Arte expoliado Las zonas sombrías de la colección de arte Bührle resurgen

Emile George Bührle, en su galería en Zúrich en 1954, entre Van Gogh, Cézanne, Picasso, Derain y Degas.

Emile George Bührle, en su galería en Zúrich en 1954, entre Van Gogh, Cézanne, Picasso, Derain y Degas.

(Getty Images/Time & Life Pictures)

¿Los responsables de la colección hacen lo suficiente para encontrar a los propietarios de las obras que pudieron haber sido robadas por los nazis? La polémica se relanza en un nuevo libro, al tiempo que el Kunsthaus de Zúrich se prepara para recibir parte de la colección Bührle.

El título ya tiene un pequeño olor a azufre: ‘El libro negro Bührle’, bajo la dirección del historiador y periodista Thomas Buomberger y el historiador del arte Guido Magnaguagno, que pretenden relanzar el debate sobre la colección de arte del comerciante de armas Emil Bührle (1890-1956).

El momento elegido para publicar el libro no es casual. Con el subtítulo ‘¿Arte robado para el Kunsthaus de Zúrich?’, la obra aparece, efectivamente, en momentos en que comienzan los trabajos de ampliación del Museo de Bellas Artes de ZúrichEnlace externo. Una gran parte de la colección Bührle – que incluye sus 190 obras más destacadas, entre ellas cuadros de Monet, Cézanne o Van Gogh – serán exhibidas en el museo ampliado, que deberá quedar terminado en 2020.

"La discusión sobre el origen de los cuadros ha sido relanzada por el escándalo Gurlitt"

Tim Guldimann

Las condiciones de compra de estas obras por Emil Bührle son bien conocidas gracias a los informes de la Comisión BergierEnlace externo sobre las relaciones de Suiza con el régimen nazi, publicados entre 1998 et 2002. También se sabe que un proceso celebrado en 1948 obligó al comerciante a restituir trece cuadros, que luego recompró. Siete de ellos pertenecen aún a la colección (según el dominical ‘NZZ am Sonntag’).

“Efecto Gurlitt”

¿Por qué aparece este libro justo ahora? En opinión de Tim Guldimann, exembajador de Suiza en Berlín que participó en un debate público sobre el escrito, “la discusión sobre el origen de los cuadros ha sido relanzada por el escándalo Gurlitt”, apellido del comerciante de arte alemán que legó su colección al Museo de Bellas Artes de Berna; y que también podría incluir obras espoliadas.

Los autores del ‘libro negro’ explican que su objetivo ha sido atraer la atención sobre el Kunsthaus, una institución respaldada con fondos públicos, cuando se prepara para recibir obras de origen incierto. Sostienen que la investigación sobre la procedencia de las obras de la colección Bührle no ha progresado lo suficiente y abordan diecinueve casos concretos..

La Fundación replica

En su toma de posiciónEnlace externo sobre el libro, la Fundación de la Colección Bührle recuerda que la procedencia de quince de esas obras ha sido establecida con certeza.

Y agrega: “Los autores cierran voluntariamente los ojos al hecho de que las lagunas sobre el cambio de propietario de los lienzos, hace 70 años, no significa automáticamente que se trate de expropiaciones ilegales”.

El Kunsthaus de Zúrich también contesta a las acusaciones. “En ningún momento en las últimos dos años, los autores consultaron los archivos de la Fundación de la colección Bührle, ni tampoco los publicados por el Kunsthaus”.

“Las informaciones sobre la procedencia de las obras fueron presentadas durante la exposición de la colección Bührle en 2010. Esas indicaciones están disponibles en la página internet de la colección”, subraya el portavoz del Kunsthaus, Björn Quellenberg. 

Comprender la noción de arte robado

Los autores de ‘Libro negro’ piden que se amplíe el debate sobre el arte robado. Consideran que Suiza debería reconocer la categoría de obras “cuya pérdida fue consecutiva a la persecución del régimen nacionalsocialista”.

En esta designación se incluyen, por ejemplo, las ventas que hicieron los dueños de las obras de arte, en la emergencia de su persecución. “Está totalmente fuera de la realidad que ese cambio de propietario se considere legal”, explica Thomas Buomberger.

En su opinión, Suiza debería seguir el ejemplo de Alemania, que “destinó muchos medios a la investigación” para descubrir detalles sobre eventuales obras espoliadas. 

Reconocimiento solo en Alemania

Esta categoría de arte, fruto de un despojo sin equidad, no ha sido aún reconocida por la comunidad internacional.

