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En busca del objetivo (imposible) de 2°C

En el 2016, la concentración de CO2 en la atmósfera alcanzó el nivel récord de 403 partículas por millón. Keystone/Gaetan Bally

Con la entrada en vigor este domingo en Suiza del Acuerdo de París sobre el Clima, la Confederación adquiere un mayor peso en las negociaciones internacionales sobre el calentamiento global. Sin embargo, el objetivo de limitarlo a 2°C es cada vez más utópico.

Este contenido fue publicado el 05 noviembre 2017 - 10:00

“Ahora empezamos a tomarnos las cosas en serio”, afirma Jürg Staudenmann, coordinador de la Alianza Climática, que reúne a unas 60 organizaciones humanitarias y medioambientales. Con la entrada en vigor del acuerdo internacional sobre el clima, explica, Suiza podrá participar por primera vez como miembro de pleno derecho. “Suiza tendrá un mayor peso durante las negociaciones. Pero también tendrá que asumir una plena responsabilidad en lo que concierne a la reducción de las emisiones y el financiamiento climático en apoyo de los países en desarrollo”.

Para Franz Perrez, titular de la delegación helvética que participa en las conferencias internacionales sobre el clima, una de las prioridades es establecer las normas para fijar los objetivos nacionales de reducción de emisiones. “Según el Acuerdo de París, cada país signatario debe formular un nuevo objetivo cada cinco años. Suiza quiere que esto sea de manera transparente y cuantificable”.

Objetivo: No más de 2°C

Adoptado en la capital francesa en diciembre de 2015, el Acuerdo de París es el primer acuerdo internacional sobre el clima de carácter universal. Ha sido firmado por 195 países, es decir, por casi todas las naciones del mundo.

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Concretamente, el acuerdo tiene como objetivo:

Mantener el aumento medio de la temperatura muy por debajo de los 2°C respecto a los niveles preindustriales y comprometerse a limitarlo a 1,5°C.

Alcanzar lo antes posible el pico máximo de emisiones globales y lograr un equilibrio entre las emisiones de las actividades humanas y la absorción de gases de efecto invernadero en la segunda mitad del siglo.

Revisar los objetivos de reducción de emisiones cada 5 años a partir de 2025.

Asignar 100 000 millones de dólares al año para apoyar la política climática en los países más pobres a partir de 2020.

A diferencia del Protocolo de Kioto, el Acuerdo de París no establece objetivos precisos para reducir las emisiones. Corresponde a cada Estado miembro decidir, de forma voluntaria, el tamaño de sus propios recortes. Suiza aspira a reducir las emisiones de CO2 a la mitad para 2030 respecto a 1990 con medidas nacionales (30%) y proyectos en el extranjero (20%).

Al menos 3°C dentro de 2100

Sin embargo, a pesar de las buenas intenciones, los objetivos climáticos siguen muy lejos. Según un estudio encargado por el WWF, se espera que el gobierno federal ponga a cero sus emisiones de CO2 para 2038 si pretende contribuir al objetivo global de 2 °C.

¿Utópico? Probablemente. Y utópico también parece ser el objetivo mismo de 2 °C fijado en París. Según un informe de la ONU publicado a finales de octubre, incluso si las contribuciones nacionales para reducir las emisiones se aplican plenamente, el aumento de la temperatura “es probable que sea de al menos 3 °C para finales de siglo”. Un escenario, advierte la ONU, que podría ser incluso más sombrío si Estados Unidos diera seguimiento a la intención del presidente Trump de abandonar el Acuerdo de París.

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