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Voluntarios que se han sumado al Ejército de Irak para luchar contra los insurgentes suníes, llevan armas y un retrato del ayatolá Ali al-Sistani, la máxima autoridad chií del país. REUTERS/Wissm al-Okili

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Por Alexander Dziadosz y Raheem Salman

(Reuters) - Nayaf está lejos de los palacios de Bagdad y de los combates en el norte de Irak. Sus casas de ladrillos, sus callejones polvorientos y sus oficinas en edificios de concreto no proyectan poder o fortaleza. Pero es ahí, donde los clérigos más influyentes de Irak trabajan en modestas construcciones a la sombra de un templo de cúpula dorada, el lugar en que se da forma al futuro del país.

En sus últimos tres sermones de los viernes, el principal clérigo de Irak, el ayatolá Ali al-Sistani, un asceta de 83 años de una condición casi mitológica para sus millones de seguidores en Irak y otros países, ha tomado su rol más activo en política en una década.

Desde su oficina espartana en la ciudad sagrada de Nayaf, en un callejón protegido por guardias armados, Sistani ha ejercido su dominio sobre los asuntos públicos, demandando a los políticos que escojan un nuevo Gobierno sin demora y, posiblemente, acelerando el fin del mandato de ocho años del primer ministro Nuri al-Maliki.

El clérigo, un solitario que prefiere un papel en las sombras, mostró su nueva postura asertiva el 13 de junio cuando hizo un llamado a los iraquíes a tomar las armas contra la insurgencia suní, la primera fetua de este tipo en un siglo, motivado por el temor a un colapso del Estado, dijeron clérigos que conocen el razonamiento de Sistani.

Decenas de miles de hombres acudieron al llamado, reforzando a un ejército que a ratos pareció a punto de desintegrarse. El posterior llamado de Sistani a un Gobierno amplio también ha sido visto como una reprimenda implícita a Maliki, incluso entre quienes lo apoyan.

El viernes hizo un llamado a los bloque políticos para que escojan a un primer ministro, presidente y jefe del parlamento para el 1 de julio, lo que significa que Maliki podría ser reemplazado en cuestión de días.

"Hoy el camino está claro y hay un calendario. Es como si Sistani los hubiese dejado sin margen de maniobra", dijo un legislador a chií.

Las fetuas también tienen riesgos, en el corto y el largo plazo. Líderes suníes dicen que el llamado a las armas de Sistani avivó el conflicto. Y, más aún, las fetuas vuelven a suscitar el asunto sobre el papel que los clérigos de Nayaf, que tradicionalmente se han mantenido a distancia de la política, juegan en los asuntos de Estado.

"Entregó una fetua que los chiíes no habían tenido en 90 años o más. No se va a retractar. Quiere tener un papel", dijo un diplomático occidental con un profundo conocimiento de la organización clerical.

"Se le consideraría irresponsable si se retira tras entregar una fetua como esa", añadió.

El legislador chií, quien tiene buenas relaciones con el clero lo explica en pocas palabras: "Ahora Sistani es el conductor".

UNA LARGA HISTORIA

Los chiíes tienen que elegir a un clérigo principal, conocido como "marjaa", que les sirva de ejemplo, usualmente alguien que haya obtenido el rango de gran ayatolá tras décadas de estudio en uno de los dos grandes seminarios: Nayaf en Irak o Qom en Irán.

Sistani es canciller del milenario seminario de Nayaf, el más importante de sus cuatro ayatolás y el más seguido en Irak. Para los millones que lo emulan, sus opiniones legales o fetuas no se ponen en duda.

Mohammad Hussein al-Hakim, cuyo padre es uno de los cuatro grandes clérigos de Nayaf, se remonta en la historia para describir cómo los chiíes se sienten amenazados por los suníes radicales que encabezan la insurgencia.

Hace dos siglos, suníes puritanos arrasaron con la ciudad santa de Kerbala, al norte de Nayaf. Sin la intervención de los clérigos, dice Hakim, la historia se hubiera repetido.

"Ahora las capacidades son mayores, las fuerzas destructivas son más potentes y el poder destructivo de las ideas es más grande", dijo en la oficina de caridad para los huérfanos financiada por su padre.

Durante entrevistas con Reuters, clérigos también mencionaron el asesinato en el siglo VII del Imán Ali, una personalidad clave en el historia chií, y la ocupación británica de Irak en la Primera Guerra Mundial, para ilustrar la gravedad del temor que ahora sienten.

Sin embargo, la mayoría de los chiíes no tienen que remontarse tan atrás para recordar una persecución tan grave.

El ex presidente Saddam Hussein, un gobernante suní en un país mayoritariamente chií, prohibió los peregrinajes a Nayaf y Kerbala, asesinó a clérigos y se aseguró de que los lugares sagrados menguaran en el descuido y la pobreza.

Desde que el ejército estadounidense derrocó a Hussein, los chiíes se han hecho con el poder gracias a que son mayoría.

Thaer al-Khateeb, un comerciante de telas de 56 años, dio que la fetua de Sistani salvó al país.

Sostiene que las acusaciones de que los suníes están siendo marginados son exageradas por quienes quieren dar la vuelta en 180 grados.

"No te dejan vivir. Los remanentes del viejo régimen y aquellos cuyos intereses han sido perjudicados por el nuevo régimen", afirmó Khateeb. "Dicen: 'Hemos gobernado por 1.400 años y ahora ustedes van a gobernarnos. Imposible'".

La consecuencia más inmediata del involucramiento de Sistani puede ser acelerar la formación de un nuevo Gobierno, un proceso que tomó nueve meses la última vez en 2010, lo que probablemente adelantaría el fin del mandato de Maliki.

(Reporte adicional de Ned Parker e Isra' al-Rubei'i; Editado en español por Javier López de Lérida)

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Reuters