Swiss Made

¿Los relojeros suizos sobrevivirán al siglo XXI?

Ya no necesitamos un reloj para saber qué hora es. ¿Por qué entonces la industria relojera suiza no solo sobrevive, sino que sigue prosperando? 

Skizzomat (ilustración)

Laurent Favre tiene la respuesta. Pertenece a la décima generación de relojeros de la familia Favre & Fils y asegura que su último producto es un reloj que servirá también como monedero de criptomonedas. La firma está trabando en un prototipo para el reloj que costará 100 000 francos suizos. ¿Vale la pena apostar por las nuevas tecnologías para una empresa tradicional, cuyas raíces se remontan a 1718? 

"Es un poco como averiguar el futuro de las locomotoras de vapor en la era de los trenes eléctricos", decía recientemente a swissinfo.ch. "Hay que seguir añadiendo características relevantes que hagan avanzar el diseño". 

La industria relojera tradicional suiza ha tocado fondo muchas veces y pese a los negros augurios sobre su inminente desaparición, siempre ha vuelto a renacer. Ha vivido durante décadas bajo la constante amenaza de cambios disruptivos y ha tenido que aprender a adaptarse a las nuevas tecnologías. 

A diferencia de la industria relojera británica, que se extinguió hace mucho tiempo, los fabricantes suizos han sabido sobrevivir a la llegada de la producción industrial, de origen estadounidense, que tuvo lugar en el siglo XIX.  

Otro gran desafío fue la crisis del cuarzo en los años 1970. Aunque esta tecnología se inventó en Suiza, no encontró eco entre los relojeros helvéticos. 

Fueron los rivales japoneses, como Seiko, los que adoptaron el movimiento de cuarzo, lo que facilitó la fabricación de piezas más baratas y precisas que los tradicionales relojes suizos. Una revolución a la que no sobrevivieron todas las empresas relojeras suizas. Más tarde, el cuarzo se hizo un hueco en Suiza, gracias a los famosos relojes Swatch. 

Otro desafío fue el lanzamiento del Apple Watch y de otros dispositivos inteligentes que ofrecen la hora, aunque esta no es su misión principal. Tras el éxito de Apple con el iPhone muchos vaticinaron que los relojes inteligentes dominarían el mercado. La realidad es que solo las marcas suizas que producen relojes a precios asequibles se han adentrado en este nuevo segmento. Las demás han preferido mantenerse en los nichos que conocen. 

La nueva realidad política y económica de China y Rusia, mercados que son fundamentales para la relojería suiza, también ha repercutido en las ventas. En China, cuando se decidió atajar y prohibir que los funcionarios públicos aceptaran relojes como regalo. Y en Rusia, el deterioro de las perspectivas económicas no ha beneficiado a la relojería helvética. 

Además ha habido amenazas internas. Durante más de una década, el grupo Swatch intentó frenar el suministro de mecanismos de reloj que vendía a sus competidores. Lo hizo a través de su empresa subsidiaria ETA -caballo de batalla en la provisión de estas piezas para muchos fabricantes de relojes a precios asequibles. Inicialmente, la comisión antimonopolio de Suiza lanzó advertencias a Swatch, pero luego dio marcha atrás y fue la propia empresa la que reconsideró su política inicial. 

Un tira y afloja que, no obstante, generó incertidumbre entre los relojeros más pequeños que dependen de los movimientos que les vende ETA y que no tenían claro si habría suficiente suministro de esas piezas que son vitales para ellos. 

Otras empresas del sector dicen que les cuesta cumplir los requisitos, cada vez más estrictos, para obtener el sello “Swiss Made” debido a las reformas que autorizó en Parlamento en 2017. La legislación actual incrementó del 50 al 60% el mínimo de componentes producidos en Suiza que debe tener un reloj para poder llevar esta etiqueta. 

Y existe además el riesgo de que el sector genere un círculo vicioso en el que cada vez venda menos relojes, pero más caros. Esto frenaría la producción a gran escala, lo que mermaría la capacidad de la industria para generar fondos suficientes para seguir invirtiendo en innovación. 

La pandemia de COVID-19 ha empeorado las cosas. La supervivencia de Baselworld, la mayor feria de relojería del mundo, está amenaza debido al éxodo de expositores tras la cancelación de la edición 2020. En Suiza, unos 40 000 empleados del sector relojero están en desempleo parcial para reducir los costes y se prevé que las exportaciones caigan un 25% en 2020, más que durante la crisis del cuarzo en 1975 o la recesión que provocaron las hipotecas de alto riesgo en 2009.

Pese a todas las vicisitudes, la política de "esperar y observar" de la industria relojera suiza le ha permitido resistir muchas tormentas y le ha evitado sucumbir a las modas. Los relojes mecánicos de fabricación suiza siguen siendo un símbolo de estatus en el mundo, como lo demuestra la prosperidad de su mercado gris (relojes vendidos a través de canales de distribución distintos a los autorizados por los fabricantes) y de las falsificaciones. 

Los relojes suizos, claramente, siguen siendo muy codiciados aunque ya no sean imprescindibles para saber qué hora es. 

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