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¿Cómo restituir el dinero robado para que beneficie a la población?

Un reloj de oro blanco con diamantes que perteneció al exjefe de los servicios de inteligencia peruanos Vladimiro Montesino, fue incautado en Perú en 2000 y subastado en 2014. Keystone / Martin Mejia

Para evitar que el dinero de los potentados vaya a parar de nuevo a manos corruptas, Suiza restituye los fondos a los países afectados en forma de proyectos de desarrollo. Algunos critican este enfoque por considerarlo “paternalista”.

Este contenido fue publicado el 22 febrero 2021 - 08:40

Durante mucho tiempo, Suiza ha sido considerada como un refugio del dinero fruto de la corrupción. El país alpino quiere sacudirse esta imagen. Suiza va más allá que cualquier otro país en el mundo: concede asistencia judicial de forma espontánea, es decir, informa al Estado concernido del hallazgo de fondos de origen sospechoso, antes de que este le envíe una comisión rogatoria. Ahora Suiza ha encontrado una solución para repatriar el dinero desviado por gobernantes corruptos, en el caso de que el procedimiento de asistencia judicial fracase o si cabe esperar que los fondos restituidos terminen nuevamente en la corrupción en un Estado fallido. El dinero se devuelve, pero se destina a la financiación de “programas de interés públicoEnlace externo”.

Hasta la fecha son pocos los países que repatrían los fondos de esta manera. El Ministerio de Asuntos Exteriores tiene conocimiento de los casos de Estados Unidos, Reino Unido y Jersey, cuyas restituciones tienen un componente de desarrollo. Greta FennerEnlace externo, directora del Centro Internacional para la Recuperación de Activos (ICAR por sus siglas en inglés) en el Instituto de Basilea sobre Gobernanza, que está especializado en la repatriación de fondos de procedencia ilícita, declara: “Cuando se identifican fondos, Suiza suele ser muy eficaz, creativa y progresista a la hora de prestar asistencia”.

Un enfoque “paternalista”

Esa “ayuda creativa”, sin embargo, no siempre es recibida con entusiasmo en los países afectados. Y es que en lugar de ingresar el dinero en las arcas estatales, Suiza quiere saber y decidir en qué se va a utilizar el dinero. Es más, Suiza incluso pretende que estos fondos sirvan para alcanzar objetivos de desarrollo, tal y como demuestra el caso Kazajistán de 2007.

El modelo Kazajistán

En 2007, Suiza, Estados Unidos y Kazajistán, con la participación del Banco Mundial, negociaron una solución novedosa para devolver el dinero obtenido de sobornos al país exsoviético. Se creó una fundación kazaja para que los fondos repatriados se destinaran a familias pobres. Y el Banco Mundial se encargó de supervisar que así fuera.

Aunque con el dinero se pudieron mejorar las condiciones de vida de algunas familias kazajas, Suiza no quedó del todo satisfecha. Según el Ministerio de Exteriores, la restitución de los fondos debería haber sido “relevante para el desarrollo”, señala el periodista y experto en temas de corrupción Balz Bruppacher en su libro Die Schatzkammer der DiktatorenEnlace externo (La cámara del tesoro de los dictadores). Aun así, el modelo Kazajistán obtuvo un gran reconocimiento internacional”, dice Bruppacher.

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“Desde luego, el dinero pertenece al Estado al que debe devolverse”, sentencia Fenner. Pero si el Estado en cuestión está comprometido en luchar contra la lacra de la corrupción, tiene interés en que el dinero se invierta estratégicamente y se supervise minuciosamente en qué se utiliza.

La oenegé Public Eye acoge con satisfacción que los fondos devueltos se destinen a proyectos concretos, en lugar de ingresarlos en las arcas del Estado. “Se trata de un enfoque un tanto paternalista, pero es la mejor manera de asegurarse de que la población en su conjunto se beneficie de la restitución”, escribe Oliver Clanssen, de Public Eye.

El periodista Balz Bruppacher entiende tanto la preocupación de Suiza por que el dinero vaya a parar de nuevo en manos corruptas, como también el enfado que produce esta injerencia en los países afectados: “No podemos hacer oídos sordos a los reproches de que Suiza les ha quitado el dinero y ahora pretende decirles lo que tienen que hacer con él”, dice. Por esta razón Suiza considera muy importante que los países afectados participen en la decisión. “Es importante negociar”, dice Bruppacher. “No hacer nada tampoco sería una solución, a mi juicio”.

¿Falta de transparencia? El caso Perú

Para regular la restitución, la leyEnlace externo establece que el Gobierno puede concluir un acuerdo con el Estado en cuestión. Así ha ocurrido en el caso de los fondos desviados de Vladimiro Montesinos, el exjefe de los servicios de inteligencia peruanos. En diciembre de 2020, Suiza firmó con Perú y Luxemburgo un acuerdo trilateralEnlace externo para devolver el dinero al país sudamericano. Los 16,3 millones de dólares hallados en cuentas bancarias suizas se destinarán a proyectos para reforzar el Estado de derecho y la lucha contra la corrupción en Perú.

Según Greta Fenner, del Centro Internacional para la Recuperación de Activos en Basilea, los acuerdos de repatriación de este tipo suelen negociarse sin mucha publicidad. La sociedad civil exige estar en la mesa de negociaciones, “pero en este caso no estoy a favor”. Para lograr buenos objetivos se necesita cierto grado de secretismo, sostiene Fenner. No obstante, una vez concluidas las negociaciones se dan a conocer en detalle los resultados para que la sociedad civil pueda ejercer su función de control.

El experto en temas de corrupción Balz Bruppacher considera que la transparencia es importante, solo así se puede convencer a la población suiza: “Si se da lugar a la impresión de que se hacen tratos por debajo de la mesa, los acuerdos son políticamente controvertidos”.

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El periodista y experto en Perú Alex Baur, cuyas investigaciones fueron decisivas para la repatriación del dinero del escándalo Montesinos, es escéptico respecto a esta forma de restitución de los fondos. “No nos hagamos ilusiones. Si Suiza utiliza dinero que procede de la corrupción para plantar arbolitos o construir algunas turbinas eólicas, lo hace únicamente para que sentirnos mejor con nosotros mismos; a los países afectados no les aporta nada”.

Según Baur, los sobornos a nivel estatal no son una excepción, sino la norma en América Latina. “Solo hay algo más corrupto que la política en América Latina: la justicia”. La justicia es la continuación de la política, pero con otros medios, es decir: iniciar un procedimiento judicial por corrupción contra un político es una práctica habitual para eliminar a adversarios políticos, explica el periodista.

Por desgracia, la justicia se ha convertido así en la mayor amenaza para el Estado de derecho, al que se supone que debe defender. Y contra esto poco se puede hacer: “Tenemos otra cultura y pretendemos enseñarles cómo se hacen las cosas desde nuestra perspectiva, lo cual es en cierto sentido una continuación del colonialismo”.

Existe una propuesta – entre otros, del antiguo responsable de asistencia judicial en la Oficina Federal de Justicia – que podría librar a Suiza de este papel comprometido: crear un fondo internacional. Dentro de la ONU o del Banco Mundial, por ejemplo. “El fondo decidiría cómo se repatría el dinero, lo cual le quitaría a Suiza un peso de encima”, dice Bruppacher. Ahora bien, el ejemplo del Banco Mundial demuestra que las cosas no funcionan automáticamente mejor en las organizaciones internacionales.

Traducción del alemán: Belén Couceiro

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