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¿Qué es una política exterior feminista?

Miembros de la guerrilla de las FARC celebran la firma de un acuerdo de paz con el Gobierno colombiano el 25 de septiembre de 2016. Copyright 2016 The Associated Press. All Rights Reserved.

Hace veinte años, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó una resolución que exige que las mujeres sean incluidas en la prevención de conflictos, los procesos de paz y la política de seguridad. Si la resolución 1325 ha permitido avanzar en materia de política exterior feminista, algunos expertos deploran la importancia secundaria que tiene la inclusión de las mujeres dentro de la diplomacia.

Este contenido fue publicado el 17 septiembre 2020 - 11:31

Cuando se iniciaron las negociaciones de paz en Colombia, los activistas utilizaron la resolución 1325 para presionar al Gobierno y a la guerrilla de las FARC para que incluyeran a mujeres en las conversaciones. En el acuerdo de paz que concluyeron en 2016 se incorporó la perspectiva de género.

A pesar del descontento en Colombia sobre la aplicación del acuerdo de paz, el movimiento feminista sigue defendiendo que se respete, porque uno de sus enfoques del acuerdo es mejorar las condiciones de vida de las mujeres. Según un estudio de 2015, la probabilidad de que la paz dure al menos 15 años aumenta un 35% si las mujeres participan en el proceso.

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Una paz que busca el bien para todos

“La resolución 1325 fue impulsada por mujeres de los países del Sur”, explica Leandra Bias, de la fundación suiza para la paz Swisspeace. Las mujeres “denunciaban que no se tuvieran en cuenta sus preocupaciones en la política de seguridad”.

Y su labor de lobbying fue fructífera: el 31 de octubre de 2000, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptaba por unanimidad la resolución 1325 ‘Mujeres, Paz y Seguridad’, que es vinculante. Con esta resolución, el Consejo de Seguridad sentó un pilar importante para la política exterior feminista.

25 años de la Conferencia Mundial sobre la Mujer y 20 años de la resolución 1325

El 17 de septiembre, en Berna se celebra una conferencia para conmemorar los 25 años de la Conferencia Mundial sobre la Mujer de Pekín. Fue la precursora de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU ‘Mujeres, Paz y Seguridad’, que cumple 20 años el 31 de octubre.

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“Una política exterior feminista vela por que todas las personas puedan tener una vida digna”, explica Leandra Bias. “Solamente cuando todo el mundo está bien puede darse una paz real en el sentido de una situación estable y de no violencia”. Y esto comprende la inclusión de las minorías, la lucha contra la pobreza, así como el acceso a la educación y a la salud para todos.

¿Qué es una política exterior feminista?

El término de política exterior feminista parece tener un significado bastante amplio.

Yvette Estermann, diputada de la Unión Democrática de Centro (UDC, derecha conservadora). zvg

“Cuando escuché por primera vez el término ‘política exterior feminista’ me quedé consternada. Tras algunas averiguaciones descubrí que se trataba de la representación de las mujeres en la política exterior y de la promoción de la paz”, explica Yvette Estermann, diputada de la Unión Democrática de Centro (UDC, derecha conservadora) y miembro de la Comisión de Política Exterior del Consejo Nacional, la cámara baja del Parlamento suizo. “Considero que el término es inapropiado. Deberíamos hablar de política exterior humana”.

“El término política exterior feminista no es en absoluto malo”,  sostiene Claudia Friedl, diputada del Partido Socialista (PS) y también miembro de la Comisión de Política Exterior de la cámara baja.

Claudia Friedl, diputada del Partido Socialista suizo. © Keystone / Gaetan Bally

“De lo que se trata es de integrar los derechos humanos de las mujeres y las niñas en los objetivos de la política exterior de un país”, porque existe una estrecha relación entre la igualdad de género, la protección de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, así como el mantenimiento de la paz y la seguridad. “Estoy convencida de que una política exterior solo puede ser exitosa si se concibe con una perspectiva de género coherente”, puntualiza Friedl.

Yvette Estermann coincide en que la paz tiene más probabilidades de ser duradera cuando las mujeres participan en la conclusión de los acuerdos. “La forma de actuar de las mujeres es más humana, las mujeres piensan más en el futuro y en las consecuencias. De ahí que la mejor opción es incluirlas en las negociaciones y en las misiones de paz”.

