Esclarecer el racionamiento de tratamientos médicos
En Suiza el racionamiento de los tratamientos por razones económicas es una realidad, aunque se trata de un fenómeno bastante oculto.
La Asociación Suiza de las Ciencias Médicas pide que el tema se convierta de dominio público y que, en consecuencia, se fijen directivas específicas.
«¿Merece la pena administrar a un enfermo terminal los nuevos y muy costosos medicamentos contra el cáncer para prolongar algunas semanas su vida o someter a una persona anciana a una diálisis?»
Contraponer utilidad y coste de un tratamiento es fuente de disgusto y suscita objeciones éticas y legales. El progresivo envejecimiento de la población y los continuos avances de la investigación médica convierten esta cuestión en un tema cada vez más candente. Los recursos son limitados, la demanda ilimitada: todos los países, en mayor o menor medida, se ven obligados a afrontar el problema.
Gran Bretaña lo ha hecho abiertamente decretando, por ejemplo, que las operaciones de cadera y las terapias sustitutivas para quienes padecen una disfunción renal ya no se efectúen en personas mayores de setenta años. De la misma manera el enfermo responsable de su dolencia debe asumir las consecuencias: los fumadores ya no tienen derecho a una operación de corazón.
Racionamiento oculto
En la mayoría de los países, entre ellos Suiza, el problema sigue siendo un tabú. «Es difícil que la población se declare dispuesta a renunciar a los derechos adquiridos», explica a swissinfo Anne-Marie Bollier, delegada para la Suiza de expresión francesa de la Organización Suiza de Pacientes (OSP).
«Nadie en nuestro país aceptaría medidas drásticas como las que prevé el sistema sanitario anglosajón», coincide el doctor Peter Suter, presidente de la Academia Suiza de las Ciencias Médicas (ASSM). «Esto no significa que en Suiza la explosión de costes en el sector de la salud tenga como efecto un racionamiento de los tratamientos disponibles».
Aunque bastante extendido, se trata de un fenómeno oculto. Basta pensar en la situación que reina en los hospitales debido al reducido número de la plantilla. «Quienes más acusan la escasez de enfermeras son los pacientes en las secciones de geriatría y psiquiatría que necesitan un seguimiento y tratamiento constantes», precisa el presidente de la ASSM. Lo mismo se aplica a los servicios de SPITEX (atención a domicilio).
La situación económica obliga a apretarse el cinturón; además de los recortes de personal, se prescinde de algunos tratamientos útiles. Según un reciente estudio publicado por la ASSM, dos de cada tres médicos admiten haber renunciado – por razones económicas – a terapias o análisis de diagnóstico que habrían convenido a los pacientes, por ejemplo pruebas de laboratorio, tomografías axiales computarizadas (TAC) o resonancias magnéticas.
Libertad de doble filo
Si comparamos las estadísticas helvéticas con las de otros países resulta que el racionamiento oculto es más frecuente en Suiza que, por ejemplo en Italia, Gran Bretaña o Noruega: esto muestra que los médicos suizos gozan de una mayor libertad de decisión respecto a sus colegas extranjeros.
Los mismos médicos sostienen que muchas veces preferirían prescindir de este margen de maniobra: «Fijar prioridades y negar una terapia no es sencillo desde el punto de vista moral ni ético», afirma el doctor Suter. «El personal médico se ve obligado a cargar con una enorme responsabilidad que debería poder compartir con el poder político».
También al enfermo le resulta difícil aceptar que se le niegue un tratamiento: «Existe el riesgo de que no comprenda las razones y se sienta víctima de una injusticia, de una discrepancia de tratamiento respecto a otros enfermos», agrega.
Directivas
Para salir de esa zona de sombra la ASSM propone lanzar un debate público sobre el tema. En particular, pide a la Oficina Federal de Salud Pública y al poder político que adopte en el plazo de dos años una serie de directivas que los médicos puedan aplicar para establecer en qué casos y en qué medida procede adoptar un racionamiento.
Los expertos no solicitan reglas rígidas, ni tampoco prohibiciones o listas precisas de tratamientos a los que renunciar sistemáticamente: «La decisión final será objeto de discusión entre el médico y el paciente», sostiene el representante de la OFSP.
Las directivas no tendrán fuerza de ley, sino que servirán sencillamente de vademécum para el personal médico. La ASSM es consciente de que esta solución no satisface a todo el mundo: «Al disponer de determinados procedimientos aplicables a todos los casos similares, el médico se sentirá más seguro a la hora de tomar una decisión», afirma Peter Suter. «Por su parte, el paciente no se sentirá discriminado y, por consiguiente, aceptará más fácilmente que no se le aplique un tratamiento».
swissinfo, Anna Passera
(Traducción del italiano: Belén Couceiro)
En 2004 Suiza gastó 51.670 millones de francos en su sistema de salud (datos de la Oficina Federal de Estadística).
Esta suma representa 6.929 francos por habitante o 11,6% del Producto Interior Bruto (PIB).
Los gastos de salud no han cesado de aumentar en el transcurso de los años: en 1995 representaban el 9,7% del PIP; en 1980 el 6,3%; y en 1960 el 4,9%.
En Gran Bretaña, los criterios para racionarlos varían de una región a otra. A veces la decisión se adopta en función de la edad del paciente, otras con base en su responsabilidad en la dolencia que padece.
El estado de Oregon (EEUU) ha fijado una prioridad de los tratamientos aplicados. Vacunas, curas hospitalarias, operaciones vitales encabezan la lista. Menos prioritarios son los tratamientos contra el cáncer o el sida en fase terminal.
En Nueva Zelanda se evalúa individualmente la necesidad del paciente de ser sometido a ciertos tratamientos. Pero debido a la complejidad del sistema, este modelo sólo se ha podido aplicar a cinco tipos de operaciones, entre ellas las cataratas.
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