Teleconferencia Porto Alegre-Davos: un diálogo de sordos
El diálogo televisivo, de más de una hora, en la noche del domingo, entre los dos foros contrapuestos, constituyó uno de los puntos más fuertes y esperados en el Foro Social Mundial (FSM) en Brasil. Pero fue un verdadero diálogo de sordos, donde cada uno pensaba tener la verdad.
Casi como una pelea de boxeo retórica, confrontó a dirigentes de movimientos populares que se encontraban en la ciudad brasileña y a representantes de la gran empresa y de Naciones Unidas en el Foro Económico Mundial (WEF) de Davos.
El debate, organizado de antemano por un grupo empresarial independiente que vendió su espacio a numerosas cadenas televisivas, fue considerado como un éxito en Porto Alegre.
El sólo hecho que esta teleconferencia se realizara es ya un hecho histórico e indica que el FSM es una realidad, afirmaron en la transmisión previa los dos analistas presentadores, ubicada en la capital del estado de Rio Grande do Sul.
Significa un paso gigante en la idea de legalizar en términos mediáticos este Foro, apenas nacido, confrontado con el WEF, que tiene más de treinta años de experiencia.
La «confrontación», sin embargo, fue ampliamente desigual en cuanto a mandatos y representatividad.
El empresario George Soros, del Instituto por una Sociedad Abierta, dos altos funcionarios de Naciones Unidas y un reconocido hombre de negocios sueco, aceptaron la idea de discutir desde Davos, pero sin representar oficialmente al WEF, que no designó a ningún portavoz oficial.
La decena de representantes de movimientos sociales y populares que tomaron la palabra en Porto Alegre, por el contrario, aportaron con su presencia un mandato expreso del nuevo FSM.
No sorprendió entonces la sintonía y complementariedad de argumentos de Bernard Cassen, director del mensual ‘Le Monde Diplomatique’, con Hebe de Bonafini, presidenta de las Madres de Plaza de Mayo, o Diane Matte, representante de la Marcha Mundial de las Mujeres.
Fueron argumentos complementados con un fuerte discurso tercermundista por Arminda Traore, ex ministra de Cultura de Malí, Walden Bello, del Foco Global Sur de Filipinas, y Rafael Alegría, responsable de Vía Campesina a escala internacional, entre otros.
En el centro de la discusión varios temas claves de difícil continuidad retórica y acusaciones, y contraacusaciones mediáticas de los dos bandos. Unos responsabilizando a los otros de la «globalización asesina».
Desde Davos, criticando a los interlocutores en Porto Alegre por la «falta de capacidad de escucha para un verdadero diálogo en la diferencia».
«Podrían trabajar en las horas que faltan de que concluya Davos para juntar firmas entre los presentes y distribuir una declaración-compromiso para que se acepte la condonación de la deuda del Sur», exigió Bernard Cassen, insistiendo en la necesidad de que, desde el WEF, se reflexione sobre la Tasa Tobin, para castigar a los capitales financieros internacionales especulativos.
«Las Naciones Unidas están comprometidas vehementemente en la lucha contra la pobreza en el mundo. Si el secretario general de la ONU está en Davos, es porque considera que es un buen escenario para influenciar la toma de decisiones en ese sentido», respondían los funcionarios onusianos.
«La globalización mata a nuestros pueblos de hambre y a nuestros niños los condena a la miseria», replicaba una Hebe Bonafini.
«De acuerdo con una Tasa Tobin para los capitales internacionales. Pero no se puede negar el valor del crecimiento económico como base para cualquier proyecto de desarrollo sostenible», enfatizaba por su parte Soros, exigiendo un debate «limpio».
El FSM se detuvo durante una hora y media. En la sala de prensa, en el anfiteatro con pantalla grande, en los corredores de la Pontificia Universidad Católica, que alberga desde el jueves pasado a más de 3.500 delegados de 135 países, la teleconferencia fue seguida con la misma pasión que una final del Mundial de Fútbol.
Conclusiones no hubo. Fue imposible convertir un dúplex técnico en un diálogo constructivo. Para los participantes del WEF, la sensación de un cierto malestar. Llegaron a debatir, con alguna apertura y buenas intenciones retóricas, pero se encontraron en una verdadera emboscada.
Para los actores de Porto Alegre, una victoria objetiva: entraron en la escena mediática internacional, espacio que buscaban con ansiedad los organizadores del FSM.
Américo Grundente, Porto Alegre
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