Por qué Suiza tiene problemas con su defensa
Suiza corre el riesgo de quedarse atrás en materia de defensa europea. Pero dentro del país, la seguridad no ocupa un lugar central: la política se centra en debates financieros y la población mantiene distancia con su ejército. Análisis.
Cuatro años después del ataque ruso a Ucrania, Suiza empieza a sentir los efectos de los ataques híbridos, que combinan ciberataques, propaganda y presiones estratégicas sin que haya un conflicto abierto. Aunque la Confederación no atribuye oficialmente estas acciones a ningún país, los expertos militares coinciden en que Rusia ya ha llevado a cabo graves ciberataques contra infraestructuras públicas.
Desde abril de 2025, Suiza lleva un registro de los ataques notificados contra infraestructuras críticas: hospitales, centrales eléctricas o bancos. De media, se contabiliza un ciberataque al día. También se han detectado campañas de desinformación, como la reciente intervención del medio ruso «RT»Enlace externo, portavoz del Kremlin, en la campaña de votación sobre la financiación de la radiotelevisión pública suiza (SSR).
«El corazón de Europa es vulnerable»
En octubre de 2025, varias personas observaron un gran dron sobrevolando el centro de la red eléctrica europea de alta tensión, el llamado «estrella de Laufenburg», en el cantón de Argovia. El incidente apenas llamó la atención del público, pero desde entonces ha encendido las alarmas en los círculos de seguridad.
La subestación de Laufenburg es uno de los puntos más vulnerables del país, pero también resulta crucial para el suministro eléctrico de los países vecinos de Suiza. «Suiza está tan afectada por la guerra híbrida de Rusia como el resto de Europa», escribió el diario Neue Zürcher Zeitung (NZZ) en un análisis sobre el tema. Con sus infraestructuras, el país constituye el corazón económico de la región más próspera del continente.
El autor del artículo, Georg Häsler, explicó a Swissinfo lo siguiente: «Debemos entender que ya no se trata solo de la defensa territorial de Suiza, sino de la defensa de una red». Según Häsler, Suiza tiene la responsabilidad de proteger sus infraestructuras críticas —especialmente el transporte y el suministro energético— precisamente porque gran parte de Europa depende de ellas.
«Nuestra neutralidad se ha convertido en un riesgo de seguridad para el resto de Europa», afirma. «La apuesta de Suiza de que podría garantizar su seguridad mediante la no participación y mirando hacia otro lado se ha perdido».
«La neutralidad nos ha llevado al aislamiento»
Marcel Berni, profesor de Estudios Estratégicos en la Academia Militar del ETH de Zúrich, también observa con preocupación la situación. «El hecho de que Suiza no pueda defender las infraestructuras críticas en su propio territorio deja perplejos a los países vecinos».
Berni habla incluso de una crisis de neutralidad. «Suiza se dice a sí misma que es neutral, pero ni Rusia ni la OTAN la perciben como tal». En su opinión, la interpretación aislacionista de la neutralidad ha llevado al país a aislarse.
La comparación con los países de alrededor resulta reveladora. Las naciones europeas están aumentando sus presupuestos de defensa. Muchos se han comprometido a destinar hasta el cinco por ciento del gasto estatal a este ámbito, especialmente ante la posibilidad de que Estados Unidos reduzca su papel en la OTAN.
Suiza, en cambio, destina actualmente solo el 0,7 % de su PIB al ejército. El objetivo es alcanzar el 1 % en seis años. El ministro de Defensa, Martin Pfister, tiene que explicar cada vez con más frecuencia esta modesta contribución suiza a sus homólogos europeos, como ocurrió recientemente en la Conferencia de Seguridad de Múnich. «No hay entendimiento», reconoció después en declaraciones a la radiotelevisión pública SRF.
Presión de los países vecinos
Swissinfo preguntó al ministro sobre la presión desde Europa, a lo que respondió en una rueda de prensa lo siguiente: «Las expectativas en Europa son altas. Se espera que Suiza al menos sea capaz de defenderse por sí misma y no dependa de ayuda externa». Y añadió: «Si queremos seguir siendo neutrales, eso también implica obligaciones».
Por ello, Pfister propone aumentar el IVA de forma temporal —durante diez años— en 0,8 puntos porcentuales, del 8,1 % al 8,9 %. A lo largo de ese periodo, la medida aportaría 31.000 millones de francos a las arcas federales.
Aunque el ministro logró convencer al Consejo Federal (Gobierno), el Parlamento ya ha mostrado su falta de entusiasmo. Solo su propio partido, El Centro, respalda plenamente la propuesta.
La población es aún más escéptica. Según una encuesta representativaEnlace externo realizada a principios de febrero, el 76 % de las personas encuestadas rechaza una subida del IVA.
Tampoco ninguna de las otras opciones de financiación planteadas en la encuesta logra reunir una mayoría.
La conclusión es clara: la población suiza no está dispuesta a destinar más dinero al ejército. En una democracia directa, eso significa que las fuerzas armadas no recibirán más fondos hasta que una mayoría de ciudadanos reconozca su utilidad.
Desconfianza entre la población
¿A qué se debe esta distancia entre la sociedad suiza y su aparato de defensa? En parte, a errores del pasado. Un programa de adquisición de drones fracasó. La compra del nuevo caza F-35 se descontroló. Un sistema operativo digital para el ejército se ha convertido en un fiasco. Donde se mire aparecen sobrecostes y retrasos.
Y esos son solo los casos más visibles que han provocado el escepticismo de la población.
«No estamos dispuestos a dar más dinero a un departamento marcado por tantos escándalos y casos de mala gestión», afirmó la dirigente socialista Samira Marti en la televisión pública SRF. El Partido Socialista habla de una «crisis de confianza» en el Departamento de Defensa y sostiene que primero debe resolverse antes de destinar más recursos.
«Más dinero para este ejército no significa ahora mismo más seguridad», concluye la diputada.
Un diagnóstico poco alentador
Este es el dilema del ministro de Defensa Martin Pfister. Cuando asumió el cargo en el Gobierno federal hace casi un año, prometió transparencia y una mejor comunicación. También incorporó a uno de los auditores financieros más duros para esclarecer el caos en las adquisiciones militares, ordenar la situación y recuperar la confianza.
Desde entonces, cada trimestre se informa a la ciudadanía de nuevos problemas: proyectos heredados del pasado que ya han superado el punto de no retorno y que ahora deben cancelarse a un alto coste o completarse con gastos adicionales.
La intención era generar confianza, pero por ahora lo que se ha generado es frustración.
Dudas y preguntas
Al mismo tiempo, el tiempo apremia. Los ya largos plazos de adquisición se están alargando aún más porque todos los países quieren comprar armamento y Suiza —como actor independiente— no tiene prioridad en un mercado altamente interconectado.
Eso se ha hecho evidente en el caso del sistema estadounidense de defensa aérea Patriot. A pesar de haber pagado un anticipo de 700 millones de francos, Suiza sigue esperando mientras Estados Unidos da prioridad a otros países. «Podemos preguntar siete veces, pero si no llega respuesta…», declaró recientemente ante los medios el responsable del programa de defensa aérea.
A ello se suma la incertidumbre tecnológica que ha puesto de manifiesto la guerra en Ucrania. ¿Podría Suiza competir en una guerra dominada por drones? ¿Tiene sentido invertir en nuevos cazas? Las armas convencionales, como los tanques, parecen cada vez más obsoletas. Los sistemas estadounidenses generan desconfianza. Y en tecnología de drones el ejército suizo apenas está empezando. En cuanto a la ciberdefensa, tampoco ha logrado explicar cómo miles de millones adicionales marcarían una diferencia real.
En definitiva, hoy casi cualquier sistema de armas está sujeto a debate.
«Necesitamos mucho dinero y lo necesitamos rápido»
Todo ello alimenta la desconfianza y aleja aún más a la población de su ejército.
«Falta conciencia de que es nuestro propio ejército el que garantiza nuestra seguridad», afirma Christian Brändli, redactor jefe del diario Allgemeine Schweizer Militärzeitung. «Además, la opinión pública no es plenamente consciente de lo vulnerables que somos».
Según él, la responsabilidad recae en el Gobierno: «El Consejo Federal debería comunicar con claridad lo delicada que es la situación».
El senador Werner Salzmann, político del partido conservador la Unión Democrática de Centro (UDC), especializado en política de seguridad, comparte esa opinión. Reclama una evaluación exhaustiva de la situación de seguridad por parte del Gobierno y que después explique de forma unitaria a la población cuál es la amenaza.
«Si el peligro no está en la mente de los políticos, ¿cómo va a estarlo en la del pueblo?», se pregunta.
En su opinión, el ejército podría financiarse por vías ordinarias, sin nuevas deudas. «El problema es que ahora necesitamos mucho dinero y lo necesitamos muy rápido, porque hay que hacer pedidos urgentes y pagar anticipos», explica.
Por eso propuso estudiar una financiación extraordinaria, incluso mediante un empréstito de defensa. Le sorprendió que el Gobierno respondiera apelando a la «tensa situación de las finanzas federales», como si se tratara de tiempos normales.
«Nos estamos paralizando a nosotros mismos»
La senadora Marianne Binder-Keller propone crear un fondo especialEnlace externo para este fin, lo que obligaría a flexibilizar el estricto freno a la deuda del país. Habla de «la guerra de agresión de Rusia en Europa» y considera que se trata de una situación excepcional que justificaría una financiación extraordinaria.
«Ahora mismo son los políticos financieros, y no los expertos en seguridad, quienes evalúan el nivel de amenaza», afirma la senadora del partido El Centro. «Eso es un riesgo. Nos estamos paralizando a nosotros mismos».
Según Binder, la amenaza para Suiza proviene tanto de las «acciones híbridas de guerra llevadas a cabo por Rusia» como de posibles ataques terrestres. Pero también considera preocupante «la señal que envía Berna al mundo, como si la escalada en Europa no nos afectara».
Entre los especialistas en política de seguridad, cuenta la senadora, circula ya un comentario irónico como forma de criticar la falta de medidas de defensa y la escasa conciencia de riesgo: «A Putin también se le podría entregar Suiza sin deudas».
Texto original editado por Samuel Jaberg. Adaptado del alemán por Carla Wolff.
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