La democracia no se construye de hoy a mañana
Estados Unidos no tiene la voluntad ni la capacidad para guiar a Irak a la democracia, a juicio del experto suizo en asuntos del Próximo Oriente, Arnold Hottinger.
En entrevista con swissinfo, Hottinger precisa que la reestructuración radical, propuesta por Washington, ya tropieza con resistencia.
Si la guerra se prolonga y aumenta el número de víctimas, podrían surgir – según Hottinger -, movimientos insurgentes en los Estados vecinos.
swissinfo: ¿Cuánto tiempo calcula que la guerra dure?
Arnold Hotinger: Es difícil predecir, tal vez no mucho. Si los estadounidenses tienen bastante suerte, podría terminar rápido. Una semana en el mejor de los casos y un mes en el peor, diría yo.
swissinfo: ¿Cree probable una capitulación iraquí, o que las tropas de EEUU. y sus aliados vayan hasta el fin, a costa de un alto número de víctimas?
AH: Habrá seguramente una capitulación parcial, pero no creo que lo haga el gobierno central. No corresponde a la sicología de Saddam. Él proclama la resistencia, y la pregunta es cuánto más le apoyarán sus unidades.
Tampoco es predecible el efecto que la guerra de Irak tenga en los regímenes y poblaciones de los otros Estados árabes.
Si los combates en Bagdad se prolongan, podría poner en riesgo a otros regímenes del mundo árabe, en los que es necesario diferenciar la opinión del pueblo de la de los regímenes.
La población ya está consternada por lo que está ocurriendo con la gente en Irak. Las imágenes de los muertos y heridos iraquíes podrían desencadenar protestas callejeras y en el pero de los casos levantamientos contra sus gobiernos, por ejemplo en Egipto o Jordania.
¿Qué pasará después de la guerra?
AH: La posguerra es más delicada que la guerra. El desenvolvimiento de la guerra es cuestión de suerte y de la buena o mala estrategia. Pero la gran incógnita es lo que pasará después.
¿Cuán realista es la idea de la Administración Bush de derrocar por las armas a Saddam e instalar una democracia en Irak, una que sería ejemplar para otros Estados de Próximo Oriente?
AH: Los denominados neo-conservadores en la Administración Bush quieren modificar todo el Próximo Oriente, cambiar la forma de manipulación. Eso me parece irreal, porque Irak es un país difícil de gobernar.
Por otra parte, Estados Unidos ya ha dicho que quiere incorporar en los ministerios iraquíes a personas que hasta ahora ocupaban situaciones medias o bajas y darles asesores estadounidenses.
La reacción del mundo árabe a estos planes es que implique el retorno al colonialismo, tal como ocurrió entre 1882 y 1952, cuando Egipto fue prácticamente gobernado por los ingleses.
Mientras haya un ejército ajeno en el país, es un país ocupado. Eso lo saben bien los árabes por su historia, y a ello se oponen tanto en el mundo árabe como en Irak.
¿Es decir que usted ve con escepticismo los planes del gobierno de Estados Unidos, de usar esta ruta para construir las «nuevas» naciones?
AH: Sí, pero debo precisar que la democracia en Irak es una aspiración válida, aunque no lo es mediante la ocupación militar prevista por Washington.
No es posible con personas que no tienen la paciencia ni la empatía necesarias con la población local. Para lograr esa meta, Estados Unidos tendría que invertir entre 20 y 30 años, y no creo que esté dispuesto a hacerlo.
¿Fue Afganistán, en cierta forma, un campo de ensayo de la nueva política de Bush, e Irak el gran proyecto?
AH: Sí y no. Hoy sabemos que personas como el viceministro de Defensa, Paul Wolfowitz, partidarios francos de la guerra contra Irak, lucharon para atacar allí primero y no en Afganistán.
Y ello porque Irak queda en un sitio estratégico de importancia mundial. Irak es verdadero punto neurálgico en Próximo Oriente, y aquí entra también en juego Israel. Si Washington pretende modificar el Pr’oximo Oriente, deberá hacerlo en una atmósfera amigable para Israel, y eso es irreal.
Los «realistas» en la administración Bush, entre ellos Colin Powell, insitieron en que la acción en Afganistán era prioritaria, por cuanto allí estaban los talibán y Bin Laden. Finalmente llegaron a un compromiso, el de atacar primero Afganistán y después Irak. El ejército recibió la orden en ese sentido.
Usted se ha referido a Israel, pero a Estados Unidos le interesa también asegurar su acceso al petróleo en Próximo Oriente. ¿Qué otro factor interviene en la situación?
AH: Los planes de la Administración Bush de remodelar Próximo Oriente. Además de Israel están los grandes intereses de Estados Unidos. Según la concepción del sector neo-conservador en el gobierno, Próximo Oriente debe pasar de ser una región escéptica con Estados Unidos a una pro-estadounidense.
