El suizo Roger von Gunten contribuyó a forjar una nueva era artística en México
Aunque es prácticamente desconocido en Suiza, el nombre de Roger von Gunten aparece en todos los manuales de historia del arte mexicanos. Este pintor y escultor, fallecido recientemente, contribuyó a dar forma a la época de la Ruptura.
En la Zúrich de la posguerra, un joven se topó con una entrevista a Paul Klee en una revista. No entendía las imágenes reproducidas, pero le fascinaban, y se llevó el ejemplar a casa. Sus padres le dijeron que estaba loco por plantearse una carrera así.
Sin embargo, Roger von Gunten no solo se convertiría en un pintor y escultor reconocido, sino que también contribuiría al surgimiento, en la década de 1960, de una escena artística completamente nueva: la Ruptura.
Alumno de Johannes Itten
Roger Von Gunten estudió pintura y artes gráficas en la Escuela de Artes Aplicadas de Zúrich, la actual Universidad de las Artes. Allí fue alumno de Johannes Itten, figura del Bauhaus y padre de la teoría del color, quien le marcó de forma duradera. Poco después de graduarse, organizó su primera exposición y luego quiso descubrir el mundo.
En 1956, el joven artista emprendió, en compañía de un amigo, un viaje por la Carretera Panamericana. El viaje debía llevarlos desde Dallas hasta la Patagonia argentina. Pero México cautivó tanto a von Gunten que su viaje se detuvo allí. «Cuando los dos amigos cruzaron la frontera mexicana, el aduanero se fijó en la flauta traversa que llevaba mi padre en la mochila y pensó que se dedicaba al contrabando», cuenta Ives, el hijo de Roger von Gunten. Papá tocó para demostrar que era su instrumento, que se lo había traído de Suiza, e inmediatamente se formó una multitud que aplaudió».
Así fue como el padre les contó a sus dos hijos cómo se había quedado en México. La calidez humana y la apertura de espíritu de la gente, la sensación de sentirse inmediatamente bienvenido: se trataba de un país en plena construcción, en el que él veía una libertad artística.
«La cultura mexicana viene del corazón», lo citó la cineasta suiza Annemarie Meier, también mexicana de adopción, que conocía personalmente al artista.
El mar en el lienzo
El mar fue otro elemento de México que ejerció una atracción mágica sobre este hombre originario de un país sin litoral. Pasó mucho tiempo en Manzanillo, en la costa del Pacífico, como atestiguan hoy las esculturas que adornan las plazas de la ciudad, así como sus cuadros dominados por el azul, con figuras que parecen flotar.
Estos cuadros solían estar salpicados de puntos aplicados con el pincel, creando una neblina entre el motivo pintado y la persona que admiraba la obra: la firma de von Gunten.
«No pienso en el cuadro que quiero pintar. Me pongo delante del lienzo y un niño sale de mí». Así describió un día su proceso creativo a la suizo-mexicana Annemarie Meier.
La lucha antirevolucionaria
La visión de un México abierto, tan querida por Roger von Gunten, se resquebrajaría por primera vez tras su decisión de quedarse allí. Y es que el arte mexicano estaba estrictamente definido y defendido por figuras destacadas que se autodenominaban revolucionarios.
«La concepción que tenía von Gunten del arte mexicano era la del muralismo», explica la crítica y escritora mexicana Julen Ladrón de Guevara. Este movimiento, surgido de la Revolución Mexicana tras 1910, había podido exponer en Europa sus obras sobre la lucha de clases, la crítica al capitalismo y la descolonización, y era conocido en los círculos de izquierda europeos.
«Roger von Gunten llegó a México por curiosidad y se topó con un muro», según Julen Ladrón de Guevara.
Porque no solo los grandes muralistas como Diego Rivera o David Siqueiros, que pintaban en las paredes de edificios gubernamentales y culturales escenas de la vida azteca y de las batallas contra los españoles, no aceptaban ningún otro estilo artístico, sino que tampoco toleraban a los artistas extranjeros.
El propio nombre de su movimiento, la Escuela Mexicana de Pintura, revelaba que se consideraban el único arte válido en el país. El principal aliado, el Estado mexicano, concedía entonces encargos y subvenciones exclusivamente a los muralistas.
