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"Ninguna compañía está a cubierto del activismo" accionario, dijo Gregory Taxin, director de la asesoría financiera Spotlight Advisory

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Tras doblarle la mano a gigantes estadounidenses como Apple, Pepsi, Sotheby's o Yahoo!, los accionarios activistas, financistas en busca de dividendos grandes y rápidos, apuntan ahora a compañías europeas como Nestlé.

"Ninguna compañía está a cubierto del activismo" accionario, dijo Gregory Taxin, director de la asesoría financiera Spotlight Advisory.

Esos "agitadores" se interesan "por compañías que acumulan dinero pero no lo reparten entre los accionistas", explica David Katz, abogado del gabinete Wachtell, Lipton, Rosen & Katz.

El estadounidense Daniel Loeb anunció el domingo que posee 3.500 millones de dólares en acciones de Nestlé y reveló así las ambiciones europeas de ese tipo de inversores que con mucho dinero en el bolsillo dicen querer que se devuelva poder a los accionistas.

Además de que ajuste sus gastos, Loeb exige ahora a Nestlé que venda su histórica participación en L'Oreal a fin de dar impulso al valor de sus acciones y remunerar mejor a los accionistas.

"L'Oréal fue una inversión fantástica (pero) no es un activo prioritario para una empresa agroalimentaria", dijo a la AFP Elissa Doyle, portavoz de Loeb.

Presionada, Nestlé anunció la compra de 21.000 millones de dólares de sus propias acciones lo cual automáticamente conduce a incrementar el valor de esos papeles.

"No sé si eso será suficiente para que ceda la presión", dijo, sin embargo, Katz.

- Mercado Saturado -

Además de Loeb otros estadounidenses hacen fuerza contra al capital de algún gigante extranjero.

El fondo de inversiones de su compatriota Nelson Peltz ya tiene participación en Danone, fabricante francés de yogures. Y el fondo de otro estadounidense, Paul Singer, invirtió en el grupo surcoreano Samsung, la minera australo-británica BHP Billiton y en el Banco de Asia del Este.

Todos quieren lo mismo: retornos rápidos y que las compañías gasten menos, cedan activos o compren sus propias acciones.

Para imponerse, ese tipo de inversor suele librar pulsos, normalmente muy mediatizados, que terminan ganando.

Más de 2.900 campañas de activistas han sido emprendidas en Estados Unidos desde 2010 y 645 de ellas en 2016, según el gabinete FTI Consulting.

Sin embargo "el mercado estadounidense está saturado, lo que lleva a los activistas a buscar oportunidades en otros lados", explicó Andrew Freedman, asesor de inversores activistas.

Esa tendencia se refuerza especialmente porque muchas empresas de Estados Unidos adoptan una mayor transparencia y toman normas preventivas de buena gobernanza, añadió Freedman.

Europa, en cambio, atrae porque sus legislaciones son más "amistosas": muchas sociedades carecen de medidas disuasivas contra potenciales predadores, sostiene Dan Zacchei, directivo de Sloane & Company, una firma asesora de activistas.

Además, Europa está en fase de estabilización política tras iniciarse el proceso de alejamiento de Gran Bretaña de la Unión Europea. En contraste, en Estados Unidos hay grandes interrogantes sobre si el presidente Donald Trump implementará sus prometidas medidas de apoyo a las empresas.

No obstante, en Europa los inversores activistas se las verán con sindicatos e intervenciones de los gobiernos, cosas que raramente ocurren en Estados Unidos.

"Ellos desean operar entre bambalinas pero no descartan llevar sus diferendos a la plaza pública si una empresa no quiere discutir o examinar los cambios que reclaman", dijo el abogado Andrew Freedman, cuyo gabinete trabaja en campañas iniciadas por activistas en Irlanda, Gran Bretaña y Francia.

AFP