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Una vía para regularizar el empleo sumergido

Solamente en el cantón de Ginebra hay entre 4 y 5 mil empleadas domésticas.

(Keystone)

Mientras el Gobierno suizo se dispone a prohibir por ley el trabajo negro, varios cantones adoptan sistemas que garantizan una protección social mínima a la mano de obra clandestina.

La sociedad privada valesana ‘Top Relais’ ha sido pionera en este campo.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el trabajo negro cuesta cada año 37.000 millones de francos suizos a la economía helvética, lo que representa un 9% del Producto Interno Bruto (PIB).

Los sectores donde hay más economía sumergida son el de los servicios domésticos (limpieza, jardinería, cuidado de los niños), la agricultura, la construcción, la hostelería y la restauración, en los que trabaja una alta proporción de mano de obra extranjera.

En muchos casos los empleados carecen de permiso de trabajo o realizan una actividad remunerada sin contrato. Esas personas trabajan en condiciones irregulares y, por consiguiente, no están registradas en la seguridad social.

Es la situación habitual en la que vive la gran mayoría de las empleadas domésticas, cuyo número oscila entre 4.000 y 5.000 solamente en el cantón de Ginebra, según estiman los sindicatos.

Esas mujeres no están aseguradas en caso de accidente o enfermedad, no perciben una indemnización por desempleo si pierden su trabajo y tampoco cotizan al seguro de vejez e invalidez.

Un trámite sencillo, sin gran papeleo

Varios cantones de la Suiza de expresión francesa han adoptado medidas para proteger a los trabajadores clandestinos, siguiendo el ejemplo de la comuna de Martigny, en el cantón Valais, pionero en la materia.

Creada en el año 2000, la empresa ‘Top Relais’ S.L. ofrece a sus clientes un sistema sencillo para regularizar la situación de los empleados domésticos que trabajan en negro.

Lo habitual es que la gente los contrate sin registrarlos en la seguridad social “por simple comodidad” o “por rechazo al papeleo”, explica Fabienne Giroud, directora de ‘Top Relais’. “En ese sentido, nuestra empresa funciona como una agencia fiduciaria”, precisa.

El procedimiento es muy sencillo. El contratante paga por adelantado un importe global destinado a cubrir las prestaciones sociales. Y la empresa ‘Top Relais’ se ocupa de los trámites y de abonar la suma pactada al seguro correspondiente.

Clientela suiza

El sistema está basado en las experiencias francesas de los cheques de empleo: contratante y contratado rellenan una ficha en la que consta el número de horas trabajadas y el salario neto percibido.

El descuento equivale al 27,5% del sueldo neto en el que está incluida la comisión que cobra ‘Top Relais’ por los trámites administrativos.

La empresa cuenta hoy con 130 clientes en el Bajo Valais, la zona francófona del cantón, y gestiona una masa salarial que ronda los 400.000 francos anuales.

“Nuestra clientela (contratantes) es suiza. No disponemos de estadísticas, pero diría que también entre los beneficiarios hay más suizos que extranjeros”, explica a swissinfo Fabienne Giroud.

“La gran mayoría es gente que realiza tareas domésticas, de limpieza o de jardinero, en hogares privados”, aunque el sistema puede aplicarse a otros sectores.

Otros cantones siguen el ejemplo

Mientras a escala federal las autoridades quieren promulgar una ley contra el trabajo negro – el Parlamento debatirá el proyecto previsiblemente en marzo –, varios cantones (Vaud, Friburgo y Neuchâtel) se proponen seguir el camino emprendido por la sociedad privada de Martigny.

Ginebra introdujo en enero pasado un sistema similar denominado ‘Cheque Servicio’, siguiendo el ejemplo de la experiencia valesana de los ‘Cheque Relais’.

El objetivo primordial es proteger a los trabajadores clandestinos, pero también sensibilizar a quienes los contratan sobre sus responsabilidades y obligaciones sociales.

Además, es un sistema del que pueden beneficiarse también los ‘sin papeles’, ya que las informaciones sobre su actividad laboral son tratadas de forma confidencial, es decir, no son transmitidas a la policía de extranjeros.

“La represión policial no lleva a ningún sitio”, sostiene Romolo Molo, de la Unión Sindical Suiza. Se sabe por experiencia que los despidos acarrean un aumento del trabajo negro, sobre todo en una situación coyuntural difícil como la actual.

Por esa razón Molo valora el carácter confidencial y anónimo de los datos en el sistema ginebrino. “Es un paso en la buena dirección”, concluye.

swissinfo, Belén Couceiro

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