Las razones para el escepticismo de Washington hay que buscarlas en gran medida en la cuestión de Israel, pero también en la historia mundial de los últimos 50 años. Los países árabes eran Estados que se apoyaban en la ex Unión Soviética para hacer contrapeso a Israel y Estados Unidos.
¿Cómo cree que cambiarán las relaciones de Estados Unidos con Arabia Saudita si cae Saddam Hussein? Arabia Saudita es considerada, desde hace mucho, como una gran aliada de EEUU.
AH: Sí, así es. Esa unión empezó a principios de 1945. Se basó en la fórmula «Petróleo de Arabia Saudita a cambio de garantías de seguridad de Estados Unidos». Esa asociación se ha vuelto ciertamente frágil, pero no ha terminado, porque para ambos es un principio existencial.
Las relaciones con Arabia Saudita ya no son tan estables como antes, entre otros, porque no se sabe cuál será el futuro del régimen expuesto a un cambio de dinastía y a problemas financieros.
Además, los estadounidenses se han vuelto más críticos con Arabia Saudita. Reprochan a los sauditas de ser muy condescendientes con el Islam y de financiar grupos islamistas.
¿Diría Usted que Estados Unidos encara sobre todo una misión ideológica o que antepone los aspectos pragmáticos tales como el acceso al petróleo?
AH: Eso depende de quien hable. Los neo-conservadores en el entorno de Bush son ideólogos, gente cuya visión es Estados Unidos como la única super-potencia. Según su postulado, debe afirmar sus raíces en todas partes y plantarlas donde no sea el caso para evitar la aparición de otra potencia similar.
George W. Bush depende hoy de la influencia casi exclusiva de esta gente. Claro que son ideólogos inteligentes, pero con ideologías intrincadas. Son inteligentes y tienen asimismo intereses materiales, porque, dicen, para construir semejante imperio hay que controlar, entre otros, el petróleo.
¿Es Irak el único blanco de Estados Unidos, o Washington tendrá a otros Estados en la mira?
AH: Es necesario diferenciar lo que la gente piensa de lo que yo pienso. Los neo-conservadores creen que otros Estados deben alinearse en el nuevo eje definido por Estados Unidos o correr el riesgo de la guerra.
Por eso se menciona a menudo los «Estados infames o Estados irresponsables», entre ellos a Irán o Siria.
No obstante, me parece irreal que los planes de esos ideólogos se cumplan. Presumo que los estadounidenses se verán en Irak ante tantas dificultades que no podrán avanzar.
Con el tiempo otro gobierno relevará en Estados Unidos a la Administración Bush. Y ese nuevo ejecutivo podrá tal vez tomar otro camino, trazar otras metas y establecer nuevas prioridades.
¿Qué significa la guerra en Irak para la lucha contra el terrorismo, iniciada a partir de los atentados del 11 de septiembre?
AH: Creo necesario decir que los neo-conservadores están explotando, conscientemente, el gran impacto provocado por los atentados en Estados Unidos. De otro modo no hubieran conseguido el respaldo de su propia población.
Predican la guerra para combatir el terrorismo, aunque en realidad tratan de esgrimir estas guerras locales para extender el imperio estadounidense. Mezclaron ambas cosas para alinear a los estadounidenses.
En los hechos, la guerra contra Irak perjudica a la lucha contra el terrorismo. Dará nuevos motivos a los terroristas y distrae la atención del combate al terrorismo. A los terroristas hay que enfrentar con medios policiales, financieros y diplomáticos.
¿Es aún concebible la paz en Próximo Oriente, si no se resuelve el conflicto entre Israel y los palestinos?
AH: No una paz duradera, pero es posible el cese de hostilidades. Esto es lo primero que se debe lograr para tratar de resolver luego el verdadero conflicto. Ya estuvimos cerca y parecía que el proceso funcionaría, pero al final, los israelíes no aceptaron la solución de dos Estados, boicotearon las iniciativas y rompieron los esfuerzos de pacificación.
Volvamos a Irak. Vendrá la posguerra. ¿Ve usted posibilidades de que Suiza asuma acciones que vayan más allá de su compromiso humanitario y derecho internacional?
AH: Sólo, no. Hacer eso hoy en día es ridículo, porque se trata de problemas serios, de asuntos que incumben al mundo. Como miembro de Naciones Unidas, Suiza puede desempeñar un papel.
Una cosa es cierta, si los estadounidenses ven que no es fácil «construir una nación», volverán la mirada a la ONU. Ahí es donde la pequeña Suiza podría contribuir a la solución de éste o aquel problema».
Entrevista de swisinfo: Rita Emch y Jonathan Summerton.
(Traduccion: Juan Espinoza)
Arnold Hottinger es periodista especializado en asuntos del Próximo Oriente.
Fue corresponsal suizo del diario zuriqués ‘Neue Zürcher Zeitung’ y de la radio suiza de expresión alemana.
Es considerado como el mayor conocedor de la región del Próximo Oriente.
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