Romper con el arte tradicional
Pero los antiguos maestros ya eran de edad avanzada cuando el artista de Zúrich intentó integrarse en la escena local. Ya se podían vislumbrar los tiernos brotes de un nuevo movimiento, cuyos primeros representantes habían traído nuevas ideas de largos viajes. Mientras que los importantes espacios expositivos públicos seguían mostrando únicamente a pintores muralistas tradicionales, los mecenas privados abrían sus propios salones y galerías.
México estaba rompiendo con la tradición. Las nuevas mentes creativas pintaban de forma abstracta, expresaban sus sentimientos en películas y no estaban sometidas a ningún yugo político. Su rechazo al pasado era lo que los unía.
La crítica de arte dio a este nuevo movimiento el nombre que le correspondía: la Ruptura.
Roger von Gunten no solo fue aceptado en esta escena, sino que rápidamente formó su núcleo duro junto con un puñado de otros artistas. La Zona Rosa de México, hoy algo deteriorada, se convirtió en el fértil centro de la Ruptura en la década de 1950.
En las galerías de los acaudalados mecenas Antonio Souza y Juan Martín, o en centros culturales como la Sala Margolín, las y los artistas podían exponer y vender sin depender de los espacios expositivos del Estado.
Pintor y decorador teatral admirado
Hoy en día, Roger von Gunten es mencionado junto a los representantes más conocidos de la Ruptura, como José Luis Cuevas, Lilia Carillo y Manuel Felguérez. El movimiento, que se prolongó desde los años 50 hasta los 70, alcanzó su gran éxito gracias a la «Confrontación 66», cuando el nuevo director del Palacio de Bellas Artes de México expuso por primera vez públicamente a artistas de la Ruptura en 1966.
Posteriormente, von Gunten siguió frecuentando regularmente el «Bellas Artes», ya que diseñó decorados para numerosos teatros y óperas. «El teatro es estresante», dijo un día, «los focos del escenario alteran los colores y el decorado se convierte en algo totalmente distinto de lo que yo había pintado».
Cuando el Estado mexicano se abrió a los nuevos artistas, les concedió un nuevo tipo de apoyo: podían pagar sus impuestos con sus obras. Así, México posee hoy 71 obras originales de von Gunten, con las que liquidó sus deudas fiscales.
La música visual
Cuando tenía que explicar su arte, lo calificaba de «música visual». «La gente dice que el arte abstracto no representa nada. Eso es porque es como la música, en la que tampoco vemos personajes ni paisajes, pero en la que reconocemos estructuras, alturas y profundidades, fuerza y contención», declaró en una entrevista televisiva.
Según su hijo Ives von Gunten, la rutina del artista se caracterizaba por una disciplina muy suiza: levantarse a las seis, desayunar, trabajar hasta las 18:00 y cenar a las 19:00. Después, regaba las plantas del jardín. Para ello, llenaba cubos con el agua de la piscina, que se parecía más a un biotopo que a una piscina para nadar y que, al final, solo servía para saciar la sed de las plantas.
Las plantas del jardín eran una de las principales fuentes de inspiración del artista, y las cuidaba con sumo esmero. «Mi padre nunca dejó de ser suizo». Además de la disciplina que le inculcaron, nunca olvidó la cocina suiza. Ofrecía Birchermüesli y fondue a las personas que invitaba a su mesa.
Un legado artístico en México y en Suiza
Ives von Gunten vive hoy en Suiza y gestiona el legado artístico de su padre. En Suiza, las salas de exposiciones y las galerías siguen mostrándose en gran medida indiferentes a su obra, afirma. Y ello a pesar de que muchos de sus cuadros y esculturas se consideran en México bienes culturales.
Pero Roger von Gunten apenas había hecho esfuerzos en vida por dar a conocer Suiza a través de su arte. Esto se debía también a su actitud hacia la Suiza oficial, sobre todo durante la Segunda Guerra Mundial —una Suiza que, a su juicio, no era lo suficientemente crítica con la dictadura—, explica el crítico de arte Julen Ladrón de Guevara.
En su país de adopción, llegó a organizar 140 exposiciones, la más reciente de las cuales, en Cuernavaca, aún estaba en curso cuando falleció el 18 de febrero de 2026 en Tepoztlán, al sur de Ciudad de México, a la edad de 92 años. En 2014, Roger von Gunten recibió del Estado mexicano la «Medalla Bellas Artes», una de las más altas distinciones para los artistas.
Edición, Marc Leutenegger/me; versión en español, Patricia Islas
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