Y Leandra Bias recalca que “la paz no puede ser ni estable ni duradera, si en las negociaciones participan solamente aquellos que han actuado con violencia. Hay que incluir a actores de la sociedad civil que han intentado ser conciliadores y pacíficos. Y estos suelen ser a menudo mujeres”.

Aplicación de la resolución

“Una cosa es firmar una resolución y otra muy distinta aplicarla”, señala Yvette Estermann. Es fundamental tener a gente que se entrega en cuerpo y alma a poner en práctica la resolución, dice.

“Aunque es importante que el Consejo de Seguridad siga apoyando la causa de las mujeres, de la paz y la seguridad, lo que necesitamos son sobre todo más acciones, no palabras”, declara Marissa Conway, cofundadora del Centro para una Política Exterior Feminista (CFFP, por sus siglas en inglés). La resolución fue adoptada hace 20 años, pero en el mundo entero a las mujeres se las sigue integrando en las negociaciones de paz solamente a posteriori, señala.

Personalidades políticas autoritarias al estilo del presidente estadounidense Donald Trump denigran las instituciones multilaterales, por lo que –según Marissa Conway– es más urgente que nunca antes crear un marco para la política exterior feminista, con el fin de construir relaciones sólidas entre los Estados y las comunidades para la protección de los derechos humanos.

“La mejor manera de garantizar una paz duradera en el mundo es disponer de un marco de política exterior feminista en el que los derechos de las mujeres y de las minorías sean centrales para todas las decisiones políticas, y no anexos o consideraciones posteriores”, puntualiza Conway.

Éxitos y críticas

Para Leandra Bias, la resolución ha conseguido que la violencia sexual (tanto contra las mujeres y cada vez más también contra los hombres) sea reconocida como un método de guerra y condenada a nivel internacional.

Aun así, la representante de Swisspeace critica la aplicación de la resolución. Deplora que los países del Norte la consideren únicamente como una resolución de política exterior. “Esto refuerza la percepción de que solo hay mujeres que salvar en los países del Sur. De esta manera se consolida una visión colonial: las mujeres negras son salvadas por un hombre blanco porque los hombres negros son más violentos”. Y se refuerza también la percepción de que no hay problemas de violencia sexualizada en Suiza.

Yvette Estermann no lo ve así: “En Centroeuropa, un mundo civilizado, las mujeres están suficientemente incluidas en todos los procesos. Podemos votar y ser elegidas, podemos asumir un cargo directivo, podemos ir a la escuela”, afirma la diputada.

“Tenemos que distinguir claramente entre las mujeres de este mundo y aquellas que aún no tienen el derecho o la capacidad para hacerlo. Sin duda queda un enorme camino por recorrer en ámbitos en los que podemos trabajar y es lo que estamos haciendo”, agrega.

¿Y en Suiza?

Suiza ha elaborado planes de acción nacionales sobre la resolución ‘Mujeres, Paz y Seguridad’ y ha publicado informes sobre el tema. El plan de acción más reciente prevé que en el futuro se incorporen más mujeres en los equipos de negociación y se designen más mediadoras en los contextos de conflicto. Asimismo se contempla reforzar la presencia de mujeres en el ejército, la policía, la justicia militar, la política de seguridad y las operaciones de paz.

Leandra Bias coordina el proyecto ‘Contribución de la sociedad civil para la implementación del Plan de Acción Nacional suizo 1325’. El objetivo es garantizar que la experiencia y los conocimientos de la sociedad civil sean tenidos en cuenta en la implementación del Plan de Acción Nacional suizo.

En 1956, Suiza fue el último país de Europa que abrió las puertas del Ministerio de Asuntos Exteriores a las mujeres. El porcentaje de mujeres en la política exterior helvética solamente ha aumentado en los últimos años.

Por parte de Suiza, la aplicación de la resolución es “parcialmente buena”, según Claudia Friedl. Por ejemplo, el país defendió la inclusión de las mujeres en la mesa de negociaciones en el marco de los esfuerzos de paz en Siria. “Es un primer paso importante, pero lamentablemente no es suficiente”. Además, falta coherencia política: “La promoción de la paz y la mediación en situaciones de crisis no son compatibles con las exportaciones de armas”, sentencia.

