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¿Es posible un futuro sin energía nuclear?

Shimo-Tsushima, zona de exclusión de Namie, el 21 de septiembre de 2017: una superviviente del terremoto y tsunami que asolaron la región de Fukushima el 11 de marzo de 2011. Keystone / Christian Aslund/greenpeace Hand

El accidente nuclear de Fukushima del 11 de marzo de 2011 marcó el inicio del abandono nuclear en Suiza. Otros países, en cambio, decidieron invertir en esta fuente energética que, según algunos, es necesaria para frenar el calentamiento global.

Este contenido fue publicado el 11 marzo 2021 - 08:00

Fukushima está muy lejos de Suiza y Japón es un país que afronta con seriedad y profesionalidad los incidentes de esta índole: esta fue la primera reacción de Doris Leuthard, entonces ministra suiza de Energía, a la catástrofe nuclear más grave desde Chernóbil.

Solo después se percató de la gravedad del accidente y de que tendría repercusiones también más allá de las fronteras niponas, según recuerda Leuthard en una entrevista al diario ginebrino Le TempsEnlace externo publicada hace unos días.

El 14 de marzo de 2011, tres días después del accidente de Fukushima, se suspendían las solicitudes para la construcción de nuevas centrales nucleares en Suiza. Y dos meses más tarde, el Gobierno, entonces de mayoría femenina, anunciaba el abandono gradual de la energía nuclear.

Un giro que el pueblo suizo avaló en mayo de 2017, cuando la nueva estrategia energética 2050 – que además del desarrollo de las fuentes renovables prevé el desmantelamiento de las centrales nucleares al final de su ciclo de vida – fue aprobada en las urnas por casi seis de cada diez votantes.

Sin efectos negativos para la salud

Las emisiones radioactivas causadas por el accidente en la central nuclear de Fukushima (Japón) en 2011 no tuvieron ningún impacto negativo en la salud: es lo que se desprende del informe final de un comité de investigadores de Naciones Unidas publicado el pasado 9 de marzo. En esencia, el estudio confirma lo que decía un informe precedente publicado en 2013.

Según el Comité Científico de Naciones Unidas para el estudio de los efectos de las emisiones radioactivas, el fuerte aumento de los casos de cáncer de tiroides en niños expuestos se debe a una mejor técnica de cribado que reveló “la prevalencia de anomalías no detectadas anteriormente”.

GreenpeaceEnlace externo afirma, por su parte, que el 85% de la zona de descontaminación sigue contaminada. La organización ecologista acusa a los gobiernos de Japón en el poder desde el accidente de Fukushima de haber engañado a la población, glorificando la eficacia del programa de descontaminación e ignorando los riesgos radiológicos.

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El 14 de marzo de 2011, tres días después del accidente de Fukushima, se suspendían las solicitudes para la construcción de nuevas centrales nucleares en Suiza. Y dos meses más tarde, el Gobierno, entonces de mayoría femenina, anunciaba el abandono gradual de la energía nuclear.

Un giro que el pueblo suizo avaló en mayo de 2017, cuando la nueva estrategia energética 2050 – que además del desarrollo de las fuentes renovables prevé el desmantelamiento de las centrales nucleares al final de su ciclo de vida – fue aprobada en las urnas por casi seis de cada diez votantes.

La planta más antigua del mundo aún sigue activa

El primero de los cinco reactores en Suiza se desactivó a finales de 2019, con el cierre de la central nuclear de Mühleberg, en el cantón de Berna. El desmantelamiento y la descontaminación de la zona durarán previsiblemente unos quince años.

Se espera que las otras cuatro plantas, entre ellas la de Beznau (cantón de Argovia), la más antigua del mundo, continúen suministrando electricidad en los próximos años, mientras la Inspección Federal de Seguridad Nuclear las considere seguras.

En 2019, el 19% de la electricidad consumida en Suiza provenía de la fuente nuclear, frente a una cuota de alrededor del 10% a escala mundial.

Un planeta con 443 reactores nucleares

A diferencia de Suiza y Alemania, que cerrará todas sus plantas nucleares de aquí a finales de 2022, algunos países siguieron apostando por la vía nuclear tras el desastre de Fukushima. Entre ellos Turquía, los Emiratos Árabes Unidos, Bielorrusia y Bangladés. Casi la mitad de los nuevos reactores construidos en el mundo durante el período 2011-2020 se encuentran en China, según la agencia suiza Keystone-ATS.

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Actualmente hay 443 reactores en activo en el mundo (a finales de 2010 eran 429). Estados Unidos, Francia y China son los países con el mayor número de plantas nucleares.

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Fuente nuclear para salvar el planeta

Más allá de los problemas de seguridad y de los residuos radioactivos, la energía nuclear se enfrenta a la competencia de las energías renovables, que son cada vez más baratas. En 2009, los costes de las fuentes eólica y solar se redujeron en un 70% y un 89%Enlace externo, respectivamente, mientras que los de la energía nuclear aumentaron un 33%.

Sin embargo, la energía nuclear sigue despertando interés. Para sus defensores, se trata de una fuente energética que genera pocas emisiones de CO2 y, a diferencia del viento y del sol, puede utilizarse en función de las necesidades.

Fatih Birol, director general de la Agencia Internacional de la Energía, sostieneEnlace externo que la fuente nuclear es una parte integrante de la transición energética, al igual que Bill Gates, cuya empresa TerraPower prevé construir cientos de minicentrales nucleares de cuarta generaciónEnlace externo. En ellas se utilizará sodio líquido como refrigerante y serán integradas en la producción de energía renovable.

La idea de Bill Gates es buena, aunque también genera residuos radioactivos, señala Michael Prasser, profesor de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich y experto en energía nuclear.

Considerando la enorme capacidad de almacenamiento que se requiere para el desarrollo de energías renovables y el consiguiente aumento de la demanda de materias primas como el cobalto y el litio, no se podrá prescindir de la fuente atómica, sostiene Prasser. “Si queremos preservar la Tierra, debemos explotar también la energía atómica”, dice el  profesor.

Traducción del italiano: Belén Couceiro

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