La guerra en Irán dispara el interés por los centros de datos instalados en antiguos búnkeres
Irán ha atacado tres centros de datos, situados en Emiratos Árabes Unidos y Baréin, algo inédito en un conflicto armado. En plena era digital, estas infraestructuras se han convertido en objetivos prioritarios. Los antiguos búnkeres suizos despiertan ahora el interés de quienes buscan proteger sus datos o los de sus clientes.
Durante la Guerra Fría, Suiza llegó a contar con unos 8.000 búnkeres. Los militares siempre mantuvieron en secreto el número exacto de fortalezas excavadas bajo la roca.
Tras la caída del Muro de Berlín, el Ejército abandonó muchas de esas instalaciones de gruesos muros de hormigón. Según una estimación, alrededor de un millar fueron vendidas a actores privados, en algunos casos por precios irrisorios. Sus nuevos propietarios las transformaron en queserías subterráneas, lugares para cultivar setas, museos… o centros de datos.
En el cantón de Lucerna, los servicios industriales reconvirtieron un refugio de protección civil en una caja fuerte digital. La empresa pública Energie Wasser Luzern invirtió 30 millones en la transformación de este complejo subterráneo de 1968, diseñado para albergar a 1.200 personas y capaz de resistir un ataque nuclear.
Una demanda al alza
El responsable del centro (Energie Wasser Luzern), Marco Reinhard, asegura que el interés ha aumentado desde el inicio de la guerra en Oriente Medio.
«Hemos observado que, en las últimas semanas, ha habido más solicitudes de nuevos clientes que de costumbre, incluso procedentes del extranjero. Probablemente esté relacionado con la actual situación internacional. La sensibilidad hacia la seguridad física de los datos está aumentando», explica en el programa Mise au point, de la televisión pública suiza en francés RTSEnlace externo.
«Sin energía, no funciona»
Algunos especialistas matizan la utilidad de reconvertir refugios subterráneos para el almacenamiento seguro de datos. «Un centro de datos depende de la logística exterior: sin energía, sin red y sin refrigeración, no funciona. A nuestro juicio, la única ventaja real que ofrece un búnker es la posibilidad de refrigerar la infraestructura sin recurrir al aire acondicionado», analiza Thomas Jacobsen, portavoz del proveedor de alojamiento de datos Infomaniak.
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Para la empresa ginebrina, que aspira a convertirse en un referente europeo en soberanía digital, la seguridad va mucho más allá del grosor de los muros: «La verdadera seguridad frente a bombas o deslizamientos de tierra consiste en multiplicar los emplazamientos, los operadores y los países donde se almacenan los datos», sostiene Thomas Jacobsen.
Cajas fuertes bajo la montaña
Aun así, la reputación de los búnkeres suizos sigue siendo un poderoso reclamo. Son muchas las empresas interesadas en desarrollar cajas fuertes bajo las montañas del país.
Según una estimación de Xavier Brun, experto en la compraventa de este tipo de instalaciones, alrededor de 40 búnkeres privados podrían destinarse a usos comerciales de gran valor añadido, desde el almacenamiento de datos digitales hasta la custodia de bienes valiosos, como obras de arte u oro.
Por su parte, el Ejército suizo dejó de poner a la venta sus antiguas fortificaciones en 2023 y ahora incluso estudia recuperar algunas para su uso. La amenaza que representan los drones, cuya relevancia ha quedado patente en la guerra de Ucrania, ha vuelto a situar los búnkeres en el centro de la reflexión estratégica.
«Los soldados están sometidos a una vigilancia constante y a bombardeos permanentes. Para protegerse, se dispersan o se agrupan en estructuras protegidas», explica Hans-Jakob Reichen, responsable de Desarrollo del Ejército. Actualmente se está llevando a cabo un análisis para determinar si conviene recomprar antiguos refugios militares o construir otros nuevos.
Para Hans-Jakob Reichen, el Ejército no se apresuró a desmantelar parte de su red de búnkeres. «Siempre es más fácil juzgar las decisiones cuando se tiene el lujo de mirar hacia atrás. Las decisiones tomadas [tras la Guerra Fría] fueron razonables. […] El Ejército reevalúa constantemente la situación y establece nuevas prioridades. Eso es precisamente lo que estamos haciendo ahora», afirma el militar.
Adaptado del francés por Carla Wolff.
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