Porqué la ayuda al suicidio es “normal” en Suiza

¿Por qué Suiza no quiere regular el suicidio asistido?

David Goodall, un científico de 104 años, llegó a Suiza en 2018 desde Australia para su suicidio asistido. No estaba al borde de la muerte, sino que sufría los padecimientos asociados a su vejez. © Keystone / Georgios Kefalas

El cantón de Neuchâtel exige una reglamentación legal de las organizaciones de ayuda al suicidio. La propuesta fracasará, al igual que todos los intentos precedentes.

Iniciativa cantonal

Los cantones tienen derecho a proponer modificaciones a la Constitución que deberán ser redactadas por una comisión y sometidas a las cámaras del Parlamento.

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La propuesta de Neuchâtel pretende regular las condiciones de la asistencia al suicidio y crear un marco legal para las organizaciones que la practican.

Uno de los argumentos del cantón es que esas entidades amplían cada vez más el círculo de personas a las que ayudan a morir. Así, por ejemplo, las personas sin otras enfermedades que las asociadas a su avanzada edad, también pueden recurrir a sus servicios.

Ninguna posibilidad

En la cámara alta del Parlamento federal, la propuesta de Neuchâtel no tuvo ninguna oportunidad. La cámara baja (Consejo Nacional) la debatirá en su sesión actual, pero para Samia Hurst-Majno, profesora de Ética en la Universidad de Ginebra, sería muy sorprendente que fuera aceptada.

Recordó que no es la primera vez que Suiza debate sobre el tema. Pero “hasta ahora, siempre se ha llegado a la conclusión de que la legislación actual es suficiente”. Y ello a pesar de que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos consideró que la legislación suiza no definía con suficiente claridad las condiciones en las que se permitía la asistencia al suicidio.

¿Por qué se defiende Suiza?

El gobierno suizo quería regular el suicidio asistido, pero renunció en 2011. Poco antes, dos iniciativas populares, que exigían su prohibición y la del turismo de la muerte en el cantón de Zúrich, habían sido rechazadas masivamente por los ciudadanos.

Según el profesor Bernhard Rütsche de la Universidad de Lucerna, los partidarios de una práctica liberal en materia de asistencia al suicidio temen un marco legal que la limite. En el mundo político, a menudo se argumenta que no hay necesidad de una ley, porque las normas del cuerpo médico lo regulan de manera suficiente. “Además, el Consejo Federal dijo que con una ley, el Estado le otorgaría una etiqueta de calidad, lo que es mejor evitar”.

El sistema suizo se basa en la confianza

Según Samia Hurst-Majno, si el Estado comenzara a establecer parámetros legales para el tipo y la gravedad del sufrimiento a partir de los cuales una persona tiene derecho al suicidio asistido, eso representaría para Suiza un cambio de paradigma.

“Nuestro modelo se basa en la confianza entre las dos personas implicadas: el asistente y la persona que quiere morir”. Por lo tanto, es un derecho basado en la libertad individual: una persona que quiere suicidarse no puede obligar a otra a ayudarla. “Si el suicidio asistido estuviera regulado de esta manera en la ley, sería más fácil desarrollar un derecho positivo de la asistencia al suicidio”, explica.

Organizaciones especializadas

Samia Hurst-Majno añade que la iniciativa del cantón de Neuchâtel pone de relieve otro punto delicado: las organizaciones de asistencia al suicidio.

En un principio, con su legislación liberal, Suiza quería autorizar lo que se podría llamar un “último servicio amistoso”. Nadie había previsto la aparición de organizaciones especializadas. “Es una paradoja”, señala la especialista en ética. Por un lado, queremos gente competente y, por otro, nos gustaría atenernos al escenario del mejor amigo”.

Según ella, la solución sería profesionalizar la función de asistente al suicidio. Es plenamente consciente del lado explosivo de su propuesta. “Suiza sería el primer y único país del mundo en tener formación de asistentes para el suicidio”.

Suicidio asistido en Suiza

El artículo 115 del Código Penal suizo castiga a “todo aquel que por motivos egoístas incite o ayude a una persona a suicidarse”. Por otra parte, quien ayude a un tercero a suicidarse por motivos altruistas no es punible.

En Suiza, varias organizaciones ofrecen asistencia remunerada para el suicidio. La cuestión de saber si el hecho de recibir dinero puede ser calificado de “motivo egoísta” ha sido poco clara durante mucho tiempo. Apenas recientemente, en un juicio de prueba, el fundador de Dignitas, organización de ayuda al suicidio, fue absuelto del cargo de enriquecimiento.

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