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Del exilio al escaño parlamentario

Solidaridad chilena en Berna. Manifestación contra la guerra en Irak. Juan Espinoza (RE)

Después de un largo proceso de integración, los hijos del exilio, convertidos en ciudadanos suizos, se destacan en política local.

Este contenido fue publicado el 25 abril 2003 - 20:32

Para entender a los electos concejeros comunales de origen latino en Ginebra es necesario hacer un poco de historia.

Un poco de historia. Para varios de los neófitos concejales comunales, sus primeros pasos en la política suiza lo comenzaron a dar hace 30 años atrás, cuando para ellos o para sus padres se inicio el exilio.

A partir de 1973, como consecuencia del golpe de Estado del general Pinochet en Chile, se inicia un largo éxodo de latinoamericanos hacia Europa, en particular hacia Suiza, donde perseguidos políticos encontraron refugio.

Cambio fundamental en el estatus de refugiado

Exiliados chilenos, argentinos, uruguayos, bolivianos, paraguayos y brasileños son recibidos en las principales ciudades helvéticas en calidad de refugiados políticos. En términos jurídicos fue también una primicia.

En efecto, el estatus de refugiado político protegía hasta entonces sólo a los europeos, y fue diseñado para aplicarlo a favor de los disidentes de los países comunistas. Pero la historia diría otra cosa, y en virtud de ese convenio, (Convenio de la ONU de 1951 sobre refugiados políticos) la Confederación tuvo que abrir sus puertas a perseguidos políticos de las dictaduras de derecha.

Un cambio jurídico dado un poco a contra corazón, ante el aumento de las presiones de organizaciones humanitarias, de las Iglesias, y de la prensa que se hizo eco de la magnitud del genocidio que estaba ocurriendo en Latinoamérica.

De esa manera, los primeros refugiados políticos fueron recibidos por organizaciones humanitarias como la Obra de Ayuda Obrera en Zúrich, (OSEO), el Centro Social Protestante (CSP) en Ginebra, la Ayuda mutua Protestante Suiza (EPER) de Lausana, y organizaciones católicas y sindicales en el Tesino, Lucerna y Basilea.

En esos años no existían estructuras oficiales como las de ahora para acoger y atender a los exiliados. La Oficina Federal de Policía en Berna se había especializado en los disidentes de Europa del este.

Exiliados de izquierda

Los primeros exiliados latinoamericanos eran en su mayoría militantes de izquierda, sindicalistas, estudiantes, y dirigentes políticos de los depuestos gobiernos. Entre ellos una gran mayoría eran intelectuales y profesionales, sobre todo argentinos.

Todos se exiliaron pensando en que su estadía no pasaría más allá de una temporada, lo justo y necesario para la normalización democrática en sus respectivos países.

Pero pasaron los años, y sólo en 1981 comenzaron los argentinos a vivir la normalización política. Se inició un lento retorno de exiliados, esencialmente de profesionales. Seguiría el turno de los brasileños, más tarde los bolivianos y uruguayos, y sólo en 1991, los chilenos y paraguayos. Entre tanto, otros exiliados llegaban a Suiza: colombianos, nicaragüenses, salvadoreños, guatemaltecos, ecuatorianos, y hasta peruanos.

La primera generación de exiliados se organizó en torno a organizaciones de solidaridad, reconstituyeron sus propias redes y partidos políticos en el exilio, crearon centros culturales, publicaron boletines y periódicos, unos más, otros menos, cada uno dio su grano de arena para apoyar la resistencia a las dictaduras.

Fueron años de militancia concentrados en actividades directamente relacionadas con sus países de origen.

Con esta generación de exiliados llegaron también muchos jóvenes, hijos de desaparecidos, niños aún menores, y adolescentes que conocieron sus respectivas patrias a través del relato de sus padres, o de los esporádicos viajes familiares, cuando se les permitía volver al país.

Primeras experiencias en política local

Aprendieron el idioma y comenzaron una rápida integración en la sociedad Suiza. Casi 30 años después, en el caso de los chilenos que se quedaron o que después volvieron, algunos irrumpieron con éxito en la vida política de sus respectivas comunas de domicilio.

Cierto, el proceso de integración no es nuevo. Ya en 1995 en la comuna de Meyrin (cantón de Ginebra), los latinoamericanos asisten a la elección como concejal de Michel Chevrolet (su nombre de adopción). Había llegado desde Argentina con su madre exiliada hace 20 años atrás. Entonces se llamaba Miguel. Pero este electo concejal por el Partido Demócrata Cristiano (PDC) poco o nada conoció y supo de su Argentina natal.

Después vendría la brillante elección de Antonio Hodgers, en Ginebra, que a los 19 años, siendo aún estudiante, este hijo de un padre desaparecido en la Argentina, se convirtió en el concejal más joven de toda Suiza. Fue elegido una segunda vez y, en representación de Los Verdes, actualmente es jefe de su grupo en el Gran Consejo (Parlamento municipal) Ginebrino.

En 1999 le tocó el turno a Alberto Pérez-Iriarte, uruguayo. Nacionalizado suizo por casamiento, Pérez-Iriarte intentó abrirse camino político en su país natal al que volvió y donde permaneció algunos años sin poder integrarse.

Retornó a Suiza y a militar a fondo en las filas del Partido Socialista ginebrino, que lo designó candidato a concejal por la comuna urbana de Lancy. Es miembro de la Comisión política del PS de Lancy.

Pero el pasado 30 de marzo ya no se trató de casos aislados. En casi todas las comunas ginebrinas, tanto los partidos de derecha como los de izquierda, llevaron candidatos de origen latinoamericano en sus listas.

La elección de varios de ellos, marcó también su aceptación definitiva por la sociedad suiza, que les legitima con sus particularidades culturales e idiomáticas.

swissinfo, Alberto Dufey

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