Sumergida por las aguas, Yakarta lucha por mantenerse
El aumento del nivel del mar y el hundimiento del terreno amenazan el futuro de la megalópolis indonesia, que se enfrenta a inundaciones cada vez más frecuentes. Ante estos retos, las autoridades buscan soluciones; la más radical, trasladar la capital. Reportaje.
Sentados bajo el porche de su modesta casa, Dede, Chandra y su hija Saphira nos ven acercarnos. Frente a su casa, a lo largo de la calle, se levanta una obra en la que trabajan varios obreros. ¿El objetivo? Elevar un metro el actual camino de tierra que atraviesa esta manzana de Muara Angke, un barrio marginal al norte de Yakarta.
«Ayer mismo el agua llegaba hasta aquí», indica Dede, señalando con la mano el umbral de la puerta de entrada. La familia no tuvo la misma suerte el año anterior. El agua entró en su casa, así como en la de su vecina, la abuela de Saphira. «Tuve que salir corriendo. Perdí todos mis aparatos electrónicos», lamenta la anciana.
Situadas a unos veinte metros de la costa, las casas de este barrio —que apenas superan, o incluso no alcanzan, el nivel del mar— se ven habitualmente amenazadas por las mareas. Y aunque las inundaciones no son nada nuevo para la gente del lugar, nos dicen que ahora se producen con mayor frecuencia, varias veces al año.
Al día siguiente de las últimas inundaciones, el agua no se ha retirado por completo y sigue inundando algunas callejuelas, mientras que otras están llenas de residuos arrastrados por el mar. En el aire cálido y húmedo de esta mañana de octubre flota un persistente olor a alcantarilla. Vemos también numerosos mosquitos, atraídos por el agua estancada.
Amenaza doble
Para quienes habitan en Muara Angke las perspectivas son alarmantes. La capital indonesia es la ciudad que se hunde más rápido del mundo; un fenómeno más acusado en el norte. En algunos lugares, el suelo se hunde más de veinte centímetros por la sobreexplotación de los acuíferos. A esto hay que añadir el aumento del nivel del mar y las precipitaciones cada vez más intensas como consecuencia del calentamiento global. Esta comunidad de unas 20.000 personas —donde hay muchos pescadores que dependen del fácil acceso a la bahía de Yakarta— está especialmente amenazada.
La familia de Dede afronta con resignación esta doble amenaza. No se plantean vivir en otro lugar. «¿Marcharnos? ¿Para ir adónde? Llevamos décadas viviendo aquí», responde el padre de familia.
Cien metros más allá, la pequeña calle desemboca en un puerto pesquero. En el muelle, hay cuatro hombres sentados alrededor de una mesa en un ambiente festivo. Los pescadores comparten platos de mejillones picantes, recogidos esa misma mañana, y los riegan con un alcohol local de color oscuro. Charlan, se ríen a carcajadas y cantan por turnos en el karaoke.
A su alrededor, las casas se elevan sobre pilotes a dos metros de altura, a salvo de las inundaciones. Estas nuevas viviendas las proporcionaron las autoridades el año pasado.
Abdusachman —un pescador de 57 años originario de Indramayu, una ciudad costera al este de Yakarta— ve con buenos ojos la construcción de estas viviendas, aunque, igual que otros compañeros, sigue durmiendo en su barco.
En Yakarta, la marea es solo uno de los factores que provocan inundaciones. Todas las personas con las que hemos hablado coinciden en que las lluvias ahora son más impredecibles e intensas que antes.
Los estudios muestran que los episodios de lluvias intensas de corta duración casi se han duplicado entre 1900 y 2010. En enero de 2020, se registraron precipitaciones récord de 377 milímetros en 24 horas.
El año pasado, el Gran Yakarta sufrió 33 inundaciones que anegaron más de 12.000 viviendas y afectaron a más de 50.000 personas, según el medio de comunicación indonesio KompasEnlace externo, que cita a la Agencia Nacional de Gestión de Desastres (BNPB). En 2020, las graves inundaciones provocaron la muerte de unas 70 personas.
Para hacer frente al caudal de las tormentas, las infraestructuras de drenaje ya no son suficientes y los ríos —demasiado estrechos y obstruidos por los residuos y las viviendas no reguladas— se desbordan con regularidad. A caballo entre el mar y una zona montañosa más al sur, la ciudad forma una especie de cuenca en la que se vierten las aguas pluviales de los alrededores.
