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El sueño solar de Bertrand Piccard

Bertrand Piccard anuncia su nueva hazaña aérea.

(Keystone)

El proyecto se llama Solar Impulse y es todo un desafío tecnológico y científico: Bertrand Piccard quiere dar la vuelta al mundo en un avión solar.

Este viernes se confirmaron en Lausana los rumores que circulaban en los últimos días en Suiza.

El 21 de marzo de 1999, a las 6 horas de la mañana GMT, el globo Breitling Orbiter 3 aterrizaba en territorio egipcio, después de haber dado la vuelta al mundo sin escala en 19 días, 21 horas y 55 minutos.

Pocas semanas después, Bertrand Piccard entablaba contacto con los responsables de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL) con la intención de que la prestigiosa institución se asociara al nuevo proyecto que tenía en mente y verificara la factibilidad del mismo.

Este viernes, en el marco de la EPFL y al margen de la Jornada de la Ciencia, el psicoanalista y aventurero suizo, de 46 años, hizo pública su nueva hazaña: Solar Impulse, dar la vuelta al mundo en avión alimentado únicamente con energía solar.

Respaldarazo al desarrollo sostenible

El objetivo principal es promocionar el desarrollo sostenible y las energías renovables, “sin que el público se sienta amenazado en su confort, seguridad o posesiones”, explica Bertrand Piccard.

Se trata de demostrar que la conciencia ecológica no significa volver a tiempos ancestrales, sino fomentar el desarrollo de tecnologías punta. Según Stefan Catsicas, vicepresidente de la EPFL para la Investigación, el avión de Piccard será “un laboratorio en vuelo”.

Desafíos tecnológicos

El aparato tendrá el aspecto de un inmenso avión planeador: su tamaño será semejante a la de un Boeing 747, las alas abarcarán una superficie de 150 metros cuadrados. El avión, que llevará dos hélices en la cola, estará cubierto de captores solares y volará a aproximadamente 10.000 metros de altitud.

El proyecto es todo un desafío energético: transformación, rendimiento y sobre todo almacenamiento de la energía solar, puesto que avión tendrá que volar tanto de día como de noche.

También es un desafío en el ámbito de la creación de materiales, que deben ser leves, “inteligentes” y multifuncionales.

Y otro problema es la interface hombre-máquina, una relación de simbiosis entre el pilota y el aparato que garantice el flujo permanente de informaciones recíprocas.

¿Se justicia semejante inversión tecnológica en un solo proyecto? Pues sí, ya que las investigaciones llevadas a cabo tendrán además otra utilidad.

Así por ejemplo la nueva generación de sensores solares se utilizará para las prótesis cardíacas, y el estudio de interfaces hombre-máquina se aplicará a las prótesis o a las sillas de ruedas.

Ciencia y medios de comunicación

Una docena de científicos de la EPFL ya están trabajando en el proyecto ‘Solar Impulse’.

Después de participar en la aventura de Alinghi, cabe preguntarse si la institución universitaria federal elige sus objetivos científicos en función de los éxitos deportivos. Según Stefan Catsicas, lo contrario es el caso. Son los desafíos deportivos los que acaparan la atención sobre los campos de trabajo de la EPFL.

“Un proyecto como éste llama mucho la atención. Pero es un poco como la punta del iceberg. Detrás hay el campus que gana un nuevo impulso. Y para nosotros también es un escaparate que nos permite mostrar al resto del mundo, incluidos los investigadores, el trabajo que realizamos”, explica.

Parece que la mediatización es inevitable para una institución como la EPFL. “La respuesta es un sí parcial. Porque ya no nos movemos a escala local o nacional, sino internacional”, puntualiza Stefan Catsicas.

“Si queremos que, a partir de esta noche, todos los grandes dirigentes de la industria se interesen por la energía renovable y sepan que somos un centro de referencia en este campo, un programa como éste es determinante para nosotros.”

Reescribir la historia de la aeronáutica

El desarrollo de las tecnologías necesarias se llevará a cabo en los años 2004 y 2005. El primer prototipo de avión será experimentado en junio del 2006, previsiblemente en Payerne. Las primeras noches de vuelo están planeadas para el 2007.

¿Y la vuelta al mundo sin escala? “Eso es todavía un sueño y no un proyecto”, reconoce Bertrand Piccard, quien otorga mucho más peso al proyecto a largo plazo que a un único vuelo.

“Breitling Orbiter fue la última aventura aeronáutica del siglo XX. Solar Impulse es la primera del siglo XXI”, señala lleno de entusiasmo. Según él, se trata de reescribir la historia de la aeronáutica, en este caso solar.

En resumen: Piccard vuelve a la hazaña, que el público seguirá con fervor. Tal vez lo deje caer si fracasa (como ocurrió con Orbiter 2). Pero llegado el momento volverá a celebrar con él cada triunfo.

Sea como fuere, Piccard tiene la capacidad de creer en la utopía. Más aún: se rodea de los mejores investigadores para que esa utopía se haga realidad. Mantiene la cabeza en el aire, pero conserva los pies sobre la tierra. Ahora de lo que se trata es de encontrar patrocinadores. La búsqueda ya ha comenzado.

swissinfo, Bernard Léchot
(Traducción: Belén Couceiro)


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