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Erdogan sigue adelante con su diplomacia pendenciera pese a alto precio económico

El presidente turco Recep Tayyip Erdogan llega a la reunión de su partido en Ankara, la capital turca, el 11 de noviembre de 2020 afp_tickers
Este contenido fue publicado el 27 noviembre 2020 - 08:42
(AFP)

La política exterior firme y sin complejos instaurada por el presidente Recep Tayyip Erdogan desde 2016 creó una fisura entre Turquía y sus aliados occidentales y agravó los problemas económicos del país, pero aún así, los analistas dudan de que el rumbo cambie.

Los detractores de Erdogan le acusan de multiplicar sus desplantes diplomáticos para mantener fiel a su base electoral islamo-nacionalista, en un momento de dificultades económicas que merman su popularidad.

Pero el gobierno turco considera que hay que defender con uñas y dientes sus intereses en una región inestable, frente a potencias hostiles, como Emiratos Árabes Unidos y Egipto.

No obstante, un contexto de creciente crisis económica, Erdogan suavizó en los últimos días sus declaraciones hacia Europa, al afirmar que el futuro de Turquía es inseparable del Viejo Continente.

Pero en la práctica, las acciones de Turquía, cuyos militares están presentes desde Libia a Siria, pasando por el Mediterráneo oriental, no dejan de provocar la furia de Occidente.

Aunque estas demostraciones de fuerza sean populares en Turquía, corren el riesgo de hacer huir a inversores potenciales que el país necesita urgentemente.

La política exterior de Erdogan crea una "relación tensa entre Turquía y sus principales socios económicos, como la Unión Europea y Estados Unidos", subraya Sinan Ulgen, director del centro de análisis Edam en Estambul.

- Amenaza de sanciones -

Las misiones de exploración gasífera llevadas a cabo unilateralmente por Turquía en el Mediterráneo oriental, en aguas que se disputa con Grecia y Chipre, son uno de los principales temas de discordia entre Turquía y la UE.

Las autoridades europeas amenazaron con imponer sanciones si Turquía persiste y el asunto será uno de los más importantes de la cumbre europea del 10 y 11 de diciembre.

La amenaza de sanciones europeas, que podrían afectar seriamente a la economía turca, sumada a la derrota en Estados Unidos de Donald Trump, con quien Erdogan estableció una relación personal, parecen haber convencido últimamente al presidente turco de la necesidad de suavizar el tono.

Además de profesar su apego a Europa, Erdogan prometió a inicios de noviembre reformas judiciales para "reforzar el estado de derecho" con el fin de tranquilizar a los inversores.

Pero la victoria de Joe Biden puede significar nuevos problemas para Turquía, que ya es objeto de sanciones estadounidenses por la compra de misiles rusos S-400.

Grecia y Egipto, especialmente, esperan que Estados Unidos ejerza su influencia en el Mediterráneo oriental para poner fin a las acciones turcas, que no parecían preocupar especialmente a Trump.

"Las relaciones entre Turquía y Estados Unidos pueden situarse de nuevo en un nivel muy bajo en 2021", subraya Anthony Skinner, de la consultora Verisk Maplecroft.

- "Riesgos crecientes" -

Tras el golpe de Estado fallido en su contra en 2016, Erdogan tuvo la impresión de que "sus socios occidentales abandonaron" a Turquía, subraya Sinem Adar, del Centro de estudios aplicados sobre Turquía de Berlín.

El jefe de Estado cree que no "puede confiar más en Europa y Estados Unidos para garantizar la seguridad de Turquía" y de ahí sus acciones unilaterales, agrega esta experta.

Turquía gastó en los últimos años varios centenares de millones de dólares para fomentar su capacidad militar, un "factor que torna posible esta creciente agresividad", explica Adar.

Pero por todo ello hay que pagar un alto precio.

La libra turca perdió una cuarta parte de su valor frente al dólar desde principios de año, una tendencia acelerada debido a las tensiones diplomáticas, sobre todo con Francia.

"Los crecientes riesgos geopolíticos presionan a la libra" y tienen "un impacto sobre el flujo de inversiones directas extranjeras", subraya Ulgen.

Estas inversiones, que proceden especialmente de Europa y contribuyen a la creación de empleos, se redujeron de 16.000 millones de euros (19.070 millones de dólares) en 2007 a 7.000 millones de euros (8.340 millones de dólares) en 2019, según cifras de Naciones Unidas.

Por ejemplo, el año pasado, el constructor de automóviles alemán Volkswagen decidió no abrir una fábrica en Turquía, "preocupado" por una posible ofensiva militar de Ankara contra una milicia kurda en Siria.

En julio de este año, la compañía anunció que renunciaba definitivamente a este proyecto en Turquía, atribuyendo su decisión, oficialmente, a la pandemia del coronavirus.

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