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El atardecer de la vida en la segunda patria



Residencia de ancianos Oasi en Zúrich: es mejor envejecer en compañía que en soledad.

Residencia de ancianos Oasi en Zúrich: es mejor envejecer en compañía que en soledad.

Envejecer en otro país pero rodeado de la propia cultura: es lo que ofrece la Fundación Domicilios para Ancianos Albisrieden, en Zúrich, a las personas de edad que proceden de los países mediterráneos. Una visita a este asilo para inmigrantes del sur.

"La vida aquí es bella. Estoy como gallo en gallinero, rodeado de siete mujeres. Pero a los 95 años, ya no se puede ni 'quiquiriquear'".

El señor Callipari es el único hombre entre las ocho personas de edad avanzada que pasan la última fase de su vida en la residencia de ancianos Oasi.

"Las mujeres a veces son algo complicadas, sin embargo, es maravilloso estar rodeado de siete de ellas“, declara a swissinfo.ch este anciano originario de Calabria. Y lo dice con una voz entrecortada pero encantadora.

Estar como en casa

Callipari relata sus años mozos en Calabria, al sur de Italia. Habla de su aprendizaje como sastre en Turín, de su mudanza a Bolzano al sur del Tirol. Desde hace 45 años vive en Suiza. Después de la muerte de su esposa vivió en Zúrich junto a su hijo. "Y ahora estoy con siete damas y nuestro gato".

Las siete mujeres vienen de Italia, como el señor Callipari. Una octava, que tenía raíces españolas, murió hace poco.

"Mientras tenga alas y pueda volar, la vida es bella", filosofa el único gallo del gallinero. "A veces tengo nostalgia de mi país. Pero mi familia está aquí, en Oasi, donde me siento como en casa".

Un servicio para ancianos con pocos recursos

La residencia de ancianos Oasi fue creada hace cinco años por la Fundación de Domicilios para Ancianos Albisrieden, en la ciudad de Zúrich. En 2008, debido a la demanda, se construyó un segundo emplazamiento  (Oasi dos). La oferta se orienta a personas mayores de origen italiano y español que han vivido hace tiempo en la ciudad o el cantón de Zúrich.

Oasi dispone de un gran apartamento de dos plantas donde hay un salón  con cocina, nueve habitaciones individuales, cuatro baños, zonas de aseo y una oficina.

La edad de los moradores va de los 73 a los 96 años. "Se trata, sobre todo, de personas con menos recursos. Vinieron a Suiza para trabajar en el ferrocarril, como costureras, lavanderas, que son más bien oficios de los estratos sociales más bajos", dice Monika La Roche a swissinfo.ch.

Esta mujer de 50 años, directora del domicilio Oasi, conoce la mentalidad y la cultura italianas por propia experiencia: vivió y trabajó durante siete años en Italia.

La gastronomía, muy importante

Una gran diferencia con un asilo de ancianos ‘normal‘ en la Suiza de habla alemana es la comida. "Para las personas de Europa del Sur este es, de cualquier manera, un tema central, y en la vejez es todavía más importante. Siempre se alegran si tienen una buena comida", según Monika La Roche.

"Naturalmente aquí ofrecemos comida mediterránea, lo que no es del todo fácil, pues en el norte de Italia se come de manera muy diferente al sur, y nuestros huéspedes vienen tanto del sur como del norte. Es increíblemente difícil dejar contentos a todos", dice la directora de Oasi.

"Aquí se come muy bien, cocina italiana genuina", elogia la señora Gianacchi, de 87 años, y agrega que el personal de Oasi "es siempre muy amable con nosotros". Por su parte, la señora Molinari, de 74 años, subraya: "Aquí reina un buen ambiente, el personal es maravilloso, estoy muy contenta. La comida es casi siempre muy buena", sonríe. ¿Y ha visto qué bien se ven nuestras habitaciones? ¡La mía es especialmente bella!".

Nostalgia vencida

La señora Molinari tiene a veces deseos de volver a Roma, de donde procede. "Pero eso no es posible. Allá ya no tengo a nadie". Se encuentra en Oasi desde hace dos años. Su hija, casada, también vive en Zúrich y la visita a menudo. "¿Qué haría sola en casa? Aquí estoy acompañada todo el tiempo".

La señora Figura, de 74 años también tiene nostalgia, "a veces". Es originaria de Messina, en Sicilia, a donde ya no puede viajar más, por motivos de salud. "Llegué a Zúrich en 1964, me casé, trabajé seis años como costurera y crié a tres niños. Ellos viven aquí y también tienen hijos. Pero no podría vivir con mis hijos porque mimaría demasiado a mis nietos, y mis hijos no verían eso muy bien", dice con una sonrisa. Y agrega que en Oasi le va muy bien.

Casi un hogar de cuidados

"En realidad, estamos casi como en un hogar de cuidados", indica la directora Monika La Roche. "Hay atención en el campo físico y psíquico. Tenemos personas con demencia, otras que podrían vivir en casa con los cuidados de Spitex (organización de ayuda y cuidados). Pero para evitar el aislamiento social, esta forma de vivienda comunitaria de ancianos es mejor, con seguridad".

La inquilina de mayor edad en Oasi es la señora Fabbricatore, de 96 años,  originaria de la región de Nápoles. "Aquí estoy bien cuidada, mañana viene la doctora", dice esta dama que vive desde hace 55 años en Suiza, su "segunda patria".

La señora Fabbricatore enfatiza una y otra vez, que se acerca su último viaje, como la inquilina más antigua de Oasi. A lo que el señor Callipari, de 95 años, contesta con un lacónico "pero esta vez sin maleta".

Tenemos discusiones con los ancianos sobre el tema ‘muerte’ y ‘morir’, señala Monika La Roche. "Entonces cada vez compruebo que todos tienen una gran nostalgia de su país. La mayoría quisiera morir en su terruño".

En ese momento suena la campana para el almuerzo. Los jubilados se sientan alrededor de una gran mesa y observan lo que hay. A la derecha del señor Callipari se sienta la señora Figura, a su izquierda la señora Fabbricatore. Lo que da motivo al viejo bromista para expresar, con un guiño: "Aquí se sienta la mafia. Yo represento a la ‘Ndrangheta' calabresa, la señora Fabbricatore a la camorra napolitana y la señora Figura a la mafia siciliana...".

Oasi, ¿un modelo en extinción?

La residencia de ancianos Oasi es algo grandioso, pero la demanda de cara al futuro pronto podría declinar, dice a swissinfo.ch Marianne Keller, directora ejecutiva ad interim de la Fundación Domicilios para Ancianos en Albisrieden.

¿La razón? “La siguiente generación de inmigrantes italianos y españoles en Suiza ya habla alemán y ya no quiere ir a una residencia como ésta. Ellos buscan algo que corresponda a la nueva cultura”.

En el futuro, continúa Keller, se va a necesitar más esta forma de atención con los ancianos, por ejemplo, de los Balcanes.

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Los costes de Oasi

Los costos son similares a los de otras residencias de ancianos de la ciudad de Zúrich. Incluyen cuidados y enfermería, pensión y servicios secundarios.

Los inquilinos de Oasi pagan la cuota de pensión así como una parte de los cuidados. El seguro de salud paga por los servicios de enfermería.

El déficit restante es financiado por el cantón y por la Fundación, que cada año otorga subvenciones para que las tarifas se mantengan relativamente bajas.

Los ancianos (as) con escasos recursos pueden vivir en Oasi, con las prestaciones complementarias, si ha vivido durante mucho tiempo en Suiza, como las indemnizaciones municipales. En el peor de los casos, las tarifas también pueden ser reducidas selectivamente.

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(Traducción, Rosa Amelia Fierro), swissinfo.ch


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