Cómo el franco suizo se convirtió en una de las monedas más confiables del mundo
¿Cómo se convirtió el franco suizo en una de las monedas más confiables del mundo? Desde el caos monetario del siglo XIX hasta su condición actual de refugio seguro global, esta es la historia de su surgimiento y de por qué inspira tanta confianza.
A comienzos del siglo XIX, el sistema monetario suizo era un caos. No existía una moneda única: circulaban simultáneamente cientos de monedas distintas, entre ellas piezas cantonales, municipales, eclesiásticas y extranjeras. La gente pagaba con lo que tenía a mano y calcular precios podía convertirse en un rompecabezas matemático.
En aquella época, los cantones funcionaban como cuasi Estados soberanos, cada uno con su propia moneda, su propio sistema de aduanas e incluso su propio huso horario. El comercio entre regiones era un desafío logístico bajo reglas que cambiaban constantemente.
Según el economista suizo Ernst Baltensperger, el problema no era sólo la cantidad de monedas, sino su calidad: algunas contenían la cantidad prometida de oro o plata, y otras no. Nunca se sabía con seguridad cuán «auténtico» era el dinero que se recibía en el comercio.
Los primeros intentos de orden, de Napoleón
La Antigua Confederación —un conjunto disperso de 13 cantones, aliados, bailías comunes y otros territorios anexos— desapareció con la invasión francesa de 1798. Entonces, Suiza se convirtió en una república «única e indivisible” según el modelo galo, en la que los cantones no eran más que simples prefecturas. Mientras la situación política permanecía tensa, Napoleón impuso su mediación en 1803: transformó a Suiza en un país constituido por 19 cantones autónomos y paritarios provistos de una Dieta común. La historiografía reciente ve en esta Acta de Mediación el comienzo de la Suiza «moderna».
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El día en que Suiza se convirtió en país neutral
El primer intento serio de introducir orden vino de la mano de Napoleón Bonaparte. En 1798, tras la creación de la República Helvética, impuso una moneda única: el franco helvético, inspirado en el sistema francés. Pero apenas cinco años después, con el colapso de la República Helvética, los cantones recuperaron el derecho de acuñar su propio dinero.
El nacimiento del franco suizo
El punto de inflexión llegó en 1848, cuando Suiza se constituyó como un Estado federal moderno. La unidad política requería unidad económica, incluida la existencia de una moneda nacional.
La elección se reducía a dos opciones: el franco francés o el florín del sur de Alemania. Se eligió el franco, que hacia mediados del siglo XIX era considerada una de las monedas más estables y respetadas de Europa.
El franco suizo quedó fijado en 4,5 gramos de plata, y en 1860 el país adoptó el patrón oro. Se mantuvo estrechamente vinculado a la moneda francesa hasta la Primera Guerra Mundial.
El ascenso de una moneda refugio
El periodo de entreguerras lo cambió todo. Mientras las monedas vecinas perdían valor, el franco suizo se fortalecía de manera constante.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el Banco Nacional Suizo contribuyó a estabilizar el franco adquiriendo grandes cantidades de oro, incluido oro proveniente de la Alemania nazi. Este episodio sigue siendo controvertido y todavía se debaten sus implicaciones entre voces expertas. También existen registros de que en 1923, durante la hiperinflación alemana, Adolf Hitler viajó a Suiza para recolectar donaciones en francos suizos.
Tras el colapso del sistema de Bretton Woods en los años 70 —que fijaba los tipos de cambio respecto al dólar estadounidense— el franco se volvió totalmente convertible y su reputación siguió creciendo.
Hoy, el franco suizo es considerado como un símbolo de fiabilidad y una moneda refugio. En tiempos de turbulencia política o financiera, se recurre a él. Esa confianza se sustenta en varios factores: la neutralidad suiza, una economía resistente, una política monetaria independiente y la confianza en la estabilidad de las instituciones del país.
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El éxito también trae desafíos. Un franco suizo fuerte encarece las exportaciones suizas, una preocupación persistente para el banco central.
Otro aspecto característico es su diseño: los billetes suizos se consideran entre los más bellos del mundo y el billete de 1.000 francos es el de mayor valor en circulación general en el planeta.
Además, los billetes suizos son de los pocos cuyo diseño es predominantemente vertical y no horizontal.
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Artículo original revisado por Igor Petrov, adaptación al español de Patricia Islas
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