Iniciativa sobre inmigración: “Sería un regreso forzado”

Michael Obrist vive y trabaja en la Unión Europea desde hace diez años.

La iniciativa para limitar la inmigración se centra en la llegada de mano de obra extranjera a Suiza. Aunque si esta propuesta saliera adelante y se pusiera fin al acuerdo sobre la libre circulación de personas, también tendría consecuencias directas en la cantidad de suizos que viven y trabajan en los países de la UE y de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA).

Este contenido fue publicado el 01 septiembre 2020 - 09:13

Unos 460 000 suizos viven en algún país de la Unión Europea (UE). Y todos ellos se verán directamente afectados si el 27 de septiembre se acepta la iniciativa para limitar la inmigración presentada por el partido Unión Democrática de Centro (UDC, derecha conservadora). A través de una declaración, la Organización de los Suizos en el Extranjero (OSE) ha manifestado sin rodeos que las consecuencias de un voto afirmativo serían “una catástrofe” para la denominada Quinta Suiza.

No obstante, la población suiza residente en el extranjero tiene un papel insignificante en el debate abierto en torno a esta propuesta. Los argumentos del comité de iniciativa publicados en el folleto oficial del referéndum solo hablan de la inmigración extranjera que llega a Suiza, y no dicen nada sobre los movimientos migratorios en la otra dirección. El Gobierno y el Parlamento, por su parte, piden que se rechace la iniciativa, pero se centran en el acceso al mercado interior europeo.

Una cuestión que no interesa únicamente a las empresas de exportación, sino también a los ciudadanos suizos que quieren vivir y trabajar en la UE.         

La economía suiza ya es europea

“La Suiza del siglo XXI es inconcebible fuera de Europa y sin la libre circulación de personas”, escribe en su publicación En casa en Europa el Nuevo Movimiento Europeo Suizo (NOMES). 

Destaca, sobre todo, la proporción de la mano de obra europea en diversos sectores de actividad en Suiza.

En el comercio al por menor al menos el 20% de los empleados son ciudadanos europeos. Esta proporción sube hasta el 25% en el caso del personal de enfermería y a un tercio en el de los médicos. Incluso en la agricultura, una quinta parte de la mano de obra procede de países de la zona UE/EFTA. Todos ellos pueden trabajar en Suiza gracias a la libre circulación de personas.

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Este es el caso de Michael Obrist, que hace seis meses ha vuelto a Viena, donde trabaja para una empresa emergente de asesoramiento en cuestiones de digitalización. Durante los últimos diez años que ha vivido en el extranjero ha visto las ventajas que, en muchas áreas, tienen los estrechos lazos entre Suiza y la UE, tal y como explica en una llamada de teléfono a través de WhatsApp. Y es que utilizar los canales de comunicación habituales es relativamente caro porque Suiza no está asociada a la supresión de las tarifas de itinerancia en la UE. 

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Para realizar sus estudios Michael Obrist aprovechó los acuerdos bilaterales firmados entre Suiza y la UE. “Gracias al programa Erasmus, pude estudiar un semestre en Viena. Entonces se podía sin complicaciones”, dice. Y cuando decidió continuar su máster en la capital austriaca, pudo transferir los créditos que había obtenido en la Universidad de Berna sin ningún problema.  

El ejemplo de Erasmus

Para los estudiantes suizos seguir sus estudios en Europa es más difícil que antes de 2014 y ahora tienen a su disposición menos opciones. Una de las víctimas directas de la iniciativa popular contra la inmigración masiva aprobada aquel año fue el programa de intercambio de estudiantes Erasmus.

Erasmus es uno de los programas de estímulos europeos más conocidos y permite realizar estancias universitarias en todo el continente. Tras la votación de 2014, Suiza pasó de ser miembro a ser socio, lo que ha provocado una gran conmoción en círculos académicos.

En la actualidad se llevan a cabo esfuerzos para que Suiza se reintegre en el programa. La Unión de Estudiantes Suizos (UNES) y el Consejo Suizo de la Juventud tienen en marcha una campaña para que Suiza se reincorpore al programa Erasmus el próximo año. A este respecto sería un gran revés que la iniciativa para limitar la inmigración se apruebe.

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Y luego se benefició a nivel profesional. Al terminar sus estudios, su primer trabajo le llevó a Berlín, donde también pudo establecerse sin dificultades. Antes de ser autónomo por un tiempo, trabajó para una empresa emergente en el sector de la educación. Así resume Michael Obrist su experiencia: “Como suizo en la UE, he podido disfrutar de una gran movilidad profesional y libertad de empresa. De lo contrario, no habría podido vivir como lo hago”.    

Sobre todo en el campo de las empresas de nueva creación es donde ha podido ver lo estrecha y profunda que es la cooperación transfronteriza. Las sinergias son particularmente fuertes en la zona de Alemania, Austria y Suiza. “En cada uno de estos tres países, en el ámbito de las empresas de nueva creación, adquirir experiencia en el extranjero o contratar personal de otro país es crucial”.

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Y, en tercer lugar, también se ha beneficiado en el ámbito privado. Michael Obrist regresa a Suiza con regularidad, donde mantiene un estrecho contacto con su familia y amigos. “Para mí es muy importante que pasar de un país a otro sea fácil”. Y comenta que, cuando las fronteras se cerraron temporalmente debido a la pandemia, algunas personas fueron conscientes de la situación privilegiada en la que nos encontramos.

Es difícil predecir cuáles pueden ser las consecuencias exactas de aceptar la iniciativa que limita la inmigración, pero cabe esperar una incertidumbre jurídica; y miles de suizos que viven en el extranjero corren el riesgo de que se anulen sus permisos de residencia. Para Michael Obrist está claro que “es irracional poner en peligro las buenas relaciones” con la UE. Asimismo, está convencido de que si Suiza decidiera prescindir de los acuerdos con la UE, implique lo que implique la vía unilateral, sería una manifestación de arrogancia. “Y esto puede tener un efecto bumerán”.  

Michael Obrist cree que las cosas serían más difíciles, también para él, tanto en el plano profesional como en el privado. Está claro que podría volver a Suiza. “Pero sería un regreso forzado”.

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