Vida & tercera edad

Cómo Suiza lucha para garantizar las pensiones de la próxima generación

Evitar la quiebra del sistema de pensiones a largo plazo es un imperativo que tienen en común muchos Estados. No obstante, para lograrlo Suiza se enfrenta a una dificultad añadida: la democracia directa. Un auténtico quebradero de cabeza. 

Este contenido fue publicado el 26 noviembre 2019 - 12:32
Corinna Staffe (ilustración)

El sistema de pensiones suizo es complejo: se basa en lo que se conoce como los tres pilares. Estos son el Seguro de Vejez y Viudedad (AVS/AHV), la previsión profesional (LPP/BVG) y el plan de pensiones voluntario premiado con incentivos fiscales. 

Esto permite repartir los riesgos y convierte el sistema helvético “en un modelo para otros países”, aunque es “desafortunadamente incompleto”, afirma Thomas Gächter, profesor de Derecho de Seguridad Social en la Universidad de Zúrich. 

Este modelo ayuda a Suiza a ganar tiempo, pero no la salvará de las consecuencias del envejecimiento de la población. Según las previsiones, pronto no habrá dinero suficiente para financiar las pensiones de los futuros jubilados, si no se adoptan medidas correctivas. El diagnóstico de Thomas Gächter es lapidario: “La bomba de relojería ya está activada”. 

El Gobierno suizo no cesa de aseverar que el tiempo apremia. Sin embargo, la reforma del sistema de pensiones es una cuestión pendiente desde hace décadas y no se vislumbra una pronta solución.  

El Gobierno ha renunciado a una “intervención quirúrgica global” y ha optado por una política “de parches”. Una estrategia adoptada a partir de 2004, pues desde entonces todos los proyectos de reforma han sido rechazados por el Parlamento o por el pueblo.

Los vientos comenzaron a girar a partir de la 11ª revisión del AVS/AHV. Hasta esa fecha, las reformas del sistema de pensiones habían aportado mejoras o consolidaciones a la previsión para la vejez. Por consiguiente, era más fácil conseguir una mayoría favorable en las urnas. 

Por el contrario, desde que los proyectos de reforma comenzaron a implicar aspectos negativos para los asegurados, a las autoridades políticas les cuesta consolidarlos con la democracia directa. 

Y aún más si se piensa que la abrumadora mayoría de los jóvenes – dispuestos a adoptar medidas drásticas para evitar que el AVS/AHV se hunda en los números rojos y las futuras generaciones paguen el precio – no acude a las urnas. De hecho, la participación en las votaciones es elevada entre las personas mayores y que rondan la edad de la jubilación. 

Desde hace años las pensiones encabezan la lista de las principales preocupaciones de los suizos, mientras que la población ha perdido la confianza en la capacidad de los políticos para resolver los problemas cruciales. 

¿Se redimirán los políticos suizos a los ojos de la mayoría de la población con la reforma AVS/AHV 21, que el Gobierno ya ha trasladado al Parlamento, o se deteriorará aún más la confianza en ellos? 

Lo cierto es que el proyecto provoca ásperas controversias. 

Uno de los puntos más sensibles del proyecto gubernamental es sin duda el aumento de la edad de jubilación de 64 a 65 años para las mujeres. El hecho que actualmente las mujeres en Suiza tengan derecho a cobrar una pensión un año antes que los hombres es criticado por quienes consideran que se trata de un privilegio respecto a otros países europeos. 

Los adversarios de subir la edad de jubilación de las mujeres responden que, en promedio, las mujeres en Suiza perciben pensiones netamente inferiores a las de los hombres. 

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