Yvette Estermann aplaude que Suiza disponga de un 20% de mujeres en su misión para el mantenimiento de la paz en Kosovo, mientras que la representación de las mujeres en el ejército suizo es inferior al 1%. “Suiza ha hecho los deberes”, sostiene.

Aunque se puede criticar a Suiza en materia de política exterior feminista, el país es pionero en un ámbito: el Ministerio de Asuntos Exteriores y la ONG Swisspeace trabajan conjuntamente en la puesta en práctica de la resolución de la ONU. De esta manera la sociedad civil está implicada directamente y de manera equitativa, y este es precisamente el enfoque de una política exterior feminista, tal y como defiende la resolución, es decir, reforzar la sociedad civil. El Ministerio de Exteriores ha financiado incluso un informe alternativo de las ONG. En otras palabras, se podría decir que ha pagado para ser criticado.

Tres preguntas a Leandra Bias

¿Las desigualdades de género propician las guerras?

Sí, pero no hablaríamos de desigualdades de género, sino de género en el sentido de jerarquías, o sea, de estructuras de poder. En muchas culturas existe un ideal de masculinidad dominante. Y cuando hay conflictos este ideal se lleva a un extremo. Los hombres entonces tienen que “hacer gala de ello” y esperan que se note. Así surge la violencia contra hombres y mujeres que vemos en las guerras. En las fuerzas armadas los hombres son entrenados para ello. La militarización es la cúspide de la resoberanización. Sabemos también que los Estados se construyen con diferencias de género: los hombres tienen que luchar y las mujeres tienen que procrear para la nación. Mientras persistan estos ideales, todo conflicto tendrá una dimensión de género.

¿Las mujeres son más humanas?

Es una pregunta que se plantea el feminismo de forma general. La opinión pública mayoritaria no se ha percatado de que la teoría feminista y el activismo han evolucionado mucho a lo largo de la historia. En los años 1970 se pretendía aportar una visión desde la perspectiva de las mujeres. Se trataba de mostrar que las mujeres tienen una experiencia biológica diferente que, aunque está construida socialmente, hay que tener en cuenta, porque es igualmente valiosa. Después vinieron las feministas posmodernas como Judith Butler que decía: “La dicotomía sexo-género no existe”. Luego vinieron las feministas poscoloniales que sostenían: no se puede pensar en términos de género sin tener en cuenta la historia colonial.

Las feministas de mi generación y la política de mantenimiento de la paz feminista, como la que hacemos, es interseccional: intenta pensar en género no solo como tal, sino también en cómo interactúa con otras estructuras de poder. Las mujeres no son más pacíficas per se. No tenemos en cuenta solo a las mujeres, sino las estructuras globales de poder. O sea, la visión de aquellos que no tienen las riendas del poder, y entre ellos se encuentran muchas mujeres.

Durante la crisis del coronavirus se dijo que las mujeres son líderes más responsables durante las crisis. Al mismo tiempo existe un amplio consenso de que hombres y mujeres son iguales. ¿Una contradicción?

Hay un consenso en la ciencia de que hombres y mujeres son iguales, las diferencias son el resultado de la socialización.

Hubo mucho bombo mediático sobre la mejor gestión de la pandemia en los países gobernados por mujeres . Sin embargo, las últimas investigaciones muestran que la clave es la forma en que las mujeres son elegidas. El factor decisivo, por lo tanto, no es que gobierne una mujer, sino que son países con estructuras estables y un Estado de bienestar consolidado. Y si comparamos a los hombres y mujeres líderes en estos países, no hay diferencia. Por consiguiente, la pregunta no es si las mujeres son mejores líderes, sino en qué países tienen más probabilidades de llegar al poder.

Sacude nuestras percepciones de género pensar que las mujeres lideran con confianza y serenidad durante una crisis, mientras que hombres como Trump o Bolsonaro son completamente imprudentes. Por eso hubo tanto bombo mediático.

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Traducción del alemán: Belén Couceiro 

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