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Captan a las mujeres con falsas promesas

Salen de sus países en busca de una vida mejor y terminan en la prostitución.

(Keystone)

El tráfico de mujeres tiene en todas partes las mismas características. Se capta a las jóvenes que carecen de perspectivas, que tienen obligaciones económicas con sus familias.

Se les hace falsas promesas: buenos salarios y condiciones de trabajo, legalidad.

Una vez que las mujeres están lejos de su país, son presionadas a pagar exorbitantes deudas que resultaron de la gestión del empleo y los gastos de viaje. No son raros los casos en los que los traficantes recurren a la violencia física y psicológica como método de presión.

Los casos descritos a continuación son reales, fueron tratados por el FIZ. Para guardar el anonimato fueron ligeramente alterados y los datos clave, como el país de origen, cambiados.

Un destino confiable

Lina, una joven de América Latina, leyó en el diario de su ciudad natal un aviso en el que se ofrecía un trabajo en Europa como empleada de servicio, con buenas posibilidades de ganar dinero y permiso de trabajo.

La oficina de empleo local le explicó que se trataba de un puesto en Suiza. La propuesta parecía interesante, la agencia seria y el país de destino despertaba confianza. Lina esperaba ampliar sus conocimientos de idiomas y con sus ingresos quería apoyar a su familia.

En Suiza fue recibida en el aeropuerto por su futuro empleador y llevada directamente a un burdel. Allí, la administradora le dijo que debía atender a los hombres y que tenía una deuda de 25.000 francos por los costos de viaje y la gestión del empleo.

Sólo después de pagar esta deuda sería libre. La administradora le quitó el pasaporte y el pasaje de avión. Lina no quiso desempeñar el trabajo asignado, fue encerrada y violada por el vigilante.

Después no se opuso más y estuvo a disposición de los clientes, siete días a la semana, sin abandonar el local. Sus compras las hacía la administradora, quien tres meses después le comunicó que aún tenía una deuda de 15.000 francos.

La administradora le comentó que había un hombre que se casaría con ella, así Lina podría quedarse en Suiza legalmente y no tendría problemas con la policía. Pero el matrimonio le costaría 20 mil francos, los que podría pagar después con tranquilidad.

Lina estaba desesperada, odiaba su trabajo. Una mañana consiguió escapar del burdel. Iba sin rumbo por la ciudad cuando una transeúnte vio su desesperación.

Después de que Lina le contara su historia en un inglés entrecortado, la llevó al FIZ. Lina sólo quería volver a su país lo más pronto posible, no se atrevió a poner una denuncia.

Primero amable, después tirano

En Lima, capital del Perú, Rocío, vendedora, conoce a un suizo mayor que le invita a salir. Poco a poco gana su confianza, especialmente porque la trata con todo respeto y no hace ninguna insinuación de tipo sexual.

El suizo le dice a Rocío que busca una esposa y que quisiera darle a ella la posibilidad de conocer Suiza, a la gente y a él mismo. El matrimonio tendría que realizarse en Suiza y para eso ella deberá llevar consigo los documentos necesarios.

En Suiza, Rocío es invitada a un viaje y después el hombre le explica que le gustaría primero producir un par de videos, en los que ella deberá tener sexo con sus amigos. El le aclara que las películas son una condición para el matrimonio, además de una prueba de amor.

Rocío llega al FIZ a través de la policía, a la que ella se dirigió porque el suizo se negó a devolverle sus documentos. La policía solicita al FIZ arreglar la permanencia y la salida de Rocío, el miedo la domina.

Matrimonio con un cliente

Patricia trabajaba como asistente de oficina en Colombia cuando a través de una amiga supo de la posibilidad de emplearse como trabajadora del sexo en Aruba. Allí conoció a otra mujer y con ella llegó a Suiza. La conocida le facilitó un empleo en un salón en Zúrich, por el cual Patricia debía pagar 10.000 francos.

La dueña del salón le advirtió a Patricia que es ilegal y que sería mejor que se case con un suizo para legalizar su permanencia. Patricia aceptó. La dueña del salón buscó a un cliente, el matrimonio costó 20.000 francos, suma que Patricia debía devolver con su trabajo en el salón.

El cliente y Patricia se casaron, ella se enamoró y vivió con él. Meses después, el marido le propuso hacer un viaje a Colombia para traer cocaína. Patricia se negó y el hombre la golpeó brutalmente. Llegó al FIZ a través del hospital, donde había sido operada de sus graves heridas.

Dormían sólo 5 horas

Dos jóvenes tailandesas llegaron al FIZ acompañadas de una suiza: ambas habían huido de un salón en un pequeño pueblo, donde dejaron todas sus pertenencias. Llegaron sólo con una bolsa de plástico y sus boletos de avión. Habían pedido ayuda a la primera persona que encontraron.

Ya que sólo habían estado dos meses en Suiza, ambas tenía visas vigentes, las cuales sólo caducarían en un mes. Las jóvenes habían tenido que trabajar todos los días, excepto los domingos, de 7 de la mañana hasta las 2 de la madrugada. Dormían y comían en el lugar de trabajo.
El dinero les fue confiscado por la dueña del salón y su marido suizo, pues primero debía cancelarse la deuda de 26.000 francos por la gestión del empleo. Sólo el último mes de trabajo podrían quedarse con la mitad de sus ganancias.

’Striptease integral’

A través de un aviso en Rumania se ofrecía un empleo en un club nocturno: striptease integral, muy buen sueldo, permiso de estadía y de trabajo, así como la oportunidad de conocer las bellezas paisajísticas suizas.

Verónica era maestra de primaria y con su sueldo no podía mantener a sus hijos. El padre de los niños no apoyaba financieramente a la familia. Su madre asumió el cuidado de los dos niños y Verónica viajó con un contrato de tres meses de una agencia rumana, la cual trabaja estrechamente con una agencia suiza.

Además de los contratos en alemán, Verónica firmó un segundo contrato en rumano. Allí se remarcaba cuánto debía pesar, cómo tenía que cumplir con sus obligaciones, de lo contrario debería pagar multas muy altas. Por la gestión del empleo debería retribuir además varios miles de francos.

Los pagos se debían hacer a un banco rumano y tenían que llegar puntualmente cada mes, sino la contratada debería pagar de una sola vez la suma total de 10,000 francos. Según los dueños de las agencias, esas sumas eran mínimas comparadas con el alto sueldo que recibiría.

En Suiza Verónica se enteró de lo que significa ‘striptease integral’ y que el baile era sólo una pequeña parte de su trabajo. Cuando después de dos meses no pudo pagar la suma por la gestión del trabajo, fue contactada por agentes suizos y sometida a presión.

swissinfo, Rosa Amelia Fierro


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