las medidas que hemos implantado a nivel local en edificios, movilidad y energía son efectivas», afirma Andreas Hauri, miembro del ayuntamiento de Zúrich y responsable de la Oficina de Salud y Medio Ambiente.

Sin embargo, la situación en el cielo es bien distinta. En 2024, la población de Zúrich voló de media 10.500 kilómetros por persona, casi el equivalente a un vuelo de ida y vuelta Zúrich-Dubái cada año. Eso representa un aumento de aproximadamente 600 kilómetros respecto al año anterior. Por su parte, las emisiones de los vuelos aumentaron en casi 110 kilogramos de CO2 por persona.

Volar genera en la actualidad unas 3,2 toneladas de CO2 por persona. Esta cifra supera una medición similar llevada a cabo en Génova en 2019, según la cual las emisiones per cápita derivadas del tráfico aéreo alcanzaban las 2,3 toneladas de media. También excede lo que la ciencia considera compatible con el Acuerdo de París: para no cruzar el umbral del 1,5ºC, las emisiones medias per cápita tienen que caer a las 2,7 toneladas aproximadamente para el año 2035.

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Las emisiones que Zúrich no puede regular

Las autoridades de la ciudad afirman que las emisiones derivadas del sector de la aviación responden a factores estructurales más que a una falta de conciencia ambiental. Volar es relativamente barato y accesible, y el alto poder adquisitivo de la población de Zúrich, junto con las conexiones internacionales de la ciudad, intensifican el impacto.

Al contrario de lo que sucede con los edificios, los sistemas de calefacción o los coches, volar no suele escapar al radar de las políticas municipales. La ciudad sólo puede intentar limitar el tráfico aéreo mediante campañas de concienciación y con la promoción de alternativas como el transporte internacional ferroviario o los trenes nocturnos, opciones que dependen en gran medida de la inversión nacional e internacional.

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Los cambios individuales podrían tener una gran repercusión. Así, cuando la mayor parte de los vuelos pararon debido a los confinamientos de la pandemia de COVID-19, la huella climática de la población de Zúrich descendió considerablemente.

«Los años de la COVID-19 nos mostraron la magnitud del problema», afirma Sascha Nick de la EPFL, la Escuela Politécnica de Lausana. «Muestran, a grandes rasgos, cuanto tendría que bajar el tráfico aéreo para que las emisiones bajaran de forma continuada»

Nick y sus coautores estiman que, para alinear el tráfico aéreo con los objetivos climáticos, los kilómetros por pasajero tendrían que bajar a niveles no vistos desde la década de los ochenta, cuando el promedio de viajes por persona era casi siete veces inferior al actual.

Es bastante improbable que las mejoras energéticas del transporte aéreo sean suficientes para lograr reducir las emisiones a niveles sostenibles. Según un análisis encargado por las autoridades de Zúrich, el uso de aviones más eficientes o combustibles más ecológicos no será suficiente para reducir las emisiones a niveles de 1990 para mediados de siglo.

Cómo calcula Zúrich las emisiones individuales

Muchas ciudades tienen residentes que vuelan con frecuencia, pero Zúrich está entre las pocas ciudades que han conseguido calcular las emisiones de carbono individuales de una forma tan precisa. La ciudad combina mediciones directas de CO2 atmosférico con un inventario detallado de emisiones basadas en el consumo.

Como parte del proyecto de investigación europeo ICOS Cities, científicos de los Laboratorios Federales Suizos de Ciencia y Tecnología de Materiales (EMPA) instalaron sensores de alta precisión alrededor de Zúrich para poder medir así cuánto CO2 emite la ciudad.

Las emisiones generadas fuera de la ciudad, también llamadas emisiones indirectas, se calculan usando información detallada de los gastos de la población, sus comportamientos de viaje y las cadenas de suministro.

«Contar con datos fiables de emisiones que se basen en las observaciones atmosféricas es fundamental para respaldar el plan de actuación dirigido a la obtención de cero emisiones netas en la ciudad», afirma Lukas Emmenegger, responsable del trabajo de medición de CO2 de Empa, en Zúrich.

La localidad suiza fue una de las tres ciudades piloto del proyecto ICOS Cities que, junto a Paris y Múnich, ayudó en el desarrollo de nuevos métodos de control y seguimiento del CO2 urbano. Aunque la fase piloto oficial está a punto de concluir, el equipo encargado de la investigación aspira a poder utilizar las herramientas y lecciones del proyecto para apoyar a otras ciudades a la hora de instalar sistemas de supervisión similares.

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La importancia de la brecha

El caso de Zúrich pone de manifiesto que las mejoras locales en eficiencia necesitan ir de la mano de un cambio en los hábitos.

Desde la perspectiva del consumo, Suiza se sitúa entre los países que más CO2 emiten en el mundo. En el 2023, las emisiones relacionadas con el consumo de su población alcanzaron las 13,3 toneladas de CO2 por persona, situándose así junto a Corea del Sur y Australia, por encima de Canadá, Taiwán y Luxemburgo, entre otros países. Sólo algunas naciones, incluidos Estados Unidos y Bélgica, así como varios estados explotadores de energía, registraron mayores emisiones por consumo per cápita.

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Para un país que importa gran parte de lo que consume, este desequilibrio es estructural. A medida que las emisiones territoriales caen, las relacionadas con el consumo de la población en el extranjero desempeñan un papel cada vez más decisivo a la hora de determinar si el impacto climático de Suiza de verdad está en descenso.

«Si nos centramos sólo en lo que sucede dentro de la ciudad o el país, puede parecer que las emisiones están reduciéndose, mientras que el impacto en general no lo está haciendo» afirma Nick. «Llegados a ese punto, el consumo se vuelve decisivo».

ICOS Cities fue un proyecto piloto europeo que aspiraba a encontrar nuevas formas de medir las emisiones urbanas de CO2.

Zúrich, Paris y Múnich, ciudades piloto, combinaron mediciones atmosféricas con inventarios de emisiones.

El proyecto pretendía desarrollar métodos que pudieran usar otras ciudades, en lugar de limitarse a estudios específicos de cada ciudad.

La fase piloto ha terminado y Zúrich tiene previsto integrar este enfoque en su estrategia climática a largo plazo.

Texto original editado por Gabe Bullard. Adaptado del inglés por Cristina Esteban. Versión en español revisada por Carla Wolff.

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