Según un estudio solicitado por la Oficina Federal de la Cultura (OFC), “Alemania es el único país en haber inscrito esta noción en sus normas jurídicas”, explica Benno Widmer, jefe de la Oficina de arte espoliado de la OFCEnlace externo, en Berna.

“La historia particular de ese país, donde la espoliación de bienes de familias judías fue sistemático, al igual que el desplazamiento de obras en instituciones públicas, le otorga una responsabilidad particular”, añade Widmer.

Estas razones la empujan a ir más lejos de lo previsto en los Principios de Washington (‘Principios de la Conferencia de Washington aplicables a las obras confiscadas por los nazis’), que firmaron, en 1998, 44 Estados, entre ellos, Suiza.

En respuesta a una interpelación parlamentaria, el Gobierno indicó estar “abierto” a un reconocimiento a este tipo de obras, pero solo si la situación también cambiara en el seno de la comunidad internacional. Explicó que aun cuando la transferencia de la colección Gurlitt fue excepcional - razón de la interpelación -, esto no justifica una “solución suiza aislada”.

Nueva ayuda federal

El Gobierno de Suiza, en cambio, decidió actuar para mejorar las investigaciones sobre el origen de las obras, en posesión de los museos. Un informe publicado en 2010 examinó los esfuerzos en la materia realizados por 551 instituciones entre 2008 y 2010. Y los resultados mostraron que aún existían numerosas lagunas.

Para Berna, “es muy importante que la investigación sobre el origen de las piezas de arte sea efectuado y publicado y que se encuentren rápidamente soluciones justas y equilibradas, en el caso de obras espoliadas”, indica Benno Widmer.

Muchos museos se quejan de no tener los medios para efectuar esos trabajos, largos y difíciles. Pero a partir de 2016, estas instituciones no podrán argumentar la ausencia de apoyo por parte de las autoridades.  En mayo, el Consejo Federal anunció que apoyará financieramente proyectos de investigación sobre el origen de las obras.

“Ahora preparamos el concepto, que debe estar listo de aquí a finales de año”, confirma Benno Widmer. El monto del respaldo acordado no se ha fijado todavía. 

Documentos de la CIA

El Kunsthaus de Zúrich saluda este impulso y subraya que el trabajo efectuado por la Colección Bührle ya es, a toda vista, ejemplar. “Respaldamos todas las nuevas investigaciones sobre la procedencia de acuerdo con nuestras posibilidades y ayudamos también a hacer visibles estas informaciones”, asegura Björn Quellenberg.

El Kunsthaus recuerda también que hubo demandas de restitución retiradas tras la publicación de los archivos de la CIA. Esos documentos mostraron que determinadas obras no fueron “contaminadas” por compras abusivas relacionadas con el nazismo.

Por parte de Berna, Benno Widmer menciona que en septiembre de 2014, la Conferencia Judía de Reclamos de Restitución (‘Jewish Claims ConferenceEnlace externo’) calificó de buenos los esfuerzos realizados en suelo helvético. Suiza, efectivamente, figura entre los países que han realizado progresos “sustanciales” en la aplicación de los principios de Washington. 

Emil Bührle

‘El libro negro Bührle’ indica las obras que Emile Bührle compró y describe con detalle la biografía del industrial (1890-1956).

‘La paradoja Bührle’, un capítulo del historiador Hans Urlich Jost, profesor emérito de la Universidad de Lausana, describe que el coleccionista, que estudió Historia del Arte, Literatura y Filosofía justo hasta la Primera Guerra Mundial, “jamás fraternizó con la derecha, por lo que no era ideólogo”.

En gran parte, Bührle, naturalizado suizo en 1937, debe su floreciente comercio de armas con Alemania al Gobierno de Suiza.

El coleccionista era el dueño de la empresa ‘Werkzeugmaschinenfabrik Oerlikon’ (Fábrica de herramientas para la maquinaria Oerlikon), conocida a partir de 1973 como Oerlikon-Bührle, y desde 2006, como OC Oerlikon.

“El Gobierno de Suiza decidió ofrecer servicios económicos y financieros al régimen nazi para que Suiza no fuera afectada”, explica el historiador.

“Cuando la derrota nazi era evidente, las autoridades suizas dejaron de apoyar a Bührle, chivo expiatorio perfecto. De este modo, decenas de otras empresas pudieron escapar de la atención pública. Bührle se enriqueció durante la Segunda Guerra Mundial diez veces más que su competidor directo suizo, Dixi au Locle.”


Traducción: Patricia Islas

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