‘Lo más invisible’ de Anna Huber, en el Guggenheim
La coreógrafa y bailarina suiza Anna Huber ha presentado este lunes (20 de agosto) en Berlín su obra, con música de Wolfgang Bley-Borkowski, una pieza en la que su cuerpo, expuesto sobre un espejo, parece transformarse en una escultura danzante que se cuestiona y se pierde de forma continua.
«No hay ningún objetivo alcanzable. Las posibilidades corporales nunca son suficientes para la presentación. A veces parece como que con cada pequeño paso la percepción de lo alcanzable se alejara un poco más», afirma Anna Huber sobre su labor experimental.
‘Lo más invisible’, realizada en cooperación con el museo Deutsche Guggenheim y el Theater am Halleschen Ufer de Berlín, analiza la situación de los intérpretes y de los espectadores en un recinto en el que puede observarse desde todos los ángulos y en cada instante todo lo que acontece sobre el escenario.
En sus trabajos, Anna Huber cuestiona permanentemente la existencia de un «auténtico concepto corporal», como afirma Philippe Saires en su «Etude sur la légèreté» y sobre la danza.
Nacida en Berna, la coreógrafa y bailarina suiza, que reside en Berlín desde 1989, se formó primero en Zúrich, después en Austria y Alemania, y últimamente con los coreógrafos Jo Fabian y Helena Waldmann.
«La danza es una forma artística fugaz», señala Huber. «Un lenguaje que debe reinventarse constantemente. Como forma artística contemporánea es una búsqueda permanente y un choque constante contra los límites. El movimiento hace visible el transcurso del tiempo», agrega.
La descripción del trabajo de Huber exigiría muchas palabras, pero impresiona su disciplina corporal, así como su expresión intelectual y coreográfica, algo que consiguen muy pocos bailarines.
La coreógrafa suiza asume la danza como un campo experimental y trabaja con ahínco en su propio lenguaje corporal para seguir ampliando sus estudios sobre la esencia de lo simbólico en la psiquis.
«El espejo es algo de uso diario», afirma Huber. «Todo el mundo o al menos la mayoría de las personas tienen uno en el baño. A diario nos miramos varias veces en él. Sin embargo, este objeto, pese a ser de uso cotidiano, tiene algo de intimidad. Es fascinante ver cómo una persona se mira al espejo cuando se siente no observada.»
Huber se alinea en una tradición que ha marcado especialmente la imagen corporal y el movimiento a lo largo del siglo XX. El lenguaje de la belleza del cuerpo humano. Pero, al crear su pieza, el deseo de la bailarina suiza era hacerse invisible; algo rayano en lo imposible.
«La forma aumentativa de la palabra invisible conduce a una visibilidad extrema, en la que el tema es lo expuesto, lo ya casi entregado: el intento de hacerse invisible en situaciones en que uno es visto absoluta y constantemente desde todos lados», afirma la coreógrafa helvética.
Para el espectador la bailarina se convierte por largos momentos en una figura plástica, en una pequeña escultura viviente, frágil, pero a la vez con una fuerza inusitada que invade todo el escenario.
Juan Carlos Tellechea, Berlín.
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