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Desde Suiza, a trabajar con chicos de la calle

Nikolina es estricta con los niños, pero éstos le han tomado cariño. swissinfo.ch

Con sólo 23 años, Nikolina Stanic llegó desde Zúrich a trabajar como voluntaria en una Institución porteña que asiste a chicos de la calle.

Este contenido fue publicado el 30 septiembre 2005 - 20:35

swissinfo acompañó a la joven suiza durante su trabajo en el Centro de Atención Integral a la Niñez y Adolescencia (CAINA) donde realiza una verdadera tarea solidaria.

"Después de tres años de estudios tenía ganas de viajar, de ver la realidad y me dije: quiero hacer esta experiencia. Porque dinero no tengo para dar, pero tengo muchas ganas de cambiar algo y tengo tiempo para invertir. De alguna forma fue como una decisión intuitiva."

Así comienza Nikolina Stanic su relato, mientras señala que Sudamérica es un tema muy tratado en la carrera de Antropología Cultural que cursa en la Universidad de Zúrich.

Hija de croatas emigrados al país alpino por razones económicas y sociales, cuenta que ella y sus dos hermanas nacieron en Suiza, y deja entrever que fueron sus padres quienes les transmitieron el espíritu solidario y humanista.

El primer día...

Nikolina entra a trabajar poco antes de las 9 de la mañana y se queda en el CAINA hasta las 2 o 3 de la tarde, según las actividades o reuniones que se hagan. Su labor consiste, fundamentalmente, en ayudar en los desayunos, organizar actividades y asistir a los chicos en todo lo posible.

"El primer día tuve muchas impresiones. La mayoría de los chicos tienen entre 12 y 15 años, hay más varones que niñas, y hay muchas confrontaciones y comentarios de tono sexual, algo que tiene que ver con la edad... son adolescentes."

"Al principio eso me parecía medio fuerte, pero lo más importante era aprender a poner límites, porque como todos los chicos querían saber hasta dónde podían llegar", cuenta Nikolina y asegura:

"Ahora, después de un mes aquí, ya hay como una confianza. Es un trabajo muy intenso que muchas veces no es fácil, pero también tiene momentos muy lindos."

"Finalmente, son solamente chicos"

Nikolina no pierde la sonrisa y se advierte que varios niños y adolescentes del CAINA le han tomado cariño. No llama la atención que la abracen y la saluden con un beso cuando va pasando por la mesa donde desayunan.

"Acá los chicos tienen mucha necesidad de tocar, de abrazar y eso para mí es también una presión muy fuerte. El primer día fue como muy raro, porque no los conocía, pero ahora ya los conozco y hay mucho cariño", sostiene.

Asimismo recalca que se le hace más difícil trabajar con los adolescentes que con los más jóvenes: "A veces también hay situaciones feas, te insultan. Pero ahora eso no es un problema, ya que ahora sé poner el límite. Y es un proceso que hay pasarlo para aprender a manejarlo".

"Los chicos, finalmente, son solamente chicos. Viven en la calle, tienen una realidad muy dura, muy distinta que los chicos que viven en una casa, pero en el corazón son todavía chicos, y eso hay que tenerlo siempre presente".

"Con el castellano solo, no alcanza"

Aunque Nikolina habla perfecto castellano, el idioma constituyó una traba para ella:

"Yo hablo castellano pero ellos hablan una especie de 'lenguaje callejero' que no alcanzo a comprender totalmente. Y ellos tienen muchas ganas de hablar y de contar sus problemas", explica.

"Por ejemplo, las mujeres que ya tienen hijos, sobre todo, quieren hablar de sus preocupaciones, sus angustias. Y ahí encuentro un límite que no puedo cruzar por el idioma. Es una lástima, porque yo paso mucho tiempo con ellos y me interesa conocer lo que pasa en sus vidas."

swissinfo, Norma Domínguez, Buenos Aires

CONTINÚA EN MÁS SOBRE EL TEMA: Confrontar la realidad de la calle

Contexto

El Centro de Atención Integral a la Niñez y Adolescencia (CAINA), inaugurado el 24 de junio de 1992, funciona ininterrumpidamente como Centro de Día, de lunes a viernes, en el horario de 9 a 17 horas.

El perfil predominante de los chicos que acuden a la Institución es de niños y adolescentes de ambos sexos, que tienen entre 8 y 18 años y viven o trabajan en las calles de la Ciudad de Buenos Aires.

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