Un laboratorio de Suiza, el primero en identificar el hantavirus ¿Cómo lo hizo?
El Hospital Universitario de Ginebra fue el primero en identificar la cepa de hantavirus, responsable de un brote en un crucero en mayo de 2026. A continuación explicamos cómo lo hizo.
La semana pasada, también los titulares suizos se llenaron de noticias sobre el hantavirus, después de que un hombre infectado que había estado en un crucero transatlántico fuera hospitalizado en Zúrich. Se han registrado un total de 11 casos, incluidos tres que provocaron la muerte entre las personas que viajaban en el buque MV Hondius. Se alertó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 2 de mayo sobre este caso que ha dado la vuelta al mundo.
Los hantavirus son un grupo de más de 20 especies virales transmitidas por roedores que pueden causar diversas enfermedades. El Instituto Nacional de Enfermedades Transmisibles (NICD) de Sudáfrica confirmó un caso el 2 de mayo. La variante exacta implicada fue identificada como la cepa Andes por un laboratorio del Hospital Universitario de Ginebra (HUG, según sus siglas en francés) el 5 de mayo.
El descubrimiento del HUG permitió a la Organización Mundial de la Salud (OMS), con sede justamente, en Ginebra, Suiza, comprender mejor los mecanismos del virus y tomar las medidas adecuadas para hacer frente al brote.
«Identificar la especie viral es importante para comprender la transmisión, la gravedad y el origen», afirmó Francisco Javier Pérez Rodríguez, biólogo responsable de virus emergentes en el laboratorio.
La cepa Andes es el único hantavirus del que se sabe que se transmite entre humanos, pero requiere un contacto cercano para hacerlo. Puede causar el síndrome pulmonar por hantavirus, una enfermedad grave y potencialmente mortal que afecta a los pulmones.
Swissinfo analiza cómo el resultado virológico de Ginebra determinó la respuesta a un brote mundial.
Del paciente al laboratorio
El 4 de mayo, el ciudadano suizo infectado ingresó en el Hospital Universitario de Zúrich, donde se le tomaron muestras de sangre, orina y vías respiratorias utilizando hisopos similares a los que se usan para las pruebas de COVID-19. A continuación, las muestras se empaquetaron para su transporte con tres capas de protección, como es habitual con los virus.
Ese mismo día, las muestras se entregaron en coche al Centro Nacional de Referencia para Infecciones Virales Emergentes (CRIVE) en Ginebra, uno de los múltiples laboratorios de virología de los HUG.
El centro se creó en 2005 y cuenta con el mandato y la financiación parcial de la Oficina Federal de Salud Pública (OFSP) para diagnosticar virus emergentes como el dengue, el SARS o el zika.
El CRIVE es uno de los cuatro laboratorios suizos certificados con el máximo nivel de contención biológica. Cuenta con puertas resistentes a la presión y paredes impermeables, y sus suministros de agua y aire están separados del resto del complejo hospitalario y se descontaminan varias veces antes y después de su uso.
«Existen varios niveles de seguridad para trabajar con microorganismos», explicó Pérez Rodríguez. «La seguridad máxima es el nivel 4, y nosotros utilizamos el nivel 3, porque sabemos que los hantavirus no son tan peligrosos como el virus del Ébola, que requeriría el nivel más alto de seguridad». La certificación del laboratorio se limita a su mandato de diagnóstico y no puede almacenar ni cultivar cultivos celulares de virus de nivel 4.
Las muestras refrigeradas que contenían el virus se abrieron en cabinas de bioseguridad, espacios de trabajo construidos bajo campanas que protegen de las partículas de aire contaminadas.
De las pruebas de PCR a la secuenciación
«Existen diferentes técnicas para diagnosticar un virus, y nosotros utilizamos una reacción en cadena de la polimerasa (PCR), igual que para la COVID», explicó Pérez Rodríguez.
Con esta técnica, los expertos extraen el genoma del virus de la muestra y lo mezclan con reactivos, una serie de compuestos que provocan reacciones químicas. Si el virus está presente, secuencias cortas de ADN del virus, conocidas como cebadores y sondas, se unen al genoma viral, y la secuencia objetivo se amplifica y se señala mediante moléculas fluorescentes.
Para evitar errores de diagnóstico, los cebadores y las sondas deben diseñarse cuidadosamente y dirigirse a partes que sean exclusivas de cada virus.
Los reactivos para los virus emergentes con mayor probabilidad de ser traídos a Suiza desde otros países se almacenan en los congeladores del CRIVE, de modo que puedan utilizarse para el diagnóstico cuando lleguen las muestras. El laboratorio del HUG almacena reactivos para siete de las más de 20 especies de hantavirus.
El equipo analizó tanto la cepa Andes, endémica de Sudamérica, de donde partió el crucero, como la especie Sin Nombre, para descartar un origen norteamericano.
Se tardó dos días en secuenciar el virus en colaboración con el hospital de Zúrich y los resultados se publicaron en una base de datos pública, accesible para todos. El genoma descodificado proporciona un mapa genético completo y puede utilizarse para comprender mejor el virus.
De las manos expertas al mundo
En Suiza, las y los médicos y los laboratorios tienen la obligación por ley a comunicar la presencia de más de 50 patologías, entre ellas el VIH, el sarampión y la salmonela. Entre la prueba PCR positiva y la secuenciación, el CRIVE informó a la OFSP, a las autoridades médicas cantonales y a la OMS sobre su diagnóstico de la cepa Andes.
«La comunicación con la OMS se estableció fácilmente, ya que el Centro de Ginebra para Enfermedades Virales Emergentes, que colabora estrechamente con el CRIVE, es un Centro colaborador de la OMS», afirmó Pérez Rodríguez. Desde 2023, el centro HUG colabora con la organización internacional en la realización de pruebas y el intercambio de conocimientos especializados.
Sudáfrica también confirmó que el brote fue causado por la cepa Andes tras secuenciar parcialmente el virus. La OMS confirmó nueve de los 11 casos y señaló que los otros dos eran casos probables.
¿Y ahora qué?
El CRIVE cuenta con miles de muestras de virus en sus congeladores y decide caso por caso cuáles descartar o conservar, en función del interés científico. Aunque puede conservar material genético inactivado, el mandato del CRIVE le impide almacenar los virus más peligrosos, como el Ébola. En Suiza, estos virus sólo pueden almacenarse en un laboratorio de Spiez (cantón de Berna) especializado en riesgos químicos, biológicos, radiológicos y nucleares.
«No tenemos capacidad para conservar todas nuestras muestras de COVID, pero las muestras emergentes o novedosas, como esta del hantavirus, son muy valiosas ahora. Podría permitirnos controlar nuestro material de diagnóstico en el futuro y, actualmente, no tenemos una fecha para desecharlo», afirmó Pérez Rodríguez.
Editado por Virginie Mangin y adaptado al español por Patricia Islas
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