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El arte de conciliar los extremos en Helvetistán

El presidente de Uzbekistán, Islam Karimov, dirige a su país con mano de fierro.

Suiza reevalúa su política frente a los regímenes autoritarios de Asia Central.

Este contenido fue publicado el 02 marzo 2007 - 17:03

Esos países forman parte de Helvetistán, el grupo de países conducido por Suiza en el seno de las instituciones de Bretton Woods. Berna quiere establecer una coherencia entre intereses económicos y derechos humanos.

Conciliar intereses económicos y derechos humanos es la finalidad oficial de Suiza y de otras democracias occidentales. Estado depositario de los Convenios de Ginebra y potencia económico-financiera de primer plano, Suiza incluso lo convirtió en su credo, sobre todo desde finales de la guerra fría.

Sin embargo, esta exigencia está lejos de lograrse. El caso de Helvetistán - el grupo de países conducido por Suiza en el seno del consejo de administración de las instituciones de Bretton Woods (FMI y Banco Mundial) – es, en este caso, emblemático.

En respuesta a un voto popular, Suiza se unió a las instituciones de Bretton Woods en 1992. Para poder ocupar un escaño en los consejos del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM), se alió con pequeños países cuyos intereses también representa. Una fórmula igualmente practicada por Bélgica y Holanda.

Este grupo, denominado 'Helvetistán', reagrupa a Polonia, Serbia, Montenegro y a las cinco antiguas repúblicas soviéticas de Asia Central, que llegaron en un mismo momento al seno de estas instituciones financieras creadas para ayudar a los países en vías de desarrollo.

Sobre las ruinas de Unión Soviética

Suiza ha instrumentado programas de cooperación con estos nuevos países de Asia Central para permitirles acceder a la economía de mercado y a la democracia. Una visión entonces evidente, dado el derrumbe del bloque soviético.

Hoy, esta perspectiva es diferente. En lo que concierne a la evolución de los países de Asia Central, la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE) constata: "Mientras que una reducida elite sacaba provecho del proceso de privatización, no siempre exento de fraude, la mayoría de la población se veía confrontada con una pérdida importante de bienestar", podemos leer en su sitio Web.

Por su parte, Mohammad-Reza Djalili, especialista en Asia Central, añade que las revoluciones 'arco-iris' de Ucrania y en Georgia empujaron a los regímenes de Asia Central a endurecer el tono. Una rigidez reforzada por la vuelta de la influencia rusa a esta región rica en hidrocarburos.

Al mismo tiempo, estos intereses energéticos incitaron a las grandes potencias occidentales a poner un bemol en la cuestión de los derechos humanos.

Sanciones y reevaluación

En respuesta a la represión sangrienta de un levantamiento en Andizan, en el este de Uzbekistán, en mayo de 2005, y de otros signos de endurecimiento en Asia Central, el gobierno suizo decidió imponer sanciones a Uzbekistán y reevaluar su política con respecto al conjunto de esos países.

"Se trata de encontrar una nueva coherencia entre los imperativos de defensa de los derechos humanos, la acción de COSUDE, los intereses económicos y las consideraciones políticas", precisa Urs Herren, responsable de la región en el seno de la institución helvética y para quien una reflexión semejante debería concluir en un par de meses.

"Incluso si tomamos en consideración el conjunto de la ayuda suministrada por los países occidentales y el Banco Mundial, estas sumas son relativamente reducidas. No pueden pues servir de palanca para influir en la política de un país como Uzbekistán", añade.

El grado de apertura varía según los países, aun cuando todos padecen fuertes trabas en sus libertades públicas. "Kirguizistán es el más liberal de la región. Tayikistán en cambio, el más autoritario. Pero con esos dos países -los más pobres de la región-, Suiza ha logrado mantener un diálogo sobre los derechos humanos", precisa Urs Herren.

En cambio, Uzbekistán muestra una particular cerrazón con respecto a los intercambios sobre derechos humanos. En cuanto a Turkmenistán, poseedora de riquezas energéticas, rechazó desde el principio las ofertas de cooperación con Suiza y Europa.

La democracia, a la baja

En el marco de las instituciones de Bretton Woods, Suiza dirige pues un grupo de países asiáticos cuyos regímenes hacen escarnio de los derechos humanos. ¿Se trata entonces de un flagrante ejemplo de contradicción entre sus intereses económicos y su combate en favor de los derechos humanos?

No es tan seguro, de acuerdo con Urs Herren. Los programas aparentemente técnicos que COSUDE desarrolla en esos países permiten instaurar poco a poco una forma de democracia local para la gestión de recursos como el agua. "Cada tres meses evaluamos si los objetivos son alcanzados", precisa Urs Herren.

Además, la cooperación helvética también favorece la instauración de un Estado de derecho en estos países a través de programas que preconizan el buen gobierno.

Así pues, no se ha perdido la esperanza de favorecer una apertura y una democratización de estos regímenes. Pero esto llevará tiempo.

swissinfo, Federico Burnand en Ginebra
(Traducción, Marcela Águila Rubín)

Contexto

Suiza es uno de los principales donadores de los países de Asia Central.

Estos programas de cooperación -bilaterales y regionales- cuestan anualmente cerca de 18 millones a COSUDE y 16 millones a la Secretaría de Estado de Economía (SECO).

Consisten en un apoyo a las reformas del sistema de salud o de la gestión duradera de los recursos naturales.

Esos proyectos pretenden también sentar las bases de un Estado de derecho, integrar todos los grupos sociales en el proceso de democratización, sin olvidar el apoyo del sector privado en particular a las PYME.

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