Cómo las mujeres conquistaron algo de tiempo libre

El ocio, tal y como lo conocemos hoy, no siempre ha sido una realidad. En los siglos XIX y XX, las mujeres tuvieron que luchar para conseguir cierto grado de libertad. 

Este contenido fue publicado el 04 octubre 2020 - 11:00
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En 1878 entra en vigor la ley suiza sobre las fábricas, que introduce la jornada laboral de 11 horas (10 horas los sábados). Los hombres gozan de tiempo libre al salir de las fábricas, mientras que las mujeres tienen que ocuparse de las tareas domésticas, la colada, el cuidado de los niños y la cocina. Y a ellas también les toca luchar duro para conseguir el derecho al ocio.  

El atractivo de los grandes almacenes (que en Suiza se abren a finales del siglo XIX) permite convertir el deber en placer: las mujeres tienen la oportunidad de comprar fuera de su barrio y así escapar del control social por un momento.

En 1892, Josef Weber, hijo de un rico comerciante, abre en Zúrich “J. Weber's Bazaar”, el primer gran almacén de Suiza. Magazine zum Globus
La zona de comida de la tienda Globus en Zúrich, en torno a 1912, donde las mujeres pueden mirar sin tener que comprar. Magazine zum Globus

El baño como medida de higiene

Los primeros espacios femeninos de ocio aparecen a principios del siglo XIX en los baños públicos, construidos como respuesta a la creciente preocupación por la higiene. Sin embargo, para que en Zúrich se levante la prohibición del baño para las mujeres hay que esperar hasta 1837.

La casa de baños de mujeres Belvoir en Zúrich, fotografía sin datar. Hasta 1900 en toda Suiza se construyen baños de madera en forma de caja con estricta separación por sexos. Baugeschichtliches Archiv
En los años 20 del siglo pasado, la natación se considera especialmente adecuada para las mujeres, ya que logra una musculatura hermosa y fina. En 1925 las chicas jóvenes tienen derecho a recibir las clases de natación que cien años antes ya reciben los chicos. Schweizerisches Sozialarchiv
Poco a poco las playas sustituyen a las cabinas de baño. Ya en la década de 1930, las mujeres pueden disfrutar de los baños de sol en el lago. Keystone / Walter Studer

Cine, baile y café

Las mujeres artistas, intelectuales valientes, a menudo son las que allanan el camino hacia más derechos y libertades. Han estudiado en París, Londres y Nueva York y, a su regreso, desean promover en Suiza los cambios y la cultura. Estas mujeres quieren determinar por sí mismas la forma de su vida social.  

Dos ejemplos son la escultora Anna Indermaur, primera directora de cine de Suiza, y la bailarina autodidacta Trudi Schoop, que inaugura su propia escuela de baile en 1921 con tan solo 18 años.

Anna Indermaur abre el “Nord-Süd”, el primer cine de estudio de Suiza, en 1935. “Un acto cultural que ha sacudido hasta los cimientos del otrora carácter patriarcal de la industria cinematográfica de Zúrich”, escribe el periódico de Zúrich NZZ en 1980. Theo Frey / Fotostiftung Schweiz
Anna Indermaur no lo tiene fácil. Los propietarios de conocidos cines no toleran ninguna competencia femenina y los distribuidores se ponen de su lado y boicotean al “Nord-Süd”. Anna Indermaur se ve obligada a comprar sus películas en el mercado negro. Baugeschichtliches Archiv / Forter E.
Ir al cine se considera perjudicial para la moral de las madres. En su lugar, se les aconseja pasear al aire libre o ir de compras. Las mujeres sin embargo, aprecian mucho el cine porque ofrece privacidad mientras se está en un espacio público, inspira sueños y hace posible los besos secretos. Akg-images / Weegee
El café “Select” se beneficia de su proximidad al cine. Se convierte rápidamente en el café preferido de la escena cultural femenina de Zúrich. Fotostiftung Schweiz / Anita Niesz

En los años de 1920, las mujeres quieren liberar sus cuerpos y sus espíritus creativos. Desaparecen los tabúes sexuales y las convenciones. Para llevar a cabo sus actividades y eventos las mujeres ya no dependen de sus maridos. Esta revolución se ve de manera especial en el baile, que ya no tiene que hacerse obligatoriamente en pareja.    

El público a veces percibe las creaciones y pantomimas de Trudi Schoop como actos de comedia, por lo que se la conoce como la Charlie Chaplin. Para llevar a cabo sus propias ideas sobre la belleza y la seriedad de la danza expresiva moderna, en 1931, funda su segunda escuela de danza artística.

Trudi Schoop lucha contra los conceptos morales imperantes y después de cinco años tiene que abandonar su salón de baile situado en una iglesia de Zúrich. Emigra a Estados Unidos donde se convierte en pionera de la terapia a través del baile.

A principios de los años 30, con la creación de su figura “Fridolin” y la puesta en escena de una trama sin palabras, la bailarina suiza Trudi Schoop hace su gran avance en la expresión del movimiento. Robert Walser Stiftung / Carl Seelig
Danza expresiva grotesca, hacia 1927. Martin Imboden / Fotostiftung Schweiz
Mujeres bailando el charlestón, en torno a 1926. Getty images

Para ocupar el tiempo libre del que ahora se dispone, que se intensifica con la introducción de la semana de 48 horas (en 1919), en el transcurso de la urbanización se desarrolla toda una industria del ocio. El circo, la ópera, el teatro y, desde mediados de los años 20, la radio proporcionan gran cantidad de entretenimiento.

Al mismo tiempo, se crean distintas organizaciones de jóvenes y mujeres para contrarrestar el deterioro de las normas morales. Ofrecen actividades de ocio controladas que permiten a las jóvenes formarse de manera sensata, según su orientación política o religiosa.

Chicas que en 1921 forman parte del “Wandervögel” de San Galo. Este movimiento tiene como objetivo promover el senderismo entre las jóvenes, que buscan su libertad en la naturaleza jugando en el bosque, bailando en los prados o caminando en las montañas. Schweizerisches Sozialarchiv
En 1930, Dori Wettstein (1904-1982) funda el club de remo femenino de Zúrich y entra en un terreno completamente masculino. Schweizerisches Sozialarchiv

En la primera mitad del siglo XX, se publican muchos periódicos femeninos en áreas de la educación, la economía doméstica, la enfermería, el comercio y la industria. Pero las revistas de entretenimiento y de moda también tienen gran éxito.

Una mujer lee la edición alemana de la revista americana más popular “True story”, alrededor de 1930. Hans Staub / Fotostiftung Schweiz Winterthur


Fuentes: Diccionario Histórico de Suiza (DHS) e historiadoras de las asociaciones Frauenstadtrundgang de Zúrich, Basilea, Winterthur, Lucerna.

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