«Giant Sea Wall»
Ante la subida del nivel del mar —entre 2 y 4 centímetros al año—, las autoridades han construido diques a lo largo de unos diez kilómetros. Estos diques, sin embargo, solo ofrecen una protección imperfecta contra el agua del mar, que sigue filtrándose, y hay quien teme que el muro acabe cediendo.
Según las autoridades, aún deben construirse más diques, hasta alcanzar un total de 28 kilómetros en 2030. Así, podría ver la luz el proyecto de «Giant Sea Wall»: un enorme dique de varias decenas de kilómetros en el mar que rodearía un nuevo distrito situado en una isla artificial.
«Últimamente la situación de los pescadores ha mejorado, pero el riesgo de inundaciones sigue siendo elevado», constata Dwi Sawong, mientras observa los charcos que bordean las casitas cercanas al puerto. Este responsable de campaña para la ordenación del territorio y las infraestructuras de WALHI, una ONG ecologista indonesia, conoce bien Muara Angke, cuya evolución ha seguido a lo largo del tiempo. «La gente que vive por aquí tendrá que mudarse dentro de unos años», advierte.
Al norte de Yakarta, donde el riesgo de inundaciones recurrentes es mayor, viven en torno a dos millones de personas. Allí también hay numerosas comunidades informales, entre ellas quienes habitan en este barrio. Será complicado reubicar a estas personas que viven al margen del sistema en terrenos que no les pertenecen, aunque para ello existen proyectos visibles en varios lugares, como los grandes edificios dormitorio.
Hundimiento del suelo
Si bien Dwi Sawong aplaude las medidas adoptadas para hacer frente a la subida del nivel del mar, subraya que «el hundimiento del suelo sigue siendo el principal problema». Un reto que las autoridades tienen dificultades para abordar y que, a diferencia de las mareas y las lluvias, es consecuencia directa de la actividad humana.
Para entender las razones de este fenómeno, hay que fijarse en la red de agua potable de la ciudad. O más bien, en la falta de red en muchos lugares.
En una pequeña cafetería del centro de la capital, no lejos del ayuntamiento, donde los imponentes edificios gubernamentales se codean con las ultramodernas torres de cristal de los bancos y las multinacionales, nos encontramos con Nirwono Joga. Este experto en urbanismo de la Universitas Trisakti de Yakarta y asesor del gobernador explica que «la mayoría de los hogares siguen dependiendo del agua subterránea que extraen con bombas».
Según las autoridades, la red de agua potable actualmente cubre el 75 % de la ciudad. Pero el especialista precisa que «eso afecta principalmente a las zonas industriales y comerciales del centro de Yakarta».
La extracción de agua vacía las capas freáticas bajo el suelo de la aglomeración urbana, que se hunde bajo el peso de los rascacielos, cada vez más numerosos en esta megápolis en pleno desarrollo económico. Y el hormigón de Yakarta —donde los espacios verdes son muy muy escasos— impide que las reservas de agua subterránea se regeneren.
Alrededor del 40 % del territorio de la ciudad, principalmente en el norte, se encuentra por debajo del nivel del mar, y los expertos estiman que, si nada cambia, de aquí a 2050 toda la capital podría hundirse.
Red de agua, en construcción
Yakarta y sus 12 millones de habitantes, más de 30 millones en toda la gran área metropolitana, sin embargo, podrían, en teoría, prescindir de la extracción de agua subterránea, según Nirwono Joga.
La aglomeración urbana tiene acceso al mar y está atravesada por trece corrientes de agua —hoy muy contaminadas— que serpentean entre carreteras, vías férreas, edificios y casas. La ciudad también está conectada a dos presas, la de Karian, al suroeste, inaugurada el año pasado, y la de Jatiluhur, al sureste. Pero todavía faltan gran parte de las infraestructuras necesarias: canalizaciones, alcantarillado, plantas de tratamiento y depósitos.
Las autoridades esperan conectar toda la ciudad a la red de agua potable antes de que termine la década. Un objetivo ambicioso que pretende ser una respuesta al hundimiento del suelo.
