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¿Cuenta tu voto? Trump dice: "Veamos". Suiza dice: "Hablemos ..."

Los votantes suizos han aprobado la compra de nuevos aviones de combate, pero esto no significa que se haya puesto punto final al debate. En la imagen: un Boeing F/A-18 Super Hornet durante una evaluación en Payerne el año pasado. © Keystone/ Valentin Flauraud

La inquietud electoral que se vive en Estados Unidos está lejos de ser un caso único. Las experiencias recientes de referéndum en Suiza pueden ofrecer algunas pistas para gestionar la polarización.

Este contenido fue publicado el 19 octubre 2020 - 11:00

En un momento escalofriante para la democracia estadounidense, el presidente Donald Trump se negó a decir si aceptaría el resultado de las elecciones del 3 de noviembre y advirtió a sus partidarios que si eso ocurriera se prepararan para un desastre democrático.

"Esto va a ser un fraude como nunca antes se había visto", afirmó durante el primer debate habido entre él y el candidato presidencial demócrata Joe Biden.

Trump también cuestionó la imparcialidad del voto por correo -que comenzó en la década de 1880 y ahora es accesible para el 83% del electorado estadounidense-, y sugirió que el grupo supremacista blanco "Proud Boys" debería "esperar" hasta que se conozcan los resultados.

Este bandazo hacia un comportamiento antidemocrático en la democracia moderna más antigua no es un caso atípico en el panorama político mundial, según el profesor de ciencias políticas de la Universidad de Nueva York, Adam Przeworski. Este experto sostiene que hay hasta 68 países que nunca han tenido una transferencia pacífica de poder.

"De hecho, las transiciones pacíficas de poder y la aceptación de las decisiones electorales han sido raras en los Estados modernos", afirma, citando su investigación sobre 3 000 votaciones populares a lo largo de 230 años. En África, hay un premio especial que tiene como objeto honrar a los líderes que voluntariamente renuncian ante la oposición democrática. Se concedió simbólicamente a Nelson Mandela en 2007, pero no ha sido otorgado en seis de los últimos 10 años, porque el jurado internacional no pudo encontrar un solo líder en el continente africano dispuesto a aceptar una derrota democrática.

La derrota electoral no debería ser un error, sino una característica

Esa falta de voluntad para aceptar el resultado de unas elecciones o de un referéndum es "una clara señal de que la democracia es demasiado débil en ese país", afirma el profesor de ciencias políticas de la Universidad de Berna Marc Bühlmann. “En una democracia genuina la derrota no existe, solo hay resultados”.

En muchos países, las urnas no son solo un control regular del poder sino que contribuyen además a equilibrar una variedad de intereses en conflicto. La Constitución de Estados Unidos establece deliberadamente una tensión entre la Presidencia y el Congreso, que a menudo están controlados por partidos contrarios. En Alemania, las elecciones en cada uno de los 16 länder (estados federados) tienen lugar durante el mandato de cinco años del Bundestag, la cámara baja del Parlamento, lo que permite a los votantes afinar el equilibrio de poder en el Bundesrat, la cámara alta donde los estados están representados. Los franceses a veces conviven en “cohabitación”: un presidente de una opción política y un gobierno de otra. Este tipo de reparto del poder y de mecanismos de compensación pueden hacer más fácil que una facción política acepte un resultado negativo en las urnas.

Eso también es válido para Suiza.

“Un ejemplo poderoso de esta cultura de aceptación de las votaciones es el reciente referéndum del 27 de septiembre en Suiza”, afirma Bühlmann, director del proyecto de investigación Swissvotes, que evalúa todos los resultados de las votaciones desde 1848.

Hubo un especial momento de máximo suspense cuando llegaron los resultados de todo el país para los cinco temas sometidos a las urnas. En el Air Force Center (Centro de las Fuerzas Aéreas), un museo situado en Dübendorf en el que se exhiben antiguos aviones de la fuerza aérea suiza, se colocaron cámaras de televisión al concentrarse allí un grupo de activistas rivales para conocer el veredicto popular sobre si gastar 6 000 millones de francos suizos (6 600 millones de dólares) en la adquisición de una nueva flota de aviones de combate. Sin embargo, los datos iniciales mostraron un reparto de los votos al 50% y las declaraciones preparadas de los políticos tuvieron que esperar varias horas. Al final ganó la parte favorable a la compra de los cazas por una pequeña mayoría: menos de 9 000 votos de los más de tres millones emitidos.

A pesar de que su opción "había ganado", la ministra de Defensa, Viola Amherd, admitió de inmediato que la futura compra podría ser "más barata de lo previsto", mientras que el lado "perdedor", que se había opuesto a la adquisición, anunció planes para una nueva iniciativa ciudadana sobre el tipo de caza que debería adquirirse. En otras palabras, la votación no puso punto final al debate.

"Es posible que una respuesta del Gobierno ajustada a las inquietudes de los votantes, encontrando a la oposición a mitad de camino, pueda evitar una nueva votación", dice Giada Gianola, politóloga de la Universidad de Berna. El sistema político suizo ofrece muchas vías para que los ciudadanos y los grupos políticos establezcan la agenda y formen parte del proceso de toma de decisiones, señala. “Tras las experiencias de referéndum más recientes, ya podemos prever nuevas propuestas de votación sobre la cuestión del permiso parental, la ley de caza y el tema de la integración europea”.

Tres cuestiones que ya fueron votadas en el referéndum del 27 de septiembre.

Los suizos tienen derecho a ser escuchados (con frecuencia)

No a todos los votantes suizos les agrada que se les pida que intervengan en las contiendas políticas tres o cuatro veces al año, y se han hecho intentos en el Parlamento y por parte de los gobiernos cantonales para introducir períodos de espera para nuevas iniciativas ciudadanas.

“Ese tipo de limitaciones y de períodos de espera existen en muchos países con mecanismos democráticos directos”, señala Klaus Hofmann, editor del Direct Democracy Navigator de la Universidad de Wuppertal, quien ha catalogado más de 1 800 marcos legales para referendos e iniciativas en 108 países. Sin embargo, el Gobierno federal suizo rechaza desde hace mucho tiempo cualquier intento de limitar la capacidad de los ciudadanos para lanzar iniciativas y referendos.

"La ausencia de obstáculos de este tipo nunca ha provocado interrupciones o tensiones intolerables en la vida pública", fue el argumento esgrimido por el Gobierno en 1986, en respuesta a una propuesta de un diputado liberal de Basilea, quien -como empleado de la industria química- se sentía molesto porque se lanzara una iniciativa para limitar la experimentación con animales solo un día después de celebrarse un referéndum sobre una propuesta similar.

¿Una forma de superar la polarización?

Por tanto, la democracia directa puede reducir la filosofía de "el ganador se lleva todo" en las urnas. Y este tipo de sistemas existen en Estados Unidos, aunque no a nivel nacional.

Sarah Rosier, de Ballotpedia, una base de datos online de medidas electorales estadounidenses, señala que 49 de los 50 estados estadounidenses disponen de alguna forma de someter nuevas leyes o enmiendas constitucionales a votación popular durante sus legislaturas.

“Veinticinco estados permiten que los propios ciudadanos soliciten un referéndum sobre cualquier nueva ley”, agrega.

“Nuestro gran problema es que no tenemos democracia directa a nivel federal”, dice Dane Waters, estratega del partido republicano y exfuncionario de la anterior Administración republicana.

“Estados Unidos se enfrenta ahora a una de sus mayores pruebas desde la Guerra Civil”, señala. “La división y la polarización están en su máximo apogeo y todo tiene su origen en las diferencias raciales, económicas, morales y sociales. Si Estados Unidos hubiera tenido democracia directa a nivel nacional, estas diferencias podrían haberse abordado [...] dando la voz al pueblo”.

Traducción del inglés: José M. Wolff

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