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La tragedia en EEUU comienza a tomar la apariencia de cifras

La nube de humo persiste todavía en el que fuera World Trade Center de Nueva York Keystone

Poco menos de 200 muertos en el Pentágono, en Washington, y más de 4.700 personas desaparecidas en Nueva York, es el primer balance oficial anunciado este jueves. Al menos dos suizos perdieron la vida a bordo de los aviones secuestrados. Las acciones de rescate prosiguen con calma, la población reanuda sus actividades y se intensifican las investigaciones para detener a los culpables. El presidente Bush habló telefónicamente con líderes de Rusia, Francia, Gran Bretaña y China.

Los ocho millones de habitantes de Nueva York empiezan a aceptar la idea de no ver más el perfil imponente de las torres gemelas del World Trade Center y retoman sus labores cotidianas.

El alcalde de la famosa urbe de hierro, Rudolph Giuliani informó a la prensa que hasta ahora se ha rescatado con vida a 4 personas e identificado a 46 víctimas fallecidas. A medida que pasa el tiempo desaparecen las esperanzas de encontrar más supervivientes entre los escombros.

Por su parte, la policía federal de Estados Unidos, FBI, sigue varias pistas que podrían llevar hasta los autores de la hecatombe del martes. En Boston y Florida fueron interrogadas varias personas, y algunos indicios aumentan la presunción de que el extremista islámico Osama bin Laden, aparentemente refugiado en Afganistán, estaría detrás de los atentados.

Según los informes policiales, unas 50 personas, entre ellas unos 24 terroristas suicidas, habrían tomado parte en los ataques. Los primeros rastros de los sospechosos conducen a la ciudad alemana de Hamburgo, donde se procedió al allanamiento de una vivienda que habría sido ocupada por tres terroristas. Dos de ellos habrían recibido instrucción aérea en una escuela de Florida.

Precauciones

Ante la eventualidad de una réplica militar, el personal de Naciones Unidas, así como de todas las organizaciones humanitarias en Afganistán han dejado el país. El régimen talibán estaría dispuesto a dialogar con Washington sobre una posible extradición de bin Laden, siempre y cuando se compruebe que es el culpable.

«Hemos identificado a los piratas del aire», afirmó Robert Mueller, director del FBI en una rueda de prensa en la sede de la organización en Washington. «También hemos identificado a numerosas personas que han estado relacionadas con los secuestros de los aviones», precisó.

La Casa Blanca como objetivo

Los estadounidenses supieron también con pavor que la Casa Blanca y el avión presidencial, Air Force One, figuraban entre los objetivos potenciales de los aviones suicidas.

«Existen informes reales y creíbles según los cuales la Casa Blanca y Air Force One eran objetivos de los atentados terroristas y que el avión que se estrelló contra el Pentágono se dirigía contra la Casa Blanca», precisó a la prensa el portavoz de la presidencia, Claire Buchan.

Añadió que ese dato fue en parte responsable de la modificación del itinerario de regreso del presidente a Washington, después de los atentados. George W. Bush habría sido criticado el martes por el atraso con que llegó a la capital, en tales momentos de crisis.

Determinación del presidente

«Los ataques deliberados y mortíferos que se han llegado a cabo contra nuestro país fueron algo más que actos de terror. Fueron actos de guerra», declaró el presidente Bush, al mismo tiempo que prometía, una vez más, perseguir a «un enemigo que intenta ocultarse, pero que no lo podrá hacer por siempre».

El presidente juzgó que las amenazas de los terrositas eran «sensiblemente reducidas», según sus términos, después de que «miles de víctimas» perecieran el martes en los atentados y en los cuatro aviones secuestrados, que se estrellaron contra los símbolos del poderío estadounidense y en Pensilvania.

Únicamente en Nueva York, miles de personas se encontraban en las Torres Gemelas cuando los edificios se derrumbaron, según comentó el alcalde Giuliani. Normalmente unas 40.000 personas trabajaban en las dos torres.

259 hombres en uniforme, bomberos y policías, que llegaron enseguida tras el primer atentado, desaparecieron después bajo los escombros de las dos torres de 110 pisos y de un inmueble contiguo de 47 pisos, que también se derrumbó.

2.000 heridos

Más de 2.000 personas están siendo atendidas en los hospitales neoyorquinos asediados por periodistas y familiares angustiados. En el Pentágono, cerca de Washington, se teme por la muerte de varios centenares de personas, pero el Ministerio de Defensa se niega por el momento a «especular sobre el número de víctimas».

A pesar de la tragedia, Nueva York intenta recuperar su normalidad. En Washington, en donde la guardia nacional vigila los principales centros urbanos y con las banderas a media asta, miles de funcionarios regresaron a sus trabajos y el Congreso reinició sus actividades.

Unidos, solidarios y en cólera, los parlamentarios han ofrecido un apoyo incondicional al presidente George W. Bush. Por todos lados, los estadounidenses, han afluido por millares a los centros especializados para ofrecer sangre en solidaridad con las víctimas.

swissinfo y agencias

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