«Nuestro objetivo es alcanzar una cobertura del 100 % para 2029», confirma Arief Nasrudin, presidente director de PAM Jaya, la empresa pública responsable del suministro de agua potable. «Aún quedan por conectar alrededor de un millón de hogares», repartidos por toda la ciudad, aunque la mayor concentración está en el sur, «donde la calidad del agua subterránea sigue siendo muy buena», señala.
Las obras serán inevitables y, en una ciudad tan congestionada como Yakarta, las molestias serán importantes. «El principal desafío es que la población ya está instalada, mientras que la infraestructura todavía no está construida. Cuando hablamos de un 25 % de hogares sin conexión, eso supone 7.000 km adicionales de tuberías. Tengo que explicar a la población que lo sentimos mucho, pero que las tuberías tendrán que pasar por debajo de las carreteras», indica por videoconferencia desde París, en un viaje de negocios que también le llevará a Zúrich.
¿Barrios del norte olvidados?
Las autoridades aseguran que los barrios desfavorecidos del norte de la capital no serán olvidados, pero las voces críticas lo dudan.
De vuelta en Muara Angke, bordeamos el muelle donde los tradicionales barcos pesqueros de madera están amarrados. A lo lejos, desafiando todas las predicciones sobre el nivel del agua, se alzan frente al mar altas torres de viviendas rodeadas por un imponente centro comercial.
«Pase lo que pase, estas personas estarán a salvo de las inundaciones», dice Dwi Sawong, de WALHI. El contraste entre las casitas con techos de chapa y este complejo ultramoderno es sorprendente. Muestra las desigualdades que hay en el norte de Yakarta, donde algunas de las personas más ricas y más pobres de la capital conviven.
Para Dede, la perspectiva de conectarse a la red de agua es tan lejana como incierta. Mientras tanto, la pequeña familia sigue comprando ocho bidones de agua al día. Pagan por ello 20.000 rupias indonesias (1 franco suizo). Un gasto mensual nada desdeñable, teniendo en cuenta que el salario medio del país ronda los 3 millones de rupias.
«El objetivo de una cobertura del 100 % no se fijó inicialmente para 2029. Se remonta a varias décadas atrás. Los avances han sido muy lentos», afirma Tiza Mafira, directora de Climate Policy Initiative, una organización sin ánimo de lucro que analiza las políticas medioambientales. «Es muy probable que ninguna forma de regulación llegue a los asentamientos informales, ya sea en materia de fiscalidad, licencias comerciales, permisos de construcción, agua, gas o electricidad. Son poblaciones vulnerables y seguirán siéndolo ante cualquier cosa».
Para esta antigua activista comprometida con la lucha contra la contaminación plástica, los esfuerzos de las autoridades no son suficientes. «Vivo en un barrio que no está conectado a la red de agua y no he recibido ninguna indicación de que mi situación pueda cambiar. Así que sigo acarreando agua», dice Tiza Mafira, que vive en el sur de la capital.
Existe —en teoría— una normativa para limitar el uso de pozos, pero no podrá aplicarse mientras no se construya la red.
Nueva capital
Ante los problemas tan difíciles —inundaciones, agua potable, contaminación, tráfico— que afectan a Yakarta, el expresidente indonesio Joko Widodo en 2019 propuso una solución radical: trasladar la capital más de mil kilómetros al noreste, a la isla de Borneo y construir en medio del bosque una nueva ciudad futurista, bautizada como Nusantara.
Mientras los primeros empleados de la Administración comienzan a instalarse en el lugar y la obra acumula numerosos retrasos, el nuevo presidente Prabowo Subianto —en el poder desde octubre de 2024— ya no parece querer priorizar el proyecto estrella de su predecesor. Ahora se prefiere el término «capital política».
Para Dede, Chandra y Saphira —igual que para mucha gente que vive en Yakarta— Nusantara no es más que un concepto abstracto. Muy lejos de las prioridades del día a día: vivir en una vivienda segura, obtener unos ingresos dignos, tener acceso al agua potable o desplazarse por la ciudad sin perder horas.
Este reportaje se ha realizado en el marco de En Quête d’AilleursEnlace externo, un programa de intercambio entre periodistas de Suiza y países de África, Europa del Este, Asia o América Latina. El tema de 2025 fue «el agua en todos sus estados».
Texto original revisado por Virginie Mangin. Adaptado del francés por Lupe Calvo. Versión en español revisada por Carla Wolff.
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