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Erradicación de armas químicas: Suiza es ejemplar

Rogelio Pfirter, director de la OPAQ, con Micheline Calmy-Rey, titular suiza de Exteriores. Keystone

Así lo manifestó Rogelio Pfirter, director de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ), durante una visita a Berna.

Este contenido fue publicado el 09 abril 2003 - 10:33

Las secuelas de la guerra en Irak y las experiencias en la aplicación de la Convención fueron parte de la agenda.

"Me voy de este país con la enorme satisfacción y con el convencimiento de que seguiremos teniendo un buen involucramiento de Suiza en nuestro trabajo", declaró el diplomático a swissinfo, poco antes de cerrar este martes (08.04.) su misión de dos días en la capital federal.

Además de conversar con la ministra de Exteriores, Micheline Calmy-Rey, el jefe del Estado Mayor, general Christophe Kekeiz y el secretario de Estado de Economía, David Syz, Pfirter visitó el laboratorio de Spiez, instalación dedicada especialmente a la protección contra las armas biológicas y químicas.

En cuanto a Irak, se limitó a señalar: "Espero que pronto se una a la Convención sobre armas químicas".

Valioso aporte con 'know how'

Suiza contribuye con algo más de 1.200.000 francos anuales a la OPAQ, es decir con apenas el 1,2% de esa institución. Pero es mucho más significativo el respaldo técnico prestado a la organización, con sede en La Haya.

"En el laboratorio de Spiez se han formado muchos de los inspectores que hoy trabajan para nosotros y que son el instrumento a través del cual cumplimos con los objetivos de la organización", precisó el diplomático argentino con raíces familiares en Basilea y San Gall.

Pfirter destaca además la asistencia técnica y el 'know how' brindado por Suiza a ciertos países para el cumplimiento de las obligaciones adquiridas al firmar la Convención de 1993, que prohíbe la fabricación, el empleo y el almacenamiento de armas químicas y obliga a la destrucción de las existentes.

En este marco Pfirter visitó las dependencias del laboratorio de Spiez. En una de ellas presenció el curso que se imparte a los inspectores en armas químicas y se interiorizó de las investigaciones que se hacen para afrontar la eventualidad de un ataque con armas químicas.

Armas ABC: miedo a lo imprevisible

"Todo lo que tiene que ver con armas de destrucción masiva (atómicas, biológicas y químicas), lógicamente por muy buenos motivos, es una razón de enorme preocupación para todos", señaló Rogelio Pfirter.

"Creo que en el caso de las armas químicas, esa preocupación se ve aumentada por la posibilidad de que también grupos terroristas accedan a ellas, lo cual incrementa exponencialmente los peligros que puedan derivarse de esas armas", sentenció.

El impedir que ello ocurra es tarea de la comunidad internacional a través de los instrumentos adecuados.

Uno de ellos es la Organización para la Prohibición de Armas Químicas, creada en 1997, con domicilio en La Haya, para vigilar la aplicación de las disposiciones contenidas en la Convención sobre la Prohibición del Desarrollo, la Producción, el Almacenamiento y el Empleo de Armas Químicas y sobre su destrucción de 1993.

Pfirter señaló que las metas de la OPAQ no son interferir en el desarrollo industrial ni mucho menos, sino colaborar para que las tecnologías de punta, capaces de permitir la fabricación de este tipo de armas, no lleguen a manos indebidas.

Suiza: punto de referencia

Más allá del simple hecho de firmar una Convención, hace falta demostrar voluntad política para poner en práctica los compromisos adquiridos.

"Requiere adoptar la legislación necesaria para evitar, o para criminalizar las conductas que sean contrarias a la Convención", sostuvo Rogelio Pfirter para sustentar que es importante "crear la maquinaria administrativa, lo que se llama la autoridad nacional, que es la que vela por el cumplimiento y la aplicación de la Convención en el territorio de cada país".

El director de la OPAQ no ocultó su preocupación, porque no todos los países (de los 151 Estados firmantes) lo han hecho.

"En este sentido, debo decir que Suiza es realmente un ejemplo, porque lo ha hecho, y lo ha hecho de una manera que nosotros pensamos sirve como punto de referencia para muchos otros países, que confiamos se inspirarán en el ejemplo suizo adoptando legislaciones similares y mecanismos nacionales parecidos"", concluyó el diplomático argentino.

Con todo, se declaró convencido de que, tanto los países industrializados como los en desarrollo, son conscientes del problema y están dispuestos a cooperar con los postulados de la Convención.

swissinfo, Juan